En estos días participamos en la celebración por los 214 años de la independencia, recordando la gesta que tuvo lugar durante la noche y madrugada del 14 y 15 de mayo de 1811. Independencia es una palabra hermosa, un vocablo de uso histórico que simboliza soberanía, unidad e identidad. Hoy, en el siglo XXI, constatamos que el reparto del poder geopolítico pone cada vez más en riesgo la anhelada independencia, ya que las grandes potencias controlan las estructuras económicas y el negocio de los armamentos.
Estas empresas nacionales/ transnacionales son caracterizadas por los estudiosos como extractoras de los recursos naturales e impulsoras de conflictos internos y externos, manteniendo entre sí, como dueños del mundo, una lucha por el poder hegemónico, dentro de una correlación de fuerzas en el gobierno del planeta.
Esta realidad, no significa que no se pueda mantener una relación interdependiente entre las naciones en el marco del ejercicio de la soberanía y el compromiso con los derechos humanos. El problema es que el Paraguay está tan lejos de este mundo, que mientras los ciudadanos de otros países se ocupan de los problemas globales como el genocidio en Gaza, y tienen conciencia de esta globalidad atractiva, pero peligrosa, nosotros nos ocupamos del plato que comerá el vecino, al punto que ciertos programas de la TV le dedican un tiempo especial a las fotos de lo que comen lo que ellos llaman "los que están al otro lado".
El gran desafío de los gobernantes en este tiempo es sostener relaciones interdependientes entre las naciones, en el marco de la soberanía. ¿Está aplazado en eso Paraguay? Sí. Tengo en mis manos un pequeño documento, sencillo, austero, sin adornos llamativos, que lleva el tÍtulo: Premio Nacional de Periodismo Ambiental 1, cuyo contenido me condujo, con simpleza, sin cálculos sofisticados, a una reflexión en estos días festivos. Leyendo este material, surgieron en mi mente cuestiones esenciales como referencias que me parecen dignas de rescatar respecto al los diversos matices de la dependencia y su complejidad en este tiempo.
El referido libro, pequeño por afuera y grande por dentro, me indica algunas situaciones económicas que señalan nuestra dependencia y la mutilación de nuestra soberanía respecto al manejo económico de nuestras riquezas. Gobiernos sucesivos no han protegido nuestros recursos naturales, y han permitido su explotación a empresas extranjeras con negociaciones leoninas al grado que podríamos hablar de verdaderos saqueos, dejándonos las huellas de extracciones de madera de extensos montes, o nuestros bosques en llamas para campos de ganado y cultivo extensivo de soja, con consecuencias impredecibles, más la batalla por el agua que la población padece en grado extremo, especialmente la del Chaco, a causa de esta explotación irracional.
Los extractivistas han destruido casi totalmente extensos bosques de palo santo, la planta sagrada del Pueblo Enxet, con fines de comercialización y lucros indebidos. El Paraguay incumple, en ese sentido, su compromiso con el Pacto Internacional de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales. En realidad, los daños ambientales y económicos de la deforestación, son casi inmensurables, y no culpemos al cambio climático, ya que nosotros contribuimos y lo agravamos. ¿Y quiénes explotan nuestros bosques? Extranjeros inescrupulosos y paraguayos inconscientes. ¿Dónde van las ganancias? Al exterior. ¿Dónde va la carne? ¿Dónde va la soja?
La extracción de nuestros minerales no corre mejor suerte. Una lectura sobre la explotación del oro en Paso Yobái, nos deja perplejos al observar que "las llaves del oro lo abren todo. En Paso Yobái las malas prácticas mineras, el uso del cianuro y la ilegalidad asociada al negocio del oro afectan a los cauces hídricos, aire, fauna y a la población local" Y ¿quién tiene la concesión de explotación del oro? Dicen que una transnacional, con un lucro millonario, dejando regalías ínfimas para nuestro país. ¿Y quiénes más roban el oro? Todos juntos, los de siempre.
Esta dependencia económica asimétrica obstaculiza la independencia nacional y empobrece a la gente. Vendamos nuestro oro, nuestra energía, nuestro litio, nuestro uranio, pero con negociaciones transparentes, y a precio beneficioso para Paraguay, no por treinta monedas de los judas de este tiempo.