Nuevamente, la aplanadora colorada, bajo el control casi absoluto del movimiento Honor Colorado, ha cercenado las articulaciones democráticas ganadas en gobiernos anteriores, fruto de constantes debates entre miembros de distintos partidos políticos. Me refiero a la Ley de Transparencia de la Información Pública. Ambas cámaras presentaron sendos proyectos de modernización o depuración de la actual ley en cuestión. Según algunos políticos de peso en el Congreso, como la senadora Celeste Amarilla, ambos proyectos no son realmente buenos, y por ese motivo ella se decantó por el mal menor.
Vale esto solamente como anécdota, porque, llamémosles así, a estos políticos "traicioneros" no les importa absolutamente nada, con tal de fortalecer y ampliar su campo de acción y control, y, sobre todo, dejar al libre albedrío el carnaval de robo a plena luz del día de los recursos del Estado.
Lo esencial de esta nueva arremetida contra las libertades de los ciudadanos —y, por sobre todo, la negación del derecho que tienen los pagadores de impuestos a saber a dónde va a parar el producto de su sacrificio— es que esta Ley de Transparencia se incubó y sancionó durante el gobierno de Horacio Cartes, quien en esa época, quizás, tenía por lo menos un aire un poco más democrático. Pero ahora la historia es totalmente distinta. Aunque ya no está en el poder, por extensión de su tutelado y pupilo, Santiago Peña, se infiere que sigue controlando los hilos del poder. No lo digo yo, sino varios analistas de renombre del país.
Lo grave de todo esto, bajo mi mirada, es que el Partido Colorado, en vez de rectificarse y pedir perdón al pueblo por tantos años de atraso, miseria, ignorancia, falta de seguridad, transporte caótico, salud precaria y educación sin rumbo, se ratifica y encarna un rol dictatorial contra el sufrido pueblo.
El Partido Colorado debería, por lo menos en este gobierno, enviar mensajes democráticos al pueblo, con el fin de mantener congruencia con los estatutos y fines de esa agrupación política. Pero la voracidad de los actores referentes de este gobierno, desconectados de la realidad del país (no paran de viajar), no tiene freno. No pasa un solo día sin que los medios de prensa y las redes sociales destapen supuestos actos de corrupción.
Ya van más de dos años y tantitos meses de este gobierno, que no deja de intentar acallar al pueblo y solo se enfoca en perjudicar al ciudadano.
¿Será que solo yo lo veo así, o habrá algún lector o seguidor de esta columna que piense igual que este servidor? Insisto: el Partido Colorado, en vez de formar parte del desarrollo democrático del país, se pone en contra de toda lógica posible para que este pueblo emerja del lodo. Paraguay no termina en la Calle Última, como dicen muchos.
Por estas graves imprecisiones de los congresistas apañadores y borregos del movimiento Honor Colorado, el Partido Colorado no se aparta de su fama de ser un grupo que solo pretende enriquecerse a costa del erario público.
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