Recuerdo vagamente que en los años '70, el Ministerio de Educación y Culto (MEC) en ese estonces, debido a una ola de frío durante las vacaciones de invierno, decretó la prolongación de las vacaciones con el fin de que los estudiantes permanecieran en sus casas. No precisamente para protegerlos de los resfríos, gripes, pulmonías y otra variedad de enfermadades que trae consigo el frío, sino por un motivo de empatía hacia los estudiantes y el personal docente, pues, en ese tiempo, las escuelas no tenían un ápice de artefactos para mitigar el frío, no había acondicionador de aire ni nada por estilo para calentar las aulas.
La algarabía era tremenda en el estudiantado, una semana más de relajo y quedarse en las casas para leer algún libro, visitar a los compañeros del vecindario y estudiar juntos, y también ayudar en la casa. En ese tiempo, los televisores eran escasos, y la única diversión era leer libros, jugar un partidí en la canchita del barrio o en la misma calle del vecindario. Eran tiempos muy diferentes, muy apegados a la familia y a las reuniones barriales. Se le daba mucha importancia a la familia y, especialmente al almuerzo familiar. Todos los miembros de la familia alrededor de la mesa para el almuerzo, al que faltaba, por supuesto, le esperaba no solamente un zapatillazo, sino un sermón que solo un sacerdote podía destrabarlo.
Ese tipo de decisiones era bien estudiado por el MEC de esa época, pues eran decisiones que afectaban a todo el país, se pensaba, por lo menos, esa es mi inferencia, en la población misma. Una vez aprobada, no había vuelta de página. La disciplina de ese entonces, la sociedad la consideraba muy estricta.
Hoy, en pleno año 2022, en la mal llamada “democracia”, con cambios de ministros tras cada turbulencia política, podría equivocarme en los números, pero creo que 22 veces fueron cambiados los ministros durante esta nueva época. Los cambios fueron porque los ministros nombrados por los distintos gobiernos que pasaron en estos 32 años de “democracia” no estaban a la altura de la exigencia del cargo, es más, los que fueron asignados utilizaron como trampolín el MEC para ascender a algún puesto político que fuera menos estresante, como lo es la educación de los estudiantes paraguayos. Actualmente, el exministro saltibamqui, Brunetti, está como precandidato a la vicepresidencia de la República.
Los estudiantes tuvieron que encerrarse dos años durante la pandemia, dos años de pérdida y de involución cognitiva que, entiendo, podrían ser irrecuperables. A pesar de la existencia de un millonario fondo para paliar y mitigar lo efectos del encierro, no se ha podido, lamentablemente, y duele decirlo, articular las estrategias adecuadas para que los estudiantes no fueran afectados en su desarrollo cognitivo. De yapa a esto, tampoco los hospitales estuvieron listos para recibir al contingente de “infectados” por el maldito virus.
El MEC, hace unos días, resolvió que los estudiantes tendrían una semana de clases virtuales, debido a la ola de gripe o resfrío que se está registrando actualmente en el país. La presión de la ciudadanía no se hizo esperar, el MEC tuvo que retroceder y anular dicha resolución. Este ministerio, como siempre, sigue con la misma línea del vai-vai, del menor esfuerzo y de la falta total de organización para enfrentar con seriedad situaciones colectivas, como la que está ocurriendo actualmente.
Suspender las clases presenciales nuevamente trae complicaciones, tanto al estudiante como a su familia, especialmente para las familias numerosas que apenas tienen una computadora, con una conectividad paupérrima y algunas familias con magros recursos económicos para comprar el famoso saldo michimi para, por lo menos, recibir videítos o materiales en pdf.
Hasta qué punto las autoridades se mofan de la gente, de este pueblo estoico que ha estado firme durante la pandemia, esperando la ayuda del Estado para sobrellevar las peripecias que ella trajo. El MEC no puede, como institución que mínimamente debe inspirar respeto por ser rectora de la educación del país, caer en este jueguito de deshojar margaritas.
Tuicha la diferencia entre la anécdota del primer párrafo con la actualidad. Es verdad, los tiempos han cambiado, lo que en los '70 era algarabía por la prolongación de las vacaciones de invierno, hoy va contra toda lógica, no por el peligro inminente de posibles contagios masivos, sino por la decisión irracional de encerrar nuevamente a los estudiantes, como si nada hubiera pasado.
¿No se ha enterado el MEC que los estudiantes han estado aislados y ausentes de todo tipo de socialización? ¡NO hay algarabía! Hay desazón, frustración, rabia y enojo hacia este ministerio que nada tiene de educación, pues estas decisiones impopulares agotan la paciencia de la población.
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