Las cifras ya eran conocidas, pero el nuevo estudio de FLACSO Paraguay y Plan International les puso rostro, voz y contexto. Más allá de los números, el embarazo adolescente sigue siendo una de las principales causas de abandono escolar en el país, y en demasiados casos está directamente relacionado con la violencia sexual. "La investigación deja de manifiesto que no existen garantías para la protección integral de las adolescentes que se convierten en madres", afirma Noelia Errecarte, Representante País de Plan International Paraguay.
Para Errecarte, el hallazgo más grave es que la maternidad temprana no ocurre aislada ni accidentalmente: está anclada en condiciones estructurales de desigualdad, pobreza, violencia y discriminación. "Esto vulnera derechos humanos y perpetúa ciclos de pobreza y desigualdad, afectando el desarrollo integral de las adolescentes y limitando sus oportunidades futuras", señala. Una generación que no accede a la educación, insiste, compromete el crecimiento socioeconómico del país.
Violencia naturalizada y silencios que duelen
El estudio reveló que muchas adolescentes quedaron embarazadas en contextos de violencia sexual o relaciones marcadas por el abuso de poder con hombres adultos. Varias de ellas ni siquiera identificaban la situación como violencia. "Estas circunstancias... no siempre eran reconocidas por las adolescentes o su entorno inmediato", explica Errecarte, quien resalta un patrón inquietante: la normalización de la violencia en las comunidades.
Una docente entrevistada en el informe lo resumió crudamente: "Muchas también sufren violencia", y mencionó casos donde "el tipo ya es mayor de edad", evidenciando relaciones desiguales y coercitivas. Para la experta, revertir este escenario requiere mecanismos de protección más sólidos, campañas comunitarias que cuestionen normas nocivas y políticas integrales que aseguren información, servicios y entornos seguros para niñas y adolescentes.
El estigma escolar: la segunda expulsión
Como si no bastara con la desigualdad y la violencia, las adolescentes enfrentan otro enemigo: el estigma. Burlas, culpa, vergüenza y miedo a ser juzgadas empujan a muchas a abandonar la escuela.
"El estigma social... actúa como barrera a la permanencia escolar", explica Errecarte. Por eso, Plan International propone fortalecer protocolos de inclusión, articulación con las comunidades y un abordaje psicosocial que permita que las adolescentes continúen su educación sin ser discriminadas. Además, sostiene que la prevención es clave: "Se necesitan acciones más efectivas enfocadas a la disminución del embarazo adolescente y las uniones tempranas forzadas".
Los padres ausentes y el peso desigual del cuidado
Otro de los patrones identificados es la ausencia masculina en el cuidado. Muchos padres adolescentes ni siquiera fueron ubicados durante el estudio. "La figura del padre adolescente está relegada a un patrón de invisibilidad y ausencia", indica Errecarte. Esto reproduce estereotipos que colocan sobre las niñas y mujeres toda la carga del cuidado.
Frente a ello, plantea campañas de sensibilización, programas que involucren a figuras masculinas, licencias parentales y estrategias comunitarias para transformar los patrones culturales arraigados.
Cuando la red sostiene: lo que sí funciona
Pese al escenario complejo, el estudio destaca experiencias positivas: madres jóvenes que no abandonaron la escuela gracias al apoyo familiar, docente y comunitario.
"El apoyo activo de las mujeres de la familia resulta fundamental", afirma Errecarte. También destaca la flexibilidad educativa, la motivación personal de las adolescentes y la articulación de redes de apoyo. Cita como ejemplo el programa RENASEM de la organización Mil Solidarios, que ofrece espacios de cuidado infantil mientras las estudiantes asisten a clases: "Replicar y ampliar estos elementos... podría ser la respuesta para que ninguna adolescente madre quede fuera del sistema educativo".
Para Errecarte, el mensaje central es claro: proteger a las adolescentes no es solo acompañarlas en el presente, sino garantizar que puedan construir su futuro. Y ese futuro empieza, necesariamente, en la escuela.