HC y Napout: atisbando en la idiosincracia paraguaya

Tomás Cortez
por Tomás Cortez 14 Julio de 2023
14 Julio de 2023
HC y Napout: atisbando en la idiosincracia paraguaya
HC y Napout: atisbando en la idiosincracia paraguaya

UNO

Una heterogénea fila inunda la vereda, adyacente al glorioso local. Gente vestida con sus mejores ropas. Predomina el carmesí. En mayor porcentaje son funcionarios; es lógico, hay que pagar el tributo. Un sesentón, camisa blanca y la declaración servil.

Yo pedí permiso para venir a saludar a nuestro Presidente, nuestro Líder. Luego me voy a trabajar sique.

Confluyen, también, otros adherentes de distintos puntos del país. Un solo corazón, un solo lema.

Te amamos, Cartes.

A pocos metros de la puerta principal, las arrugas no aminoran la belleza fémina; incluso, rebasando el ecuador de la vida. Vestida para la ocasión, los ojos vidriosos y sus posteriores palabras, confirman la adhesión inalterable.

Venimos a saludarle al Sr. Cartes, desearle muchos éxitos en su nueva labor. Por último, que tenga un bendecido cumpleaños.

Incluso, varios llevaban regalos.

Uno de los líderes de la ANR resaltó el agradecimiento del pueblo hacia su Líder.

Pocos años atrás, se sucedía otro acontecimiento análogo: celebración del onomástico de Stroessner.

El 3 de noviembre. Esto es, la fecha feliz.

Ese día, el país entero estaba de fiesta. Festivales en su honor, saludos de la gran parte de los líderes de Gobierno, medios de comunicación y miembros de la oligarquía. Los grupos folclóricos y cómicos, fieles a su bolsillo, animaban los festejos.

La historia nos muestra festejos afines, con otros dictadores o autócratas. Mario Vargas Llosa lo describe perfectamente en su novela La Fiesta del Chivo.

Los historiadores y politólogos coinciden en lo mismo.

No es gratitud, es servilismo.

En conclusión, la idolatría es intrínseca para saciar el ego del poder omnímodo.

Pero el presidente es Santi Peña y no Cartes.

¿O es que, solamente, es un títere del segundo?

DOS

Considero que el perdón humanitario a Juan Angel Napout, por su dolencia ocular es acertado. Ya cumplió gran parte de su pena carcelaria. Eso sí, lo que sucedió -los días previos y durante su arribo- fue poco más que grotesco. En especial, por el tratamiento de los medios de comunicación. Parecía que se estaba recibiendo a un héroe. Era un condenado por corrupción. Arribó con una bandera paraguaya en manos. A continuación, se abrazó con sus familiares, amigos, hurreros y demás.

Entre ellos, se encontraba el expresidente de un club minúsculo -el Silvio Pettirossi- quien años atrás fue partícipe de una escena bizarra.

Rostro abochornado y la remera amarilla. A pocos metros -en plena conferencia de prensa- un recordado y orondo dirigente olimpista, con remera verde, vociferaba, una y otra vez, mientras lo señalaba con el dedo del escarnio.

Empleadito de Juan Angel Napout.

Y agregaba la demoledora frase.

Sueldo mínimo. Por pelotas vos trabajás.

El susodicho trataba de contestar, pero no había caso. La voz portentosa del presidente lo opacaba, avergonzándolo delante de todos. Entonces, viendo que no iba a poder, remató -don Núñez- ahondando en la miserabilidad.

Con orgullo.

En estos días, muchos han recordado esta frase.

Darío Núñez, ahora con el cabello níveo, abrazó y se conmovió con el hijo pródigo. Declaró, fiel a sus contradicciones:

Yo creo en su inocencia y más todavía en la parte económica. Fue presidente en el peor momento de la Conmebol. Porque estaban todos los peces gordos de esa época y no quería chocar con ellos.

TRES

En general, Paraguay no ha tenido periodistas mordaces, implacables. Nunca tuvimos un Lanata, por ejemplo. Pocos periodistas se salvan de la quema.

Benjamín Fernández Bogado, Mabel Rehnfeldt, Luis Bareiro, Santula, Menchi, entre otros.

Si hablamos de la prensa deportiva el nivel es aún más bajo. Raya en la mediocridad. Uno de los pocos rescatables es Daniel Chung. Si bien nunca me gustó el estilo demagogo de Bruno Pont, reconozco que siempre criticó a los popes de la Conmebol.

Recuerdo el día que lo apresaron. Justo estábamos almorzando en familia, y mi hijo sintonizó el programa deportivo de la siesta. Se encontraban los periodistas más reconocidos. Sin embargo, ninguno dijo esta boca es mía; al contrario, añadieron, sin sonrojarse, la frase vil.

Nosotros no sabíamos nada, no somos periodistas de investigación. Somos periodistas deportivos.

El que suscribe había leído, desde hacía un tiempo, las columnas de Ezequiel Fernández Moores -La Nación de Argentina- acerca de la corrupción en la FIFA y la Conmebol. Conocía también el laburo desmesurado del británico Andrew Jennings.

¿Quiere decir que los periodistas del país no leen la prensa extranjera o, simplemente, miraban para otro lado?

En estos días, hubo algunos que manifestaban lo indecible, con respecto a Juan Ángel.

Ha sido condenado injustamente.

Otros, aludían a que el delito por el que se lo condenó, no está penado en el Paraguay.

Eso era peor, porque nos confirmaba como una República Bananera.

Uno de ellos, quien siempre ejerció un periodismo light, publicó en sus redes sociales.

Ya habrá tiempo para posteriores evaluaciones y explicaciones, que ni siquiera harán falta, porque los amigos de verdad no preguntamos nada, simplemente escuchamos e intentamos reconfortar, o quizá elegimos el respetuoso silencio... A mí me importa poco o nada la lectura minuciosa de esos fatigosos expedientes, porque me quedé para siempre con tu don de gente, con tu mano solidaria cada vez que un amigo necesitó de tu atención.

Que yo sepa un amigo verdadero te dice las cosas en la cara. No es hipócrita. Y, primero que nada.

¿Eres periodista o me equivoco?

Entonces sabrás que la máxima del hombre de prensa es combatir el Poder. Siempre.

Otros, en las redes sociales, se quejaban por las críticas acervas por la recepción al personaje de marras, ignorando una premisa: la justicia paraguaya es ciega y sordomuda. Los que poseen dinero, en su mayoría, y que han sido o están siendo juzgados por hechos de corrupción, nunca son condenados.

¿Por qué?, ¿qué hacen?

Pues chicanean el caso, dilatándolo, hasta lograr su extinción. Siempre ha sido así. Si no, compran jueces o fiscales. Ahí tenemos el caso de los González Daher, como una pequeña gran muestra.

¿Entonces de qué justicia hablan?

Por eso, es que el proletariado vio que -por primera vez- un miembro de la oligarquía paraguaya ha estado en prisión. Sin gollerías, ni trato especial. De ahí la satisfacción del hombre de a pie, por tal hecho.

Esa es una de las secuelas de un Estado fallido. Pero fueron los gringos quienes lo metieron preso.

En política, no existen las casualidades. Todo tiene un por qué.

Así como la designación del miembro del Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados, el denostado Hernán Rivas, quien en el colmo de la abyección declaró:

Yo le adoro a Cartes.

Y sí, Santi, vamos a estar mejor.

Últimas noticias