NacionalesAlimentación en los días santos

Entre la chipa y el exceso: cómo cuidar la salud en Semana Santa

El exceso de sal, alcohol, grasas y harinas vuelve a poner en alerta a médicos y nutricionistas en una de las semanas de mayor consumo familiar. La clave no pasa por dejar de comer lo típico, sino por evitar que la celebración se convierta en un riesgo, sobre todo para hipertensos y personas con enfermedades crónicas.

28 Marzo de 2026
28 Marzo de 2026
El tradicional Chipa Apo.
El tradicional Chipa Apo. Gentileza.

La Semana Santa paraguaya tiene sus propios rituales: la chipa recién salida del tatakua, la sopa paraguaya, el chipa guasu, el pescado, el cocido compartido en familia y, muchas veces, una mesa que se prolonga más allá del hambre real. El problema no está en la tradición en sí, sino en los excesos que suelen venir con ella.

Este año, profesionales de salud volvieron a advertir sobre un patrón que se repite en cada feriado largo: el aumento del consumo de comidas saladas, grasas, alcohol y porciones abundantes, especialmente entre personas con hipertensión, problemas cardíacos, diabetes o sobrepeso. La alerta no es menor en un país donde las enfermedades cardiovasculares siguen teniendo fuerte peso en la salud pública.

En términos simples, la combinación más riesgosa es bastante conocida, aunque no siempre se dimensiona: mucha sal, poca agua, comidas pesadas y alcohol. Ese combo puede disparar subas de presión, retención de líquidos, malestares digestivos e incluso descompensaciones en personas que ya tienen antecedentes clínicos. Desde el Ministerio de Salud recuerdan que el consumo recomendado de sal no debería superar los 5 gramos al día —aproximadamente una cucharadita—, pero en estas fechas esa barrera suele romperse con facilidad, muchas veces sin que la gente lo note.

Factor cultural

En Paraguay, además, hay un factor cultural que pesa. Muchas de las comidas típicas de Semana Santa están asociadas a abundancia, reunión y "comer bien", lo que en la práctica muchas veces termina siendo comer de más. No se trata de demonizar la chipa o la sopa paraguaya —sería un disparate nacional—, sino de entender que su carga de sodio, grasa y harina puede ser problemática si se consume sin medida, sobre todo durante varios días seguidos.

Excesos de la Semana Santa: ¿es necesario restringirse mucho para retomar la dieta?
Excesos de la Semana Santa: ¿es necesario restringirse mucho para retomar la dieta?

La recomendación médica más razonable no es prohibir, sino regular. Comer porciones más pequeñas, espaciar las comidas, acompañar con ensaladas o frutas y reducir el uso de sal extra en la preparación puede marcar una diferencia importante sin romper con la costumbre familiar. Salud Pública también sugiere reemplazar, cuando sea posible, la grasa animal por aceites vegetales y evitar cocinar en exceso "para que no sobre para toda la semana", una práctica muy común en estos días.

Otro punto subestimado es la hidratación. En feriados con mucho movimiento, viajes o reuniones largas, muchas personas comen más y toman menos agua. Eso agrava el impacto del sodio en el organismo y puede empeorar cuadros de presión alta o malestar general. A eso se suma el alcohol, que no solo deshidrata, sino que también puede alterar la presión arterial y potenciar riesgos en personas medicadas.

Nutricionista insta a evitar los excesos durante la Semana Santa
Nutricionista insta a evitar los excesos durante la Semana Santa

Hay, además, una advertencia práctica que suele pasar desapercibida: no abandonar la medicación durante los feriados. Muchos pacientes hipertensos o diabéticos modifican sus horarios, viajan o se "relajan" con la rutina, y eso puede tener consecuencias. El consejo médico es sencillo: si una persona ya tiene tratamiento, no debe interrumpirlo por estar de vacaciones o en ambiente festivo.

En el fondo, la discusión es menos gastronómica que sanitaria. Semana Santa no debería convertirse en una semana de castigo para el cuerpo. Y en un país donde la comida cumple un papel afectivo y cultural tan fuerte, quizás el desafío más inteligente no sea comer distinto, sino aprender a comer con un poco más de medida.

Porque disfrutar la tradición está bien. Lo que no debería ser tradición es terminar el feriado con la presión disparada, el estómago colapsado o una visita a urgencias que pudo haberse evitado.

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