En el debate público sobre la educación en Paraguay y la región, solemos caer en una trampa recurrente: discutimos apasionadamente sobre qué enseñar (nuevos currículos), con qué herramientas (tecnología) o cuánto gastar (inversión). Sin embargo, la evidencia regional es contundente al mostrarnos que el principal factor que explica el éxito —o el estancamiento— de los sistemas educativos no es la "novedad" de las reformas, sino la gobernanza del sistema.
América Latina atraviesa una crisis de aprendizaje prolongada. Según datos del Banco Mundial y la OCDE, es la región que menos ha mejorado sus resultados en las últimas dos décadas, a pesar de haber incrementado el gasto educativo de forma sostenida. Los resultados de PISA 2022 fueron lapidarios: ningún país latinoamericano alcanzó el promedio de la OCDE en Lectura, Matemática o Ciencias.
Paraguay no es ajeno a este escenario. Aunque se cuenta con diagnósticos claros y marcos normativos robustos, el sistema enfrenta un desafío crítico: la dificultad de traducir las leyes y los planes escritos en mejoras concretas dentro de las aulas.
La trampa de la "densidad normativa"
Es fundamental distinguir entre gestión administrativa y gobernanza estratégica. En el día a día, el sistema educativo suele consumirse en la burocracia, confundiendo el "gobernar" con el "administrar papeles". La UNESCO define la gobernanza como la capacidad de definir prioridades, coordinar actores y sostener decisiones en el tiempo.
Aquí radica el talón de Aquiles. Un informe reciente del BID (2023) advierte que muchos países de la región sufren de "exceso de normativas y déficit de capacidad institucional". Tenemos sistemas hiperregulados en el papel, pero con una capacidad real de implementación muy débil. En Paraguay, esto se traduce en una fragmentación de programas y una superposición de iniciativas que, muchas veces, no llegan a transformar la práctica docente.
El liderazgo escolar: La palanca olvidada
Si queremos mover la aguja de los aprendizajes, debemos mirar hacia adentro de la escuela. La investigación internacional confirma que el liderazgo escolar es el segundo factor intraescolar que más impacto tiene en los aprendizajes, solo superado por la enseñanza en el aula.
Sin embargo, en Paraguay y la región, hemos relegado a nuestros directores a un rol administrativo. La función directiva sigue atrapada en la gestión de urgencias burocráticas, con escaso margen para el liderazgo pedagógico. Directores y supervisores carecen, frecuentemente, de la formación específica, la autonomía y el apoyo técnico necesarios para liderar procesos de mejora.
Sin líderes empoderados, las innovaciones quedan aisladas. Dependen del "heroísmo" individual de un director o un docente comprometido, pero no logran escalar ni sostenerse como política de Estado.

Lecciones de la región: Menos es más
No necesitamos inventar la rueda, sino observar qué ha funcionado en contextos similares. Los sistemas que mejoran no son los que lanzan una reforma nueva cada año, sino los que mantienen el rumbo.
- Uruguay logró sostener políticas clave por más de una década gracias a una institucionalidad técnica estable. Un buen ejemplo de ello es Ceibal que se ha transformado en un caso de estudio a nivel mundial.
- Chile desarrolló capacidades técnicas intermedias que permitieron continuidad más allá de los ciclos políticos.
- Colombia apostó por modelos de liderazgo territorial y redes de escuelas.
La lección es clara: la clave no es la cantidad de reformas, sino la construcción de capacidades institucionales para sostener pocas prioridades estratégicas con consistencia.

Una hoja de ruta para Paraguay
Desde una perspectiva de consultoría estratégica, una agenda realista para fortalecer la gobernanza educativa en Paraguay debería centrarse en cinco líneas de acción que no dependen exclusivamente de más presupuesto, sino de mayor coherencia:
- Acuerdos de mediano plazo: Se necesitan políticas que trasciendan los cambios de gobierno y definan prioridades compartidas que no se borren cada cinco años.
- Profesionalización del liderazgo: Urge establecer formación específica, criterios de selección claros y acompañamiento continuo para directores y supervisores. El director debe ser un líder pedagógico, no un gestor de expedientes.
- Información para decidir, no para controlar: Es necesario transitar hacia sistemas de información robustos que sirvan para la toma de decisiones pedagógicas en la escuela, y no solo para el control administrativo central.
- Redes de escuelas: Fomentar comunidades profesionales de aprendizaje que permitan escalar buenas prácticas y romper la soledad de la tarea docente. El caso de REDIE (www.redie.org) es paradigmático a nivel regional.
- Evaluación para la mejora: Utilizar los datos (SNEPE, evaluaciones de aula) como insumo para el aprendizaje institucional, abandonando la lógica punitiva.
Reformar el sistema para transformar las aulas no es una consigna vacía; es un imperativo de gestión. La experiencia nos demuestra que la educación no cambia con anuncios rimbombantes ni con "reformas permanentes", sino con instituciones sólidas y liderazgos profesionales.
Paraguay tiene la oportunidad —y la urgencia— de avanzar hacia un modelo de gobernanza que priorice la coherencia y la continuidad. Gobernar mejor la educación es la condición indispensable para garantizar el desarrollo. Sin ese paso decidido hacia la gobernanza efectiva, cualquier reforma corre el riesgo de quedar, una vez más, solo en el papel.
¿Qué paso podemos dar hoy?
Si usted es directivo o responsable de políticas, lo invito a revisar su agenda de la próxima semana: ¿Cuánto tiempo está dedicado a la gestión de trámites y cuánto al acompañamiento pedagógico y la planificación estratégica? Empezar a invertir esa proporción es el primer acto de gobernanza real al alcance de su mano.