Unos días atrás se publicó que el Paraguay descendió en ranking de país más feliz del mundo. El descenso al que hacía referencia la información en verdad no es muy impactante, pues se trata de la disminución de un punto, del puesto 72 de entre 146 naciones que, en el 2021, nuestro país tenía. Según la nueva encuesta, este año bajó al puesto 73.
El dato que menciono surge del Informe Mundial de la Felicidad, publicado por la Red de Desarrollo Sostenible, elaborado por la Encuesta Mundial Gallup, este año marcado por la guerra y la pandemia. Pero hablar de esos datos, más allá de los números que reflejan una leve caída, es una maravillosa excusa para abordar un tema que constituye una meta fundamental de todo ser humano: la felicidad.
Nadie puede negar que es una búsqueda constante y que la literatura sobre la plena y verdadera felicidad ha sido abundante, brindando alternativas, metodologías e incluso lugares donde -en teoría- es posible encontrar ese venturoso bienestar que todos anhelamos.
Ya en la antigüedad, los filósofos griegos se planteaban preguntas esenciales como: qué es la felicidad y qué hace felices a las personas. Esas preguntas arrojaron varias respuestas. Por ejemplo, Aristóteles, afirmaba que “ser feliz implicaba lograr la autorrealización y alcanzar las metas que nos hemos propuesto, logrando un estado de plenitud y armonía del alma”. Para Epicuro, la felicidad significaba “experimentar placer, tanto a nivel físico como intelectual, huyendo del sufrimiento”. No obstante, también indicaba que “la clave para ser feliz radicaba en evitar los excesos, porque estos terminan provocando angustia”.
Otros en cambio sostenían que “la felicidad significaba valerse por sí mismos, ser autosuficientes y no tener que depender de nadie”. El filósofo alemán del siglo XIX, Friedrich Wilhelm Nietzsche (1844-1900), quien además fue músico y filólogo, considerado una de las personalidades más importantes de la filosofía occidental, también buscó definir en su pensamiento la felicidad. Dijo que, en la búsqueda de ese sentimiento, “uno debe aferrarse al corazón, porque si lo deja ir, pronto también pierde el control de la cabeza”.
La literatura sobre la felicidad es casi infinita. Los poetas, también han sido pródigos en sus apreciaciones sobre la felicidad. El escritor, filósofo y poeta estadounidense, Henry David Thoreau (1817-1862), afirmaba que "la felicidad es como una mariposa; cuanto más la persigas, más te eludirá, pero si prestas atención a otras cosas, vendrá y se sentará suavemente en tu hombro"
Para las Naciones Unidas, “la felicidad pasa por la solidaridad”. Es así que, desde 2013, esta organización de carácter mundial celebra cada 20 de marzo el Día Internacional de la Felicidad, como reconocimiento del importante papel que desempeña la misma en la vida de las personas de todo el mundo. En la resolución 66/281, aprobada en junio de 2012, se expone que la búsqueda de la felicidad es un objetivo humano fundamental, y expone la pertinencia de la misma y del bienestar como objetivos y aspiraciones universales en la vida de los seres humanos. De igual modo, dicho documento registra la necesidad de que se aplique al crecimiento económico un enfoque más inclusivo, equitativo y equilibrado, que promueva el desarrollo sostenible, la erradicación de la pobreza, la felicidad y el bienestar de todos los pueblos.
¿Pero dónde nació la idea?
La resolución de la ONU fue iniciada a propuesta de Bután, un pequeño país del sur de Asia, en la cordillera del Himalaya, que a principios de la década de 1970 reconoció el valor de la felicidad nacional.
La historia del origen de este reconocimiento es muy bonita. Se cuenta que el cuarto rey de Bután, Jigme Singye Wangchuck, decidió que la filosofía de su gobierno se basaría en la felicidad de sus súbditos. Empeñado en conseguir ese objetivo, inventó el concepto de “Felicidad Interior Bruta” (FIB), en vez del conocido término económico utilizado para definir el nivel de crecimiento de un país; el Producto Interno Bruto (PIB).
El 2 de junio de 1974, en su discurso de coronación, Jigme Singye Wangchuck dijo: “La felicidad interior bruta es mucho más importante que el producto interior bruto”. Tenía 18 años y se convertía, tras la repentina muerte de su padre, en el monarca más joven del mundo. No fue un mero eslogan. Desde aquel día, la filosofía de la felicidad interior bruta ha guiado la política de Bután y su modelo de desarrollo.
El concepto de la FIB se basa en dos principios budistas: uno es que todas las criaturas vivas persiguen la felicidad. El budismo habla de una felicidad individual. Así pues, corresponde al Gobierno crear un entorno que facilite a los ciudadanos encontrar esa felicidad. El otro, es el principio budista del camino intermedio; un desarrollo basado no exclusivamente en el progreso económico.
En la actualidad, la sigla FIB es un indicador de nivel de vida que se utiliza internacionalmente como complemento al del Producto Interior Bruto. El cálculo de este indicador se realiza midiendo nueve dimensiones: el bienestar psicológico, el uso del tiempo, la vitalidad de la comunidad, la cultura, la salud, la educación, la diversidad medioambiental, el nivel de vida y el Gobierno.
La felicidad en tiempos de pandemia
Según el Informe Mundial de la Felicidad, una publicación de la Red de Soluciones de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, basado en la Encuesta Mundial de Gallup a personas en alrededor de 150 países, la pandemia del covid-19 mostró una luz de esperanza en la humanidad, por el deseo de las personas de apoyarse unos a otros en tiempos difíciles, situación que hizo aumentar el apoyo social y la benevolencia.
Como sabemos, la felicidad es un sentimiento individual, que se manifiesta de distintas formas en cada persona y que de una u otra forma, en determinado momento nos abraza a todos los seres humanos por igual. En el Paraguay, a pesar de que este primer trimestre de 2022, los problemas económicos aumentaron, no debemos perder la oportunidad de buscar la felicidad integral.
Aunque el festejo es solo una vez al año, se puede en forma permanente realizar acciones personales y colectivas que contribuyan a un estado de bienestar, como la práctica de deportes, la mejora de la autoestima, ser agradecidos, y lo más importante: el aprendizaje del perdón.
El Día Internacional de la Felicidad es una fecha que invita a celebrar. Es una oportunidad maravillosa para agradecer, sonreír, soñar y creer que un mejor mañana es posible para todos.
¡Feliz día de la Felicidad!