El nuevo sistema electoral que acabó con “las listas sábanas” comienza ya a traer las consecuencias esperadas, aunque aún no estemos en el 2023. Ser político en Paraguay no es algo que por lo general se considere por el público como algo positivo; sin embargo, hay quienes insisten en su categoría de ser “políticos” de profesión.
Ser político implica de alguna forma tener cierto liderazgo, y quizás de ahí el empeño de algunos de considerarse políticos. Después de 1989 muchos han ocupado cargos políticos sin tener realmente liderazgo, simplemente colgándose de la popularidad de algún caudillo o aprovechándose del sistema. Así, hoy muchos de los que fueron diputados o senadores gracias a las listas sábanas, hoy, sin tener la capacidad de convocar gente ni para llenar una plaza, no tienen la más mínima oportunidad de llegar a un cargo.
El nuevo sistema es mucho más democrático ya que elimina a los 'colgados'. Hoy ya no tienen espacio aquellos que solo por su abolengo creen ser políticos, por el simple hecho de que algún abuelo o padre haya sido político. El nuevo sistema exige liderazgo, al menos en los Partidos democráticos donde se practican elecciones.
En contrapartida, quienes critican al nuevo sistema sostienen que el mismo sólo beneficiará a los más ricos. Pero lo cierto es que en el sistema anterior los ricos eran los más beneficiados. De cualquier modo, el nuevo sistema beneficia más a los políticos de base e incluso a los populistas.
En las elecciones anteriores Payo Cubas ha mostrado cómo se puede llegar al Senado con una cámara y las redes sociales. Carlitos Rejala fue otro que marcó un liderazgo interesante que tuvo su fruto en las elecciones. Lo mismo se puede decir del diputado Brítez. Más allá del populismo del que se los pueda acusar, lo que les caracteriza a estos políticos es la conexión que tienen con sus electores.
Esa conexión con los electores debería ser algo sagrado en nuestra democracia, pero lamentablemente no lo es. Sacrílegamente han quitado del Senado a Payo Cubas y así se ha traicionado a sus legítimos electores. Contra el diputado Brítez también existe una campaña de desprestigio y muchos son los intentos por silenciarlo, tanto a él como a Rejala.
Gracias al viejo sistema muchos parlamentarios pudieron entrar. La Dip. Celeste Amarilla pudo entrar gracias a su dinero, pero también el Sen. Sergio Godoy pudo entrar gracias a Horacio Cartes. Ambos, en las próximas elecciones ya tienen sus puestos asegurados pues en el Parlamento han probado su liderazgo.
Celeste Amarilla, adoptando un populismo a la Kardashian ha llegado a convertirse en un referente importante dentro de la Cámara de Diputados, y hay que reconocer que, a pesar de ser populista y mediática, también tiene posturas interesantes que la diferencian de otro personaje populista como el destituido Carlitos Portillo.
En el caso de Godoy, aunque no es un político de base, ha demostrado ser un excelente legislador que ha puesto siempre al país en primer lugar, incluso plantándose en contra de su propia bancada en ciertos momentos cruciales para el país. Godoy hoy representa a millones de paraguayos que lo tienen como un campeador de las causas nacionales.
En Paraguay venimos muy mal acostumbrados a aceptar candidatos partidarios que no pasan por elecciones. Aceptamos alianzas multicéfalas que siempre han demostrado su ineficacia, solo por hacerles la contra al otro candidato. Tanto el filtro como la plataforma del político de hoy deben ser lar urnas partiendo del liderazgo de base. Las candidaturas no deberían ser designadas o asignadas desde arriba por quien sabe qué manos omnipotentes.
Todavía hay políticos que basan toda su plataforma en “mañana, mañana...”, pero el problema con el mañana es que siempre está un día más allá del hoy. Son solo promesas de personas que nunca han ayudado ni hecho nada en su ayer ni su hoy. Loco o no, Payo Cubas tiene una trayectoria de lucha por su gente que fue reconocida en las urnas, y su trabajo de hormiga no se basó en simples promesas. Lo mismo podemos decir de Rejala y de Britez, que se deben a su gente.
Si queremos realmente cambiar al país debemos reconocer y respetar el liderazgo de base. Siempre estarán aquellos que se cuelguen de la popularidad de algún candidato, pero esa ya no será la regla porque con el nuevo sistema será cada vez más y más difícil. Los liderazgos por lo general se forjan en los momentos difíciles. Si la ciudadanía deja de votar por odio al otro y empieza a respetar a los líderes que ya vienen trabajando por la gente comenzaremos a ver cambios porque comenzaremos a ver gente que trabaje hoy y no solo prometa hacerlo mañana, mañana...
Cuando un candidato prometa flores en las plazas para mañana, preguntémonos si alguna vez ha plantado flores y por qué hoy no está plantando flores. Quien sin un cargo ya ha arreglado una plaza, cuando tenga el cargo ya no solo sabrá cómo arreglar varias plazas.
El abolengo no hace al político, los estudios tampoco, las pontificaciones tampoco deberían. El político debe hacerse a partir de un liderazgo con una trayectoria y no simples promesas, porque todos somos buenos en el futuro.