El fascismo corporativo en el contexto actual, o neofascismo

Dr. Marcelo Galli
por Dr. Marcelo Galli 27 Julio de 2025
27 Julio de 2025
Foto referencial. IA
Foto referencial. IA .

Las ideologías extremas de las derechas socialistas desarrollaron el fascismo como herramienta de sometimiento y control del pensamiento y las acciones de las masas, concentrando de esta manera el poder político mediante el uso coercitivo o violento del Estado. Se crearon así las corrientes nacionalistas en Italia y Alemania, donde se identificaba a los individuos racialmente predeterminados como modelos de generaciones ideales.

Acumulando poder y recursos, el fascismo idealizaba la figura de un líder y el nacionalismo fantasioso. Al tener el control, manifestaban su poder a través del autoritarismo, negando toda posibilidad de debate, diálogo o la incorporación de modelos que atentaran contra su propia existencia.

El fascismo cayó en el fanatismo extremista del liderazgo, del Estado y de sus recursos en favor del sistema político, de grupos de poder o corporaciones y del mecanismo sistemático de violentar las libertades individuales.

Hoy día estamos viviendo y siendo sometidos por los mismos conceptos filosóficos, aunque ya con algunos condimentos democráticos y populistas, pero sin el fanatismo racial, porque genéticamente no "calificamos". El copamiento del Estado mediante el uso de la violencia pasiva, de la coacción activa y de la corrupción como ideología de la prosperidad individual son los mecanismos de alienación de las masas que llevaron a una facción del Partido Colorado a mantenerse en el poder: sus primeros treinta años con la fuerza de las armas y últimamente con el poder del dinero. Poco importa el medio, sino el fin.

Por tanto, es innegable que vivimos bajo un régimen de fascismo corporativo contemporáneo. Utilizan al Estado como fuente inagotable de recursos, idolatran la figura de un líder que no es precisamente el jefe de Estado, sino el "patrón del mal".

"Alquilan" una identidad partidaria en nombre de sus correligionarios para traer el progreso, cuando su pueblo sigue en desgracia progresiva, pero las corporaciones amigas (financieras, viales, constructoras, farmacéuticas, comerciales, médicas y otras) gozan de prosperidad y buena salud. Promocionan el lisonjismo e instalan agentes partidarios en cargos públicos de relevancia. El fascismo contemporáneo detesta, igual que en sus orígenes, el debate, el disenso, las críticas y toda idea contraria a sus intereses (no ideales), utilizando el garrote judicial y legislativo para eliminar contrarios o acallar a la prensa y a la opinión pública.

Con el dinero de todos compran voluntades y prostituyen conciencias, porque la decencia es un defecto para ellos. Hacen apología del libertinaje moral y trafican influencias como moneda corriente, asegurando las bases de su continuidad.

El fascismo corporativo contemporáneo está destruyendo al Paraguay, a su pueblo y a su futuro soberano, porque los ideales doctrinarios de los grandes partidos políticos se han transformado en necesidades de egoísmos particulares o codicias sectarias.

Dios bendiga a esta nación.

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