La palabra primavera proviene de la idea de "primer verdor", en alusión al reverdecimiento de las plantas que caracteriza esta época. Esa transformación natural hizo que se la vincule a lo largo de la historia con el renacimiento, la resurrección, la juventud y la alegría.
La primavera es musa inagotable en las artes. Botticelli la inmortalizó en su célebre cuadro La primavera, mientras que grandes compositores como Vivaldi, Caccini, Stravinsky y Schumann le dedicaron obras magistrales. También en Paraguay, el poeta Emiliano R. Fernández cantó a la estación de las flores en varios de sus versos, entre ellos el recordado Primavera II.
El cambio del invierno a la primavera se refleja en el estado de ánimo. La mayor exposición a la luz solar favorece la producción de vitamina D, regula la melatonina y aporta vitalidad. No es casual que las personas se sientan más activas, con mejor humor y más predispuestas a realizar actividades sociales o disfrutar de la naturaleza.

En contraste, los días nublados suelen inducir a la somnolencia y a cierta melancolía, lo que realza aún más la influencia positiva del clima primaveral.
Una invitación a la renovación
Más allá del colorido externo, la primavera también impulsa una renovación interior. Se percibe como un tiempo para trazar nuevas metas, emprender proyectos esperados y cultivar sentimientos positivos.

Las tradiciones de la ayurveda, por ejemplo, recomiendan aprovechar la estación con desayunos ligeros, infusiones de jengibre con limón y miel, frutas frescas y comidas sencillas que armonicen el cuerpo con la vitalidad de la naturaleza.
La primavera, con su promesa de renacimiento, nos recuerda que la vida se renueva en cada brote y en cada sueño que florece.