Nuevamente, la danza de los votos está en su máximo nivel para desaforar, destituir, enjuiciar o poner en el cadalso a los violadores de la ley y corruptos. Lo interesante de esta danza es que los votos se direccionan solo hacia un bando específico, sea del color que fuere. Esto es casi cultural, como les gusta decir a muchos políticos cuando las cosas no se pueden argumentar racionalmente. En síntesis, los votos duros pertenecen al partido o a la bancada coyuntural de cada partido político.
Lo grave de esta tradicional práctica es que no importa el tenor del tema, sea este defender a un corrupto, ladrón, estafador, violador, narcotraficante o lo que fuere. Eso es lo grave que se destila cuando las bancadas buscan votos desesperadamente para lograr el objetivo. Eso ha pasado varias veces en la historia del Congreso, y en los últimos días más a menudo, a tal punto que los honorables congresistas tuvieron que cambiar el reglamento para forzar la destitución de una congresista.
Me pregunto desde la inocencia escondida en mis entrañas, ¿es esto normal?, ¿es ético? Entiendo que no, a pesar de que un congresista se debe a su partido, pero la verdad de la milanesa es que no existen mandatos imperativos de los partidos políticos hacia sus congresistas.
Cualquier estudiante de secundaria, y especialmente de derecho, entiende que las leyes deben ser respetadas en el ámbito que fuere, especialmente en el Congreso que es el recinto donde se legislan leyes para el bienestar del pueblo, no al revés como sucede en estos últimos años. Se ha visto en el gobierno anterior, y con más fuerza en este gobierno, que el partido oficialista tiene la mayoría con la que somete al pueblo con leyes casi inconstitucionales, sin estudio y sin el debido debate y consenso.
En algunos países un poco más ordenados y democráticos existen consensos y contratos entre partidos para llegar al gobierno, y eso implica diferentes ideologías políticas, y en general funcionan muy bien, sobre todo que se respetan las individualidades y se consensúan cuando los hechos atentan contra la nación.
En nuestra constelación política ocurre todo lo contrario, pues los referentes o miembros de bancada solo se acoplan a la mayoría sin importar la calidad de los proyectos a votar. Esto grave porque se infiere que hay una orden tácita e invisible para votar en bloque, esto va contra la objetividad, contra la moral, la ética y sobre todo sobre la independencia de los individuos que pertenecen a cierta bancada.
Desde mi perspectiva, es corrupción y no una democracia representativa como el pueblo espera como resultado de sus votos. Es lamentable escuchar largas historias de excusas de congresistas para justificar el voto, quizás con el fin de blanquear su imagen ante el pueblo.
Bajo mi mirada, entiendo que a estas alturas del campeonato de la democracia, la situación del Congreso es grave, en el sentido de que su rol se está desnaturalizando, pues como ya he mencionado antes, los objetivos se van orientando solo para conseguir beneficios personales y generar clanes que al final solo subyugan al pueblo mediante promesas vanas, vacías y proyectos que son irrealizables.
¿Hasta cuándo se debe soportar este tipo de sistema político que solamente genera clanes que se mofan del pueblo? ¿Cómo se toleran aún que proyectos esenciales como la reforma de la policía no se debatan ni se discutan los puntos esenciales del proyecto, se aprueben en forma general y para luego discutir los puntos? Esto debería discutirse, debatirse y tener audiencias públicas para luego lograr un consenso con todos los referentes de todos los ejes que componen el Estado.
Con la excusa de tener mayoría, este Congreso está destruyendo lo poco que aún queda de esa libertad ganada después del golpe que trajo la democracia. Varios analistas políticos habían advertido lo pernicioso que representa tener el control absoluto del Congreso, y la consecuencia ya se visibiliza: una dictadura al estilo venezolano y, por otro lado, lo triste, lamentable y denigrante es que las órdenes de qué hacer con el país vendrían de agentes externos al Congreso.
Aunque no todo es negativo, recientemente se ha aprobado la ley antinepotismo, que tiene como finalidad restringir el acceso a la función pública, a los familiares de políticos vinculados al gobierno o funcionarios del Estado. A pesar de existir ya una ley al respecto, se insiste en eso, ojalá que ante estas leyes se pueda enmendar la función pública para que ingresen a ella solo los mejores con el fin de sacar adelante al país, y no como en la actualidad que se han llenado de funcionarios abyectos a políticos del gobierno actual.
Con este antecedente se espera que los funcionarios que entraron por la ventana y que aún tengan un poco de ética y moral puedan renunciar a esos puestos que verdaderamente no les corresponden, pues no reúnen las capacidades ni tienen las credenciales para ocupar puestos de relevancia y con alta responsabilidad.
Y para terminar, es esencial recalcar y no permitir más que congresistas legislen leyes antipatrióticas, irracionales y vacías, como la que propone el congresista Esgaib, la de exigir el canto del Himno Nacional antes de entrar a clase. Este tipo de leyes no significa absolutamente nada, pues estos asuntos deben ser abordados en el sistema formal de educación.
En tiempos oscuros del país se había legislado de pasar música paraguaya en un 50% en las emisoras locales, esto no ha traído absolutamente nada, al contrario, solo rechazo y resistencia.
Pero bueno, ojalá que las cosas vayan mejorando en este viciado ambiente del Congreso.
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