“Apagar incendios” es un dicho popular que expresa en forma peyorativa la idea de cubrir con urgencia un hecho o un conflicto, o la pretensión de destrabar cualquier situación crítica, sin incursionar en el fondo de la cuestión. Es la solución veloz que se detiene en lo existencial. Así se manejan los incendios desde hace varios años, con medidas de emergencia, esperando -como en antiguos rituales- la llegada milagrosa de la lluvia.
Pero cuando se habla de apagar un incendio de verdad, ante un fuego incontenible que ya llega a un nivel de daño que amenaza a todos seres vivientes, la cuestión debería ser observada con otra perspectiva, distinta de las soluciones de emergencia o las improvisaciones ante estados de emergencia, con el propósito de transmitir a la ciudadanía mensajes esperanzadores.
Los incendios atentan contra la vida de seres humanos y de otras especies de la naturaleza, pero curiosamente, al mismo tiempo, sus causas están en el comportamiento de los seres humanos. Y se puede hablar de personas o asociaciones de todos los niveles, desde los grandes terratenientes y los agricultores de menor escala que buscan sanear sus tierras para las próximas siembras, hasta las humildes familias que, al no contar con los servicios suficientes de recolección de basuras, se dedican a la quema de pequeños montículos de desechos y hojas secas que luego se trasladan a otros brotes, convirtiéndose en minutos en llamas incontenibles.
Los incendios en Paraguay tienen una cronología puntual. Se sabe que en agosto y septiembre, con el viento norte y la sequedad de las plantas y la tierra, se producen los incendios, por lo tanto, se trata de eventos previsibles. Seguimos teniendo contaminación del aire, que llegó a un nivel pico de toxicidad, calificado por los sensores como peligroso. Varias personas quedaron con problemas de respiración y su recuperación tomará largo tiempo, el malestar y el decaimiento general de la población se sintió en todo el país, ejemplares de varias especies animales en extinción, como el ñandu guasu, fueron hallados muertos, en medio de un panorama devastador. Ni siquiera podemos imaginar la cantidad de vegetales nativos que han desaparecido en los últimos años con los incendios.
Baldes de agua, mangueras, carros hidrantes,voluntarios en riesgo, ¿son acaso soluciones sostenibles? Valoramos la actuación de estos voluntarios pero ¿por qué debemos aceptar cada año que el país se incendie? ¿Por qué tenemos que escuchar siempre la repetida frase de que ocurre en otras partes también, o que es a causa del cambio climático?
En los Objetivos del Desarrollo Sostenible del Milenio (ODS), planteados por Naciones Unidas, se comprometen los estados, y por supuesto también el nuestro, a “proteger, restablecer y promover el uso sostenible de los ecosistemas terrestres, gestionar los bosques de forma sostenible, luchar contra la desertificación, detener la degradación de las tierras y poner freno a la pérdida de la diversidad biológica”.
Es obvio que ante un objetivo sostenible, la prevención debe ser mirada también desde una perspectiva sostenible. ¿Es acaso sostenible pensar que se trata de una cuestión de emergencia? ¿Es posible que solo dos entidades del país se ocupen de un problema de esta naturaleza, que arriesga la vida de seres humanos y de otros seres vivientes? Para que nadie quede atrás en responsabilidad y en beneficios, ¿no sería acaso mas práctico seguir los consejos de los Objetivos del Milenio? Respecto a este punto, el objetivo número 17 aconseja la construcción de alianzas desde un enfoque multidimensional, para identificar los procesos necesarios y consensuar participativamente las medidas apropiadas con metas cuantificables, para la prevención, el tratamiento de situación y los procesos recuperativos ante estos desastres.
Estos eventos son evitables, pero ninguna persona en forma aislada podrá tener la respuesta. Hay varias propuestas; una de ellas apunta a la punición por las violaciones al medioambiente, agravando las penas de mayor rigor; otros hablan de la educación, como siempre, como si la educación llegara a la gente en un minuto por arte de magia, cuando es bien sabido que la misma requiere un proceso largo y duradero.
Para sumar a las propuestas y para que nadie quede atrás en los beneficios, nos hacemos eco de las recomendaciones de los ODS en el sentido de que se necesitaría un mapeo institucional que pueda participativamente garantizar la sostenibilidad del medio ambiente para esta generación y las venideras. Este mapeo institucional debería incluir a la industria, las obras públicas, construcción de caminos, puentes, rutas, viaductos, el cuidado de la energía no contaminante, la construcción de viviendas y edificios, la preservación de los cursos de agua limpia. Una mirada incluyente de todos los componentes del ecosistema permitirá que nadie quede atrás, tanto en responsabilidades como en beneficios, en el marco de una alianza estratégica concertada y segura. Gozar de un medioambiente saludable es un derecho humano.
* Jurista, especialista en Derechos Humanos por la Universidad de Estrasburgo.