En los últimos días nos enteramos desde distintas fuentes, sobre la escalada de actos de violencia contra mujeres. Es difícil transmitir en estas breves líneas todas estas calamidades que nos llena de preguntas más que de respuestas. Si bien son actitudes machistas, no es fácil hacer una valoración de la razón y las circunstancias personales de estas conductas que podemos calificar, en algunos casos, de infrahumanas. No es agradable escribir sobre esta problemática, pero lo hacemos, suponiendo que quizás nos ayude a fortalecer nuestra conciencia colectiva y la solidaridad.
Veamos los hechos: un hombre mata de un plumazo a su pareja, a la hijastra y la suegra, y luego llora la muerte de la mujer diciendo que la amaba. Un hombre persigue a una mujer siguiéndola hasta una comunidad indígena, está enojado por alguna razón que no sabemos, y la mata de un balazo, pero al mismo tiempo, hiere a otras dos mujeres que estaban casualmente con la víctima mortal. Luego el hombre se suicida. Un exdiputado es denunciado por abuso sexual en contra de una pequeña niña, quien se hallaba en su casa acompañada de su madre, y aprovecha el dueño de casa, la primera ocasión en que la niña queda sola, para abusar de ella con toqueteos en sus partes íntimas. En Pedro Juan Caballero, un hombre raptó a una mujer, quien supuestamente le había abandonado, le lleva en su vehículo, le golpea hasta romperle los dientes, y luego se suicida. Maltratan o matan y luego se lamentan o se suicidan.
Mas doloroso aun, una niñita de 13 años había sido víctima de abuso sexual, quedo embarazada, y obligada a parir, dio a luz, sufrió obviamente complicación en el parto, en el Hospital General de Santa Rosa del Aguaray, donde encontró la muerte. Esta vida se hubiera salvado con un aborto terapéutico realizado legalmente, ya que la ley lo permite en el art. 109 del Código Penal, que dispone que no constituye hecho antijuridico la interrupción del embarazo cuando se halla en riesgo la vida de la madre, pero el tabu del aborto y el temor a la prisión penetró en todos los rincones de la sociedad, y así se pierde la vida de una niña cuyo frágil cuerpito no pudo resistir.
Las niñas no tienen capacidad biológica para la gestación, y en cualquiera de los casos, se debe practicar a tiempo, con profesionales idóneos, el aborto terapéutico, lo que no significa ser "abortista". Conmueve leer estas palabras: "me hubiera nomás ido a la cárcel y mi hija hubiera estado viva", decía llorando el padre de la niña. Y le decimos, no señor, no hubiera ido a la cárcel, porque la interrupción del aborto está permitido por la ley en estos casos. Al mismo tiempo, si no hubiera abuso sexual, la niña no se habría embarazado. Hay falla del Estado en todo este triste episodio.
Los casos mencionados nos producen perplejidad, ante la cadena de crímenes de género, y nos interpela con la pregunta ¿qué pasa con los hombres? ¿Qué significa ser mujer en el Paraguay? Y aún tenemos que mencionar un caso de otra connotación, ya que se trata de un "magnifico" rector de una universidad nacional, denunciado por dos de sus víctimas acerca de reiterados acosos que les hizo la vida- según dijeron - literalmente insoportable. Pudimos ver en una conferencia de prensa con la Senadora Lilian Samaniego, a estas hermosas mujeres profesionales, con rostros de profundo dolor describiendo con aplomo increíble los detalles de los supuestos actos de violencia de parte del rector de la universidad donde ellas trabajan desde hace varios años, en la ciudad de Villarrica. Expresar esa vivencia, debe haber sido para ellas muy duro, ya que al final, una de ellas se quebró.
¿Cómo callar estos hechos de abuso de poder? ¿qué podría mover a un hombre en su función de educador, para actuar con tal conducta? Ellas, ambas, afirman en su denuncia, que están siendo atendidas y contenidas por sicólogas del Ministerio de la Mujer. Acudieron al lugar indicado. Como resultado del cuidado recibido en su tratamiento, estas mujeres sintieron la necesidad de tener coraje y gracias al apoyo profesional de un abogado solidario, tomaron la decisión de denunciar como acto de reparación indispensable para su recuperación.
Los casos mencionados que han tomado estado público, revelan manifestaciones distintas, con su peculiaridad, ponen en evidencia la postura de que la violencia no elige clases sociales, ni conocimientos e ignorancia, ni pobreza ni riqueza. Mas aún, cada caso tiene su singularidad, por lo que, aunque sabemos que la causa principal es el machismo, habría que identificar los matices e indagar profundamente sobre las conductas de la masculinidad y otros factores laterales, como la adicción, el abuso del poder, el alcoholismo, y el estado de salud mental entre otros, como estimulantes de los crímenes de género. Identificar con precisión ese "algo mas" que el machismo, es tarea difícil, pero posible.