En Paraguay y en gran parte del hemisferio sur, cada 21 de septiembre se festeja la llegada de la primavera, asociada a la juventud, las flores y las emociones que despierta el buen clima. Sin embargo, la astronomía tiene algo distinto que decir: el inicio real de la estación, marcado por el equinoccio, suele ocurrir el 22 de septiembre, e incluso en algunos años llega a correrse al 23.
El equinoccio de primavera es el instante exacto en que el Sol cruza el ecuador celeste hacia el sur, haciendo que el día y la noche duren casi lo mismo en todo el planeta. Ese fenómeno no ocurre siempre el mismo día: varía entre el 22 y el 23 de septiembre, según el año y la zona horaria.
La explicación está en la duración del año solar, que no coincide con los 365 días del calendario. Las fracciones sobrantes, sumadas a los ajustes de los años bisiestos, hacen que el inicio astronómico de la primavera cambie levemente cada año.
Pese a esta precisión científica, en Paraguay —y en varios países del sur— el 21 de septiembre quedó instalado como el "Día de la Primavera". La costumbre se volvió tan fuerte que las instituciones educativas, las celebraciones populares y hasta las declaraciones oficiales giran en torno a esa fecha.
El 21 también se celebra el "Día de la Juventud", lo que refuerza su carácter festivo y simbólico. Así, la primavera tiene dos rostros: el astronómico, que depende de cálculos exactos, y el cultural, que se celebra en una fecha fija.

Más allá de la diferencia entre calendario y cosmos, la primavera se vive con igual entusiasmo. Ya sea el 21 por tradición o el 22 por ciencia, lo cierto es que esta estación marca el renacimiento de la naturaleza y la renovación de los ánimos.
En definitiva, la primavera florece dos veces: una en el cielo, cuando el sol cruza el ecuador, y otra en la tierra, cuando la gente sale a celebrarla con flores, música y alegría.