Cuando el pánico irrumpe sin avisar

Telma Noelia Sanabria
por Telma Noelia Sanabria 25 Enero de 2026
25 Enero de 2026
Pánico.
Pánico. Foto referencial / .amaitlp.org

"Para mí, un ataque de pánico es una experiencia casi violenta. Me siento desconectado de la realidad, como si estuviese perdiendo el control de una manera extrema. Mi corazón late fuertemente, siento que me falta el aire, y hay una sensación abrumadora de que las cosas me están aplastando."

Así describen muchas personas lo que viven durante un ataque de pánico. No es exageración, no es "dramático", ni falta de voluntad. Es una experiencia real, intensa y profundamente angustiante que invade el cuerpo y la mente de forma repentina.

En muchos casos, el primer ataque aparece "de la nada".

"Comenzó hace diez años, cuando acababa de graduarme y comencé un nuevo trabajo. Estaba sentado en un seminario de negocios y esta cosa surgió de la nada. Sentía como si me fuese a morir."

Ese primer episodio deja una huella: un miedo que no se olvida fácilmente.

El miedo al miedo

Lo más intenso no siempre es el ataque en sí, sino lo que ocurre entre un episodio y otro: ese temor constante de que pueda volver a suceder. Muchas personas empiezan a evitar lugares o situaciones donde ya han tenido un ataque: ascensores, reuniones, tiendas, transporte público... El mundo se va volviendo más pequeño y más temido.

A menos que se busque ayuda, ese miedo puede crecer tanto que no habrá ningún sitio donde la persona pueda sentirse a salvo, atrapada en una trampa de ansiedad anticipatoria y desesperanza.

¿Qué es el trastorno de pánico?

El trastorno de pánico es una condición de ansiedad real y tratable, caracterizada por ataques de miedo intenso acompañados de síntomas físicos profundos:

· Latidos fuertes o palpitaciones

· Sensación de falta de aire o asfixia

· Sudoración, temblores, debilidad o mareos

· Sensación de irrealidad o desconexión

· Miedo intenso a perder el control, volverse loco o morir.

Durante estos ataques, muchas personas creen que están teniendo un problema médico grave, como un ataque cardíaco, cuando en realidad es la ansiedad mostrando su cara más cruda.

La realidad en Paraguay

En Paraguay, los trastornos de ansiedad son uno de los problemas de salud mental más frecuentes: aproximadamente tres de cada cinco personas refieren haber sentido ansiedad, nerviosismo o preocupación recientemente, con una **mayor prevalencia en mujeres (más de 70 %) que en hombres (más de 50 %). Esto posiciona a Paraguay con una de las tasas más altas de ansiedad en toda Latinoamérica.

Además, estudios clínicos locales muestran que entre quienes reciben atención por trastornos de ansiedad en servicios de salud mental, casi la mitad presentaron trastorno de pánico o ansiedad episódica.

Esto nos recuerda que no estamos hablando de una vivencia aislada, sino de una experiencia que afecta profundamente a muchas personas dentro de nuestra propia comunidad.

Cuando el miedo encierra la vida

Cuando los ataques de pánico se repiten y se acompaña el temor de que puedan regresar en cualquier momento, algunas personas comienzan a evitar cada vez más situaciones cotidianas. En los casos más severos, esta evitación generalizada puede derivar en agorafobia, un miedo intenso a permanecer en lugares de los que piensan que sería difícil escapar si se desata una crisis.

El resultado: la vida se restringe, la persona reduce sus actividades normales, y la ansiedad termina gobernando decisiones que antes eran simples: ir de compras, salir con amigos, tomar transporte o incluso visitar lugares nuevos.

La buena noticia: el pánico se trata

Aunque el trastorno de pánico puede sentirse insoportable, es uno de los trastornos de ansiedad con mejor respuesta al tratamiento cuando se aborda correctamente:

 La psicoterapia cognitivo-conductual ayuda a comprender qué ocurre en el cuerpo y la mente durante un ataque, y a modificar los pensamientos que alimentan el miedo.

En casos necesarios, la medicación supervisada por profesionales puede brindar alivio y equilibrio mientras se desarrolla trabajo terapéutico.

Cuanto antes se busque ayuda, mayores son las posibilidades de recuperar la vida sin evitar lugares ni vivir a la expectativa del próximo episodio.

El trastorno de pánico no define a la persona. No es locura, ni debilidad, ni "exageración". Es una señal de que el sistema emocional ha sido atacado por miedo y estrés sostenido, y esa señal se puede atender, comprender y transformar.

Hablarlo, buscar acompañamiento profesional y permitirse recibir ayuda es el primer paso para recuperar el control de la propia vida.

Y eso no es solo posible: es real y sucede todos los días.

Últimas noticias