Las lluvias volvieron a convertir al Chaco en una zona de emergencia: familias enteras quedaron rodeadas por el agua, caminos estratégicos se volvieron intransitables, camiones permanecen varados desde hace días y la asistencia estatal depende de puentes aéreos, maquinaria y del esfuerzo de pobladores que intentan abrir paso donde el Estado no garantizó conectividad permanente.
El Chaco bajo agua
Las inundaciones golpean con fuerza a Presidente Hayes, Alto Paraguay y zonas de Boquerón, donde las lluvias intensas dejaron comunidades aisladas, caminos cortados y viviendas afectadas. En General Bruguez, más de 500 familias fueron reportadas como afectadas, con alrededor de 150 kilómetros comprometidos por el desborde del río Pilcomayo.
El cuadro se agravó porque varios tramos quedaron intransitables y comenzaron a faltar alimentos, medicamentos y otros insumos básicos. El aislamiento afecta especialmente a comunidades ubicadas en la franja del Pilcomayo, desde sectores de José Falcón hasta zonas de Teniente Esteban Martínez.
Comunidades indígenas, las más golpeadas
La Secretaría de Emergencia Nacional reportó que unas 3.600 familias, aproximadamente 18.000 personas, ya habían recibido asistencia en Alto Paraguay y Presidente Hayes, con apoyo de las Fuerzas Militares. Según el propio ministro Arsenio Zárate, cerca del 90% de los asistidos pertenece a comunidades indígenas.
La asistencia se concentró en zonas como General Bruguez, José Falcón, Puerto Pinasco, Carmelo Peralta y Toro Pampa. En Río Verde se montó un puente aéreo para distribuir alimentos, medicamentos y apoyo sanitario, debido a que la conexión terrestre quedó prácticamente anulada por el agua.
Caminos cortados y pobladores abriendo paso
En Alto Paraguay, pobladores de Toro Pampa tuvieron que organizarse para desagotar tramos del principal camino de salida. Con apoyo posterior del MOPC, lograron avanzar unos 10 kilómetros en un solo día, utilizando retroexcavadora y motoniveladora para intentar recuperar sectores críticos.
El caso expone una realidad recurrente: cuando llueve con fuerza, el Chaco vuelve a depender de soluciones de emergencia. El suelo arcilloso, la falta de caminos de todo tiempo y la distancia entre comunidades convierten cada temporal en una amenaza directa para la movilidad, la salud, la provisión de alimentos y la actividad económica.
Camiones varados y golpe económico
El impacto también llegó al transporte y la producción. Se estima que unos 50 camiones quedaron varados en Alto Paraguay y Boquerón. En Alto Paraguay, entre 26 y 27 unidades llevaban más de ocho a diez días detenidas, principalmente en el tramo entre La Paz y Teniente Martínez; en Toro Pampa, otros camiones permanecían inmovilizados desde hacía más de cinco días.
Transportistas advierten que las pérdidas crecen cada día porque el camión parado deja de generar ingresos. Las lluvias reiteradas impiden que los caminos sequen, y aun después de precipitaciones de 100 a 200 milímetros se necesitan varios días de sol continuo para recuperar transitabilidad.
Una crisis que puede repetirse
La emergencia actual aparece como una advertencia mayor. La SEN ya anticipó riesgo de nuevas inundaciones desde agosto y septiembre, con monitoreo de zonas vulnerables como Pilar, Alberdi, Concepción, Fuerte Olimpo, Pozo Hondo y Margariño, además de la reactivación de depósitos de preposicionamiento para responder con mayor rapidez.
La inundación chaqueña no es solo un fenómeno climático. Es también el resultado de una deuda histórica de infraestructura. Cada lluvia vuelve a mostrar el mismo mapa: comunidades aisladas, caminos destruidos, indígenas esperando asistencia, camioneros atrapados y pobladores haciendo por cuenta propia el trabajo que debería estar previsto antes de la emergencia.

