Escuchar puede salvar una vida: lo que los adultos necesitamos aprender sobre el sufrimiento adolescente
En las últimas semanas fuimos testigos de noticias que nos estremecieron como país: violencia entre estudiantes, situaciones de bullying, conflictos familiares cada vez más visibles y la dolorosa pérdida de una niña. Frente a estos hechos solemos buscar culpables, explicaciones rápidas o respuestas inmediatas. Sin embargo, tal vez la pregunta más importante sea otra: ¿estamos escuchando realmente lo que nuestros niños y adolescentes intentan decirnos?
Porque detrás de una conducta agresiva, detrás de un adolescente que se aísla, detrás de una niña que deja de sonreír, detrás de un joven que se encierra en su habitación durante horas, generalmente existe una historia que nadie alcanzó a escuchar a tiempo.
Vivimos en una época donde hablamos mucho, pero escuchamos poco.
Los padres corren para llegar a fin de mes. Los docentes intentan responder a exigencias cada vez mayores. Los adolescentes viven bajo la presión constante de las redes sociales, la necesidad de encajar, el miedo al rechazo y la sensación de que deben ser perfectos.
Y mientras todos hablan, muchos jóvenes sienten que nadie los escucha realmente. No hablo de escuchar para responder. Hablo de escuchar para comprender.
Escuchar cuando dicen, estoy cansado, en ocasiones cuando responden "nada no pasa", cuando las calificaciones bajan, o se vuelven agresivos, dejan de participar en actividades de las cuales tenían satisfacción, incluso cuando el silencio parece ocupar todo el espacio. Es solamente parar y observar a nuestros hijos
Muchas veces creemos que una persona que está sufriendo necesariamente va a pedir ayuda.
La realidad es otra. El sufrimiento suele enmascararse de enojo, rebeldía, apatía, aislamiento, y en ocasiones detrás de una sonrisa que parece normal.
Por eso resulta tan peligroso minimizar frases como:
Es una llamada de atención, es una etapa, ya se le va a pasar, y el famoso dicho de comparación cuando yo tenía tu edad.
Y déjenme decirles padres que
"NO SE TRATA DE ETAPAS o COMPARACIONES DE GENERACIONES PASADAS"
Se trata de un grito silencioso.
Los profesionales de salud mental llevamos años advirtiendo sobre el aumento de la ansiedad, la depresión, el bullying, la soledad emocional y la dificultad de muchos adolescentes para expresar lo que sienten. Incluso muchos adolescentes han manifestado reiteradamente preocupación por la salud mental y la falta de espacios donde hablar de sus problemas.
Y mientras tanto seguimos preguntando: ¿Por qué ocurrió? Cuando tal vez deberíamos preguntarnos: ¿Quién estuvo realmente presente?
No necesitamos ser psicólogos para ayudar. A veces una conversación sincera puede convertirse en un factor de protección, un abrazo llega donde ningún consejo puede llegar, una pregunta hecha con verdadero interés puede abrir una puerta que llevaba meses cerrada o simplemente quedarse al lado de alguien en silencio puede ser suficiente para que esa persona no se sienta sola.
Escuchar no siempre resolverá los problemas. Pero puede evitar que alguien tenga que enfrentarlos completamente solo. Hoy más que nunca necesitamos volver a mirar a nuestros hijos, nuestros alumnos, nuestros amigos y nuestros vecinos.
Necesitamos dejar el celular unos minutos, volver a preguntar cómo están. Y quedarnos para escuchar la respuesta, porque algunas heridas no sangran los dolores no se ven. Y en ocasiones, una vida puede depender de que alguien se tome el tiempo de escuchar.
Cada vez que un niño, un adolescente o un adulto llega al límite, toda la sociedad debería preguntarse lo mismo: ¿en qué momento dejamos de escuchar? Porque detrás de cada historia de sufrimiento hubo señales, silencios, cambios y pedidos de ayuda que alguien no pudo ver. Escuchar no siempre salva una vida, pero no escuchar puede costarnos una.