Siempre aspiré a lo más alto. No porque alguien me lo exigiera, sino porque crecí observando modelos familiares de excelencia silenciosa: padres y abuelos que entendían el valor del deber bien hecho. Mi formación en ballet clásico reforzó esa disciplina: allí se aprende que la perfección se busca en cada movimiento, en cada gesto y en cada figura.
A esa convicción se sumó mi formación cristiana, con dos enseñanzas que orientaron mi vida. La primera, siendo la idea de que "al que mucho se le dio, mucho se le exigirá" y la parábola de los talentos, que interpela sobre qué hacemos con aquello que se nos confió. Tampoco nunca olvidaré un libro que nos regalaron al finalizar el colegio, con su título que lo creí verdadero: You were born to make a difference — Fuiste hecho para hacer la diferencia.
Con esa certeza, y tras años de trabajo en un proyecto de formación artística y educativa, que si bien alcanzaba a un amplísimo público, yo estaba convencida que podía escalar aún más. Pero para ello también entendía que necesitaba nuevas herramientas. Mi formación en la Universidad Nacional de Asunción y en otros sitios era valiosa, pero limitada. Quería ampliar mi impacto.
Gracias al programa Fulbright-Becal, cursé una maestría en Education Policy and Management en la Universidad de Harvard. Esta oportunidad, financiada por el Estado paraguayo y apoyada por el programa Fulbright del gobierno de los Estados Unidos, transformó mi vida intelectual y personal. Me dio rigor, visión sistémica, amplitud de pensamiento, herramientas de gestión y un entendimiento profundo de cómo las políticas y las personas mismas pueden cambiar destinos.
A mi regreso inicié el período de retribución establecido por la beca: cinco años de permanencia en el país aportando en el área de especialización. Pasé por tres organizaciones locales: el Instituto Desarrollo, en el programa de "Estado de Derecho y Cultura de la Integridad" financiado por USAID; Juntos por la Educación, en el programa "Tetãyguára Jesareko: la Veeduría Ciudadana" financiado por la Unión Europea; y actualmente en la Fundación en Alianza, coordinando sus programa y en el equipo ejecutor del proyecto "Implementación del Fondo Nacional de la Lectura y el Libro" con fondos de la Secretaría Nacional de Cultura. En todas, el objetivo fue el mismo: generar oportunidades para jóvenes y adultos de todo el país. No existe salario que se equipare al motor interno que despierta ver que tu trabajo cambia una vida, una familia, una comunidad.

Por eso quiero afirmar algo con total claridad, aunque incomode, que todo becario que no devuelve al país durante esos cinco años posteriores a su f ormación incumple no solo un contrato jurídico, sino una responsabilidad ética con los contribuyentes paraguayos. Ponerse de espaldas al país que financió tu formación es, en esencia, operar en la misma lógica del privilegio improductivo: el planillero, el "nepo baby", las estructuras que frenan el desarrollo y debilitan la confianza pública. A esas personas, por más reducidas o puntuales que sean, las invito a reconsiderar su posición. Todavía están a tiempo de devolver, de sumar, de reparar. Paraguay necesita de quienes una vez recibieron oportunidades construidas con el aporte de todos.
Pero también quiero resaltar y honrar el trabajo de quienes sí están en el terreno, abriendo caminos, innovando, levantando instituciones, construyendo un país mejor desde cada aula, centro comunitario, laboratorio, ministerio, organización o emprendimiento. A ellos, mi respeto y mi gratitud.
El desafío es grande, sí, pero también lo son las oportunidades. Somos nosotros, los becarios, quienes debemos contribuir a construir el país que tanto soñamos: un Paraguay de justicia, de oportunidades, donde se pueda vivir bien y donde el talento nazca, crezca y permanezca.
Agradezco profundamente a quienes hicieron posible este programa de becas: ideólogos, funcionarios, equipos técnicos, quienes sostienen esta maquinaria que multiplica capacidades y transforma vidas. Porque estoy convencida de que la única vía real para avanzar como nación es invertir en formación, en excelencia, en escenarios donde las oportunidades se configuren y se multipliquen.
Paraguay merece más. Y quienes fuimos becados tenemos la responsabilidad —y el privilegio— de ayudar a construirlo.
La autora es Becaria Fulbright-Becal 2019-2020