“Aún estoy aquí”, es la película brasileña que ha recibido el apetecido premio Oscar, como la mejor película extranjera. El contenido de la película se ubica en tiempos de la dictadura en Brasil, sistema antihumano que ha estado vigente durante más de tres décadas en nuestra región. La película narra la aflicción de una mujer esperando la puesta en libertad de su esposo. Este sufrimiento particular, único, conocemos muy bien en Paraguay, por los largos años vividos durante la dictadura de Stroessner. El film premiado induce a una conciencia crítica, muy bien lograda, contra las conductas autoritarias de los y las que manejan el poder público.
En realidad, mi propósito no es escribir sobre la película, sino marcar la diferencia con la medida autoritaria adoptada por la Secretaría Nacional de Cultura, a cargo de la Sra. Adriana Ortiz. Mientras la Academia de Hollywood decide premiar a una producción que aporta a la formación de conciencia contra el poder autoritario, la Secretaría Nacional de Cultura, hace gala, a través de un Comunicado, sobre su medida de censura prohibiendo la presentación de un libro de poemas con la autoría de Anuncio Martí, quien se halla viviendo en status de refugiado en la República de Finlandia.
Tampoco tengo el propósito de ocuparme de la acusación o condena que pesa contra este joven, ni el contenido de la obra. No, ese no es el tema. El problema grave es que dicha prohibición a la difusión del referido libro va contra todos los principios de la cuestión concerniente a la gestión cultural, cuya característica principal es la libertad de expresión. Obviamente, la Sra. Ortiz y su equipo, desconocen que Caryl Chessmann condenado a muerte, en los Estados Unidos de América, escribió durante su prisión en la cárcel de San Quintín, cuatro libros que llegaron a ser best sellers en el mundo entero. Ejemplos hay otros tantos, pero para muestra le cito el caso de Chessman.
La realidad es que dicho comunicado anticultural de la Secretaría Nacional de Cultura, además de ser autoritario e impropio, trasgrede una serie de principios constitucionales referidos a las libertades en general y a la libertad de pensamiento y expresión en particular, así como a una cadena de normas internacionales concernientes a los derechos humanos, valga algunos: Declaración Universal de los Derechos Humanos, Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos, Pacto Internacional de los Derechos Económicos, sociales y Culturales, cuestiona la propia existencia de la UNESCO, e ignora la razón de ser del Derecho Internacional Humanitario.
La Casa del Puerto, la Casa de la Cultura es la casa de todos y todas. Es de toda la ciudadanía, y es lamentable que la SNC haya adoptado tan desatinada decisión. Más aún, siendo feminista, lamento, personalmente, que sea una mujer la responsable de tal medida. Y me pregunto, si tiene sentido reivindicar el empoderamiento de las mujeres en el poder público, si han de tener este tipo de actuaciones que no solo son reprochables desde todo punto de vista, sino que mutila las esperanzas para la construcción de una sociedad de iguales en derechos y oportunidades.
La Casa del Puerto es nuestra casa, ha sido habilitada como centro cultural, para tener sus puertas abiertas para todos y todas, de lo contrario, no es, ni será jamás, Casa de la Cultura.