El triunfo de Jeanette Jara, candidata a presidenta de la República, en las elecciones de Chile, me convoca a ocuparme brevemente del tema, por dos razones: El primero porque una vez más, el pueblo ha preferido a una mujer, como viene sucediendo en los países en la región latinoamericana. No voy a hacer una valoración del perfil ni el discurso de Jara, porque me ocuparé de otros aspectos. Lo primero es recordar que en las últimas elecciones presidenciales en la región, las candidaturas femeninas han ganado la preferencia, como la de México y Honduras, quienes nos están demostrando un desempeño con interés genuino en la gente, y hasta ahora, con honestidad.
Con estos avances se va cumpliendo poco a poco con la meta establecida en el Plan de Acción de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, organizada por el Sistema de Naciones Unidas, en la ciudad de Bijjing, en el año 1995. Entre las medidas adoptadas, se acordó llevar adelante las acciones relativas al acceso y ejercicio de la mujer en la función pública.
Los derechos de las mujeres se inscriben en el marco de los derechos humanos, y se puede observar que en algunos momentos se habla de ciertos retrocesos especialmente en nuestro país, donde hoy se pretende borrar la palabra "género", y en el nivel internacional se presentan contradicciones en la actuación de mujeres con cargos de alto nivel en las organizaciones multilaterales y regionales, por ejemplo, mientras la representante de la Unión Europea, la Sra Van der Layen se muestra esquiva para exigir el cumplimiento de los derechos humanos, como lo hemos visto en el caso de los conflictos en Gaza, la relatora de Naciones Unidas para los delitos de genocidio, Sra Albanese, despliega un tremendo compromiso con el derecho humanitario. Sin embargo, si se consideran otros aspectos, no se puede dudar de que se sigue avanzando, aunque aún existen reivindicaciones pendientes.
No se ha podido aun llegar en Paraguay, a la etapa de la conquista de una asignatura pendiente, vigente en unos pocos países, cual es la adopción de una ley de paridad. Aunque en algún tiempo, yo mantuve mis dudas sobre este tema, en esta semana asistí a una presentación de la experta en cuestiones de género, la compañera Line Bareiro, en el Centro Cultural de España, y con sus argumentos, estoy comenzando a valorar que la paridad de hombres y mujeres en cargos electivos y en toda función pública, no solo es un acto de justicia, sino de necesidad para la democracia.
El segundo aspecto del triunfo de Jeanette Jara, es el hecho de que los diversos sectores que apoyaron la candidatura de la representante del Partido Comunista hayan actuado con sentido de apertura y sobre todo amplitud política. Lo digo, porque conozco Chile, estuve allí varias veces, después de la apertura democrática, y me ha llamado la atención, la permanencia de un estigma con referencia a ser comunista en Chile. Un estigma que creo yo, aun esta omnipresente en nuestro país.
Desde la mirada del pensamiento feminista, y desde la estimación de los valores democráticos, aunque esta elección tenga el alcance de una primera vuelta, que tendrá que ser competida en la segunda, representa una gran victoria, ya que sus competidores son de grupos económicos que ejercen un gran poder sobre las cuidadosas y conservadoras clases sociales de Chile, que desde el asesinato de Allende, ejercen una fuerte presión anticomunista, sobre el imaginario social.
Esta victoria del Partido Comunista y sus aliados en Chile, sucede justamente al cumplirse cincuenta años de la firma del acuerdo de la Operación Condor en Santiago de Chile, un 20 de noviembre, hace exactamente cincuenta años, que inicio la persecución conjunta de los países del sur, contra los supuestos conspiradores de la región. Esta operación conjunta con estados de sitio, detenciones incomunicadas, torturas, miles de desaparecidos, y la privación de libertad de mujeres, cuyos hijos fueron arrebatados por las fuerzas militares y policiales de las dictaduras.
Por tanto, existen varias razones para celebrar la victoria, con la bandera de Jeanette Jara, ya que Chile nos muestra un ejemplo de democracia, con buenas prácticas de los valores democráticos, tanto desde el análisis de las libertades como desde el análisis de género. Y con ese espíritu, esperemos la segunda vuelta, gane quien gane, en elecciones libres, limpias y transparentes, que es la aspiración de todo demócrata.