El actual presidente de la ANR, Horacio Cartes, está en verdaderos problemas y las consecuencias de estos puede llevar a la nación a una ingobernabilidad en caso de que su candidato estrella llegara a la presidencia, pues este candidato se desdice en cada momento que abre la boca. El escándalo mediático que generó su supuesto plan de privatización de la salud pública obligó nuevamente a recitificarse y tratar de explicar lo que realmente quería decir. A propósito, aún no se ha disculpado por el último desliz sobre el elogio a la dictadura.
En tren de esta seguidilla de imprecisiones y alejados de la verdadera realidad de la actual coyuntura política, la senadora Lilian Samaniego ha reacionado con altura y ha mencionado que le pediría a Cartes que renuncie a la presidencia del partido.
Es interesante lo que está ocurriendo en nuestro gallinero político, pues si no son los jóvenes que exigen el cambio a sus autoridades, son las mujeres que toman al toro por las astas. La mujer paraguaya ha sacado de las cenizas y ha enterrado a sus hijos en las dos cruentas guerras y revoluciones que ha tenido nuestro sacrificado y sufrido pueblo.
La figura de Samaniego actualmente se ha potenciado como una mediadora ante este conflicto delicado que enfrenta el Partido Colorado. Me pregunto dónde están los valientes hombres del partido, los que pregonan “Dios, patria y familia”, los valientes y viriles que perifonean diariamente por las redes sociales o por las recorridas en los medios afines al “patrón”. ¿Han pedido que el actual “significativamente corrupto” y sancionado por la OFAC renuncie a tan importante cargo? No, nada, están escondidos bajo las faldas de sus queridas, mujeres, abuelas, o lo que sea, el único que ya ha declarado oficialmente y lo ha hecho público es el líder del movimiento Nueva República, quien ha manifestado en un medio de prensa que Horacio Cartes debería renunciar al cargo, pues este novel presidente del partido ha priorizado salvar sus empresas antes que al propio partido que lo cobijó y lo llevó al poder por 5 años. El resto, nada, ahora, con la embestida de una mujer, el partido podría regresar a sus inicios. Un reseteo 4.0 es imperativo en el partido.
Santiado Peña debe, en primer lugar, dejar de decir pelotudeces que solo en sus sueños de Peter Pan pueden ser realizables. En segundo lugar, debe apartarse radicalmente de su tutor y firmar un contrato social con los afiliados del Partido Colorado con un compromiso genuino que gobernará sin la mano negra de su mentor que, dicho sea de paso, en cualquier momento podría tener una invitación cordial para viajar becado al país del norte. Napout ya tiene experiencia en estas cosas y le podría dar unos consejillos, quizás cómo hacer guampas.
Otro fauxpas del presidenciable estrella en estos días fue la negativa de “debatir“ con el mal menor, Efraín Alegre, quien supuestamente está encabezando las “encuestas” de intención de voto para las elecciones generales.
Las virulentas reacciones por los medios de prensa y redes sociales hicieron mella en el grupo organizador del mentado debate, que a raíz de la negativa ha cancelado la realización del evento. Peña había solicitado que el debate se hiciera con los mejores cuatro posicionados en las encuestas. Interesante cómo este presidenciable sigue con su libreto negativo de hacer mal las cosas.
En nuestra frágil democracia, con un pueblo de casi 80 % de analfabetos funcionales, un debate, formato copiado del país del norte, no tiene relevancia en la decisión final del elector, pues como es tradicional y ya folclórico, en el día “D” se cocinan los chanchullos: la compra de cédulas, el arreo de los “votos duros”, la promesa de cargos a diestra y siniestra, como ocurrió en las últimas elecciones municipales. La plata, el vil metálico, habría sido el factor preponderante para la victoria de cierto candidato.
El recién nombrado fiscal general del Estado tiene en su mochila una lista inmensa de responsabilidades que debe articular en la brevedad posible con el fin de restablecer el orden en una Fiscalía que se ha alejado, en cierta manera, de sus funciones esenciales. Aquí el nuevo fiscal tiene que mojar la camiseta de la albirroja para sacar del cajón todas las denuncias que supuestamente están en lista de espera, y una de ellas, es la de tomar con seriedad las acusaciones del gobierno de los EE.UU contra el actual presidente de la ANR.
Es inadmisible que un gobierno extranjero tenga que venir a poner orden en los problemas domésticos del país.
La sociedad espera con ansiedad que el flamante fiscal inicie una limpieza a fondo y que no le tiemble el pulso para investigar, imputar y pasar a la justicia a los malos de la película.
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