El tema que se plantea es muy ambicioso y, desde luego amplio, sobre todo en un país donde todo tipo de historia profesional y de profunda investigación, no es amplia, y aún cabe preguntar si existe una “opus histórica magna” desde y sobre el Paraguay.
La historia y la ciencia colonial, de 1537-1811; es tenedora de muy pocos textos, más destinados a los escritores, a recoger los hechos, que a interpretarlos, que no fueran las gestas comuneras del siglo XVII y XVIII, momentos donde hay aspectos de controversias políticas, religiosas y económicas que exponer.
De la historia del periodo independiente, empecemos desde 1811, para ver los esbozos analíticos que se hicieron, y nos hallamos ante Rengger y Longchamp, los hermanos Robertson. La prieta obra de Mariano Antonio Molas lleva solo expuesta una crónica vivencial, tenida de preferencia en la cárcel, donde lo tuvo el Dictador Francia por largos años.
La historia del Dr. Francia, hecha por el Coronel húngaro Francisco Wisner de Morgenstein, fue hecha por encargo del gobierno, en 1863, tras casi 5 lustros del óbito del Supremo Dictador (1840).
El gobierno de los López (Carlos Antonio y Francisco Solano López, 1841/1870) tiene como escenario la aparición de la prensa oficial, de revistas, una fugaz academia literaria, becarios de estudio al extranjero, y el ingreso de libros del exterior, bajo fuerte control de censura. El coronel español Lirio, 1863, abrirá una librería, la primera de carácter comercial, bajo fuerte censura oficial. Algunas obras de teatro, y por supuesto, la presencia de Juan Andrés Gelly e Ildelfonso Bermejo, rompen la monotonía de un pensamiento muy conservador, sin dejar de ser ellos; eso con una muy buena dosis de lectura, más jurídica en el primero y literaria en el segundo.
En Cerro Corá, 1870, desaparece una forma positiva del ser nacional, pero también cultural. Los años 1869/70, son años apodícticos. En Asunción aparece la prensa independiente, librerías, libre introducción de libros y presencia caudalosa de extranjeros, creando una nueva forma de ser, y expresarse. A ello se suma la Constitución Nacional de 1870, la primera como tal, en un sentido estricto en el país, sin duda alguna muy liberal y con visión de libre expresión para el ciudadano.
Tardíamente se renuevan los beneficios de la Revolución Francesa (1789-1799), donde habían creadas las bases funcionales del Estado moderno. El liberalismo comptiano emerge con fuerza, así como algunos esbozos de las ideas socialistas de Marx, Hegel, Proudhon, Bakunin, comienzan a presentarse en modo de libros. El anarquismo, sobre todo el catalán, se hace sentir, temeroso aun, en los primeros atisbos gremiales y sindicales (1880-1920).
Paralelamente, los constructores del “nacionalismo lopista” y “liberalistas o antilopistas”, son la métrica, que desde 1900 tiene la prensa, y los debates, inclusive en el Colegio Nacional (1878), donde los alumnos son casi todos hijos de la tierra profunda, y muchos testigos casi presenciales o vivenciales del drama bélico.
El Derecho Internacional Público, parte desde el Congreso de Viena (1815), se hace presente en el Paraguay, en el Laudo del Pte. Hayes (1878). El estudio de la historia nacional, en sus documentos pretéritos, para la defensa de los derechos, en el naciente enfrentamiento de títulos y derechos entre Paraguay con Bolivia, sobre todo a partir de 1879, tratado Decoud-Quijarro, hasta 1932, el inicio bélico de la confrontación.
Ese drama territorial obliga a casi todos los nativos a lanzarse al Derecho y la Historia como medio de servicio público patriótico y volcar su saber y sus libros a ese drama de oposición. La presencia de Pedro Gori en Asunción (1901) y de Rafael Barrett (1904-1910), señalan ya un público y lectores hábiles en la denuncia social, mucho más cuando la propia Iglesia Católica, en alguna forma ya lo hacía con León XIII, 1890, con la “Rerum Novarum”.
No era ajeno a ese despertar diferente el interés hacia lo autóctono, las tribus primigenias, como lo son la obra artística y étnica de Guido Boggiani y Emilio Hassler. El país comenzaba a estudiar a los suyos más pretéritos. No ajeno a ello, pero con ideas diferentes, son como Rodolfo Ritter, Viriato Díaz Pérez, el botanismo que desde comienzos del siglo XX se denota en Teodoro Rojas y en otros etnógrafos y botanistas.
Desde 1900 comienza a existir una opinión social, culta, luego socialista, con mayor lectura y formación. Así, Oscar Creydt, Obdulio Barthe, Alfonso Guerra, Anselmo Jover Peralta comienzan a perfilarse, sobre todo a partir del “Ideario Nacional” como librepensadores y socialistas (1928).
La toma de Encarnación el 23 de octubre de 1931, aunque de preferencia estudiantil, tiene su cuota de mensaje social. Al desgajarse Jover Peralta, Segundo Sánchez, del radicalismo liberal, lo hacen por asunciones ideológicas diferentes. Una caudalosa prensa juvenil, y libros que llegan en mostradores, como los de Puigbonet (librero catalán), comienzan a mostrar una intelectualidad que ya no temía ser identificada con ese pensamiento.
La guerra del Chaco, 1932 -35, significó el punto más alto del Partido Liberal, pero por la movilización masiva de hombres de toda la república, da pie a que en los cuarteles y el frente se plasme un forzado y útil encuentro nacional. Así el 17 de febrero de 1936, la revolución de ese año, que significa la caída masiva del poder del liberalismo, iniciado de la mano de centristas, izquierdistas y derechistas, la asunción de ser diferente en lo político, económico, cultural, y la presencia de ideologías que ya se baten en lo externo, en la famosa guerra civil española (1936 39), y luego en la 2ª. Guerra mundial (1939-1945), que convierte los lejanos frentes de batalla en un debate en la prensa, las universidades y en las calles; pero la Guerra Fría (1946-1989), y la ingrata guerra civil paraguaya de 1947, sesgarán las pasiones, las ideas y a los hombres. Arístidez Díaz Peña, Heríb Campos Cervera, José Asunción Flores, Santiago Dimas Aranda, Elvio Romero, Manuel Verón de Astrada, Francisco Sánchez Palacios, Sinforiano Ruzó Gomez, Clitofonte Lepretli, inicialmente, entre otros, desde 1930, señalan el camino del compromiso con la obra cultural y el mensaje social.
En lo analítico de ideas, y en prosa a los ya citados, Barthe, Creydt, encuentran grandes seguidores, que lo son contemporáneamente Mariano Montero, Carmen Soler, Humberto Pérez Cáceres, Luis María Martínez, Carlos Pérez Cáceres, Carlos Verón de Astrada, entre otros, hecho que señala una formación de la historia socialista y a través de la recopilación de sus hechos.
El Paraguay no tiene aún una gran historia, moderna, plural, y analítica. Que los más recientes historiadores o investigadores no repulsen hacer la historia socialista del Paraguay, como un camino al nacionalismo bien entendido y a la búsqueda final de lo patrio.
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