Democracia incompleta: El camino hacia la paridad real en Paraguay

María Teresa Báez Valls
por María Teresa Báez Valls 19 Abril de 2026
19 Abril de 2026
Democracia incompleta: El camino hacia la paridad real en Paraguay

La historia de la democracia ha sido, durante siglos, una historia incompleta. Desde las primeras luchas de las sufragistas a finales del siglo XIX, el acceso de la mujer al espacio público ha sido una carrera de obstáculos marcada por la resistencia. Si bien la conquista del voto femenino representó el fin de la exclusión legal, la realidad contemporánea demuestra que el camino hacia el poder real no ha terminado. A pesar de estos avances históricos, la participación política de la mujer sigue limitada por barreras estructurales que solo pueden romperse mediante leyes de paridad efectivas.

Más allá de las barreras legales del pasado, el ascenso de la mujer en las estructuras de poder se enfrenta hoy a obstáculos de naturaleza simbólica y cultural. El denominado "techo de cristal" no es una pared sólida, sino una red invisible de prejuicios y sesgos que asocian el liderazgo exclusivamente con rasgos masculinos, dificultando que las mujeres alcancen la cúspide de la toma de decisiones. A esto se suma el "laberinto del poder", un trayecto tortuoso donde la falta de corresponsabilidad en las tareas de cuidado y la doble jornada laboral obligan a las mujeres a sortear desvíos que sus pares varones no encuentran.

En el contexto paraguayo actual, estos desafíos son palpables. Un ejemplo reciente y muy debatido es el de Kattya González; su trayectoria y posterior expulsión del Senado ilustran cómo la violencia política de género actúa como un mecanismo de exclusión. Su caso muestra que las mujeres que ejercen liderazgos fuertes suelen enfrentar sanciones desproporcionadas que buscan enviarlas de vuelta al silencio, demostrando que no basta con acceder al cargo si el sistema reacciona agresivamente ante el disenso femenino.

Ante esta realidad, la implementación de la paridad de género no es un simple ajuste numérico, sino una transformación de la agenda pública. Cuando las mujeres alcanzan una "masa crítica" en los espacios de decisión, temas históricamente relegados —como la economía del cuidado o la brecha salarial— se convierten en prioridades de Estado. En Paraguay, donde la representación en el Congreso aún no es paritaria, esta ausencia limita la profundidad de las reformas sociales necesarias para toda la población.

De cara a las próximas elecciones municipales, este debate adquiere una relevancia crítica. El municipio es la primera línea de la democracia; es donde se gestiona el bienestar cotidiano. Una participación real de las mujeres como intendentas y concejalas aporta una visión de gestión enfocada en la vida diaria y la cohesión social. Sin embargo, para que las próximas elecciones sean verdaderamente democráticas, es fundamental asegurar que las candidatas compitan en igualdad de condiciones, con financiamiento justo y sin el acoso que las aparta de la contienda.

En última instancia, la democracia no puede considerarse plena si la mitad de la población se encuentra subrepresentada en los espacios donde se decide el rumbo del país. La participación femenina no debe entenderse como una simple concesión, sino como una condición necesaria para la legitimidad de cualquier sistema político. Cuando las mujeres ocupan roles de liderazgo real, se rompen los ciclos de exclusión y se garantiza que las políticas públicas reflejen las vivencias y necesidades de toda la sociedad. Una democracia que ignora o dificulta la voz de las mujeres es una democracia incompleta; por el contrario, una sociedad que fomenta la paridad y protege el ejercicio político femenino es una sociedad más justa, resiliente y verdaderamente soberana.

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