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"El mejor seguro del universo" y otras mentiras que matan

Martín Ramírez Machuca
por Martín Ramírez Machuca 21 Junio de 2025
21 Junio de 2025
IPS.
IPS. Foto: EN.

Hace unos años, en esa carrera por ser uno de los políticos más vistosos —y con mucho tufo populista—, un político de alto perfil sentenció que "el IPS es el mejor seguro del universo". Esta frase pasó a ser parte de las ya acostumbradas anécdotas de la constelación política criolla del país. Anécdotas que, como un eco constante, se vuelven recurrentes incluso hoy, en tiempos en que se supone que el país está gobernado por uno de los presidentes más "capaces" que Paraguay pudo tener. 

Claro está, esta línea va cargada de una alta dosis de ironía, ya que es completamente inverosímil con lo que efectivamente ocurre en este gobierno actual, que ya está por cerrar su segundo año de gobierno. De acuerdo a analistas políticos de peso, este es  uno de los peores gobiernos de la historia política del Paraguay, sin mencionar siquiera la desastrosa forma en que se desenvuelve el Congreso.
¿A qué viene todo esto? Pues, por esas cosas raras de la vida, tuve que internarme de urgencia por un cuadro de apendicitis que derivó en una peritonitis, ya que la infección logró alcanzar las paredes del estómago. En síntesis, fue un cuadro agudo de peritonitis. Gracias a la rápida acción de mi médico de cabecera y con una llamada al hospital, ya estaba siendo trasladado en ambulancia.

Apenas llegado, y tras pasar unos rigurosos controles administrativos, me llevaron directamente a la sala de espera previa a cirugía. Pasado el chequeo médico obligatorio para confirmar que efectivamente se trataba de apendicitis, en el plazo de una hora ya me encontraba en el quirófano. No había mucho tiempo que perder. Aparte del dolor agudo característico del cuadro, los médicos a mi alrededor me tranquilizaban diciendo que estaba en buenas manos, en un hospital universitario dependiente de la facultad de medicina de la universidad pública del estado donde resido. Para comprender, sería el equivalente al Hospital de Clínicas en Paraguay.

Después de la operación, que duró unas dos horas, desperté en una sala especial de recuperación con múltiples cables conectados a mi cuerpo, monitoreando las funciones de los órganos afectados. Entre sondas de drenaje, sueros y medicamentos, poco a poco fui recuperando la conciencia y el control del entorno. 

Lo interesante de esta historia es que se trata de un hospital público, con atención de alto nivel. Haciendo referencia al político paraguayo mencionado anteriormente, puedo decir sin ironía que el seguro público al que me tocó recurrir sí es "el mejor del universo". No tuve que preocuparme por nada: los medicamentos requeridos estaban disponibles en su totalidad, estudios clínicos articulándose a cada pedido de los médicos tratantes y un servicio de enfermería atento y diligente. Cada vez que presionaba el botón de alarma, en segundos aparecía un enjambre de especialistas dispuestos a atender mis necesidades. 

Durante los 15 días que estuve internado, pude reflexionar y constatar que la justicia impositiva en mi país adoptivo es una realidad. Si bien los impuestos son altos, especialmente los destinados a la salud pública, al momento de necesitarlos se activan automáticamente, y la retribución es altamente gratificante. Eso implica que, al ingresar a un hospital público, uno puede confiar en que lo invertido será retribuido con creces y que harán lo posible por salvarte la vida, sin importar tu condición. 

En una parte sensible de esta experiencia que me tocó vivir, pensé en mi madre. Ella había ingresado por el mismo cuadro de peritonitis al IPS en Paraguay. Allí, con pocos médicos y medicamentos disponibles, los especialistas no acertaban con el diagnóstico y terminaron dejándola completamente a su suerte, con el fatal desenlace de su fallecimiento. Esa frustración volvió a mi mente, y aun bajo los efectos de la anestesia me quebré por lo que le ocurrió a mi madre en "en el mejor seguro del universo". De paso, se me extendió la tristeza por todos los conciudadanos que viven su propio vía crucis en los hospitales del país. Especialmente en el IPS, que a pesar de ser un seguro privado, obliga a sus asegurados a encomendarse a la suerte y a la bendición divina para salir airosos de cualquier problema de salud.

Con un descuento compulsivo mensual, muchos mueren en los pasillos, mendigando salud, un derecho universal, según la legislación de la mayoría de los países un poco más ordenados. 

¿Qué podemos aprender de esta anécdota personal?

• Que en 35 años de democracia no se ha podido tocar la tecla correcta para garantizar calidad de vida a los casi 7 millones de habitantes del país.
• Que la corrupción desangra, mata y aniquila los sueños de toda una nación.
• Que la ciudadanía debe aprender a votar, y no precisamente volver a elegir a sus verdugos, que se mofan de la vida del pueblo.
• Que es imperativo un saneamiento nacional, y especialmente que exista una justicia impositiva verdadera para el bien de toda la nación.
Querido lector, querida lectora: no te canses de denunciar las injusticias y los desvaríos de políticos trasnochados cuando te vendan espejitos baratos, como el cuento de que el IPS es el "mejor seguro del universo".
 

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