LifestyleInvestigación sobre creatividad y bienestar

El impacto de las expresiones culturales en el organismo gana respaldo científico

La psicobióloga Daisy Fancourt reúne evidencias que vinculan actividades como cantar, pintar o bailar con beneficios medibles en funciones cognitivas, emocionales y fisiológicas. Su reciente publicación plantea que estas prácticas pueden complementar tratamientos médicos y contribuir a la prevención de enfermedades.

13 Junio de 2026
13 Junio de 2026
Taller de pintura - persona pintando
Taller de pintura - persona pintando Foto: Web.

La participación en actividades creativas puede generar efectos positivos sobre la salud física y mental, según sostiene la profesora de psicobiología y epidemiología Daisy Fancourt en su libro Art Cure. La investigadora afirma que las experiencias vinculadas a la creación artística influyen en procesos biológicos relacionados con la memoria, el estado de ánimo, la respiración, el dolor y la longevidad.

La autora, investigadora de University College London, argumenta que estas prácticas no deben considerarse simples pasatiempos, sino herramientas con potencial para complementar los tratamientos convencionales. Entre los beneficios documentados menciona la reducción del estrés, la mejora de la coordinación y el equilibrio en personas con enfermedad de Parkinson, así como el apoyo a pacientes que buscan recuperar la respiración autónoma tras depender de ventiladores mecánicos.

Uno de los aspectos destacados del libro es su posible impacto económico. Fancourt señala que retrasar la aparición de la demencia podría representar un ahorro anual de aproximadamente 1.500 millones de libras esterlinas para los sistemas de salud y asistencia social del Reino Unido. Además, indica que el bienestar asociado a una participación creativa frecuente equivale a los beneficios subjetivos de un aumento salarial de unas 1.500 libras al año.

Ejercicios físicos en la tercera edad para combatir el alzheimer.
Ejercicios físicos en la tercera edad.

La investigadora desarrolló parte de su interés por este campo a partir de una experiencia personal. Tras el nacimiento prematuro de su hija Daphne, quien permaneció internada en una unidad de cuidados intensivos neonatales, Fancourt le cantaba canciones de cuna desde la distancia impuesta por las medidas de protección sanitaria. Estudios analizados en la obra muestran que esta práctica puede ayudar a disminuir la frecuencia cardíaca de los bebés, mejorar su respiración y favorecer la alimentación.

La tesis central de la publicación sostiene que toda experiencia creativa está compuesta por "ingredientes activos" capaces de desencadenar respuestas biológicas específicas. Estos elementos incluyen la estimulación neurológica, la interacción humana, la reducción del ruido ambiental y la disminución del estrés, factores que pueden combinarse para producir resultados sanitarios observables.

Fancourt también examina casos individuales que ilustran estos efectos. Entre ellos figura el de una mujer con depresión que encontró una mejora significativa tras participar en talleres orientados al bienestar, así como el de una persona de 94 años con demencia que recuperó temporalmente parte de su lucidez al escuchar música asociada a recuerdos significativos.

Sin embargo, la autora rechaza interpretaciones exageradas sobre el poder terapéutico de estas prácticas. En lugar de presentarlas como soluciones milagrosas, defiende su incorporación como complemento dentro de una visión más amplia de la atención sanitaria.

El libro también alerta sobre la disminución de la participación cultural en distintos países. Fancourt advierte que la reducción del financiamiento destinado a programas creativos y el escaso tiempo que gran parte de la población dedica a estas actividades podrían tener consecuencias para la salud pública. Frente a este escenario, propone que los sistemas sanitarios y educativos reconozcan el papel de la creatividad en la construcción del bienestar individual y comunitario.

La especialista concluye que la medicina del futuro debería considerar no solo las enfermedades que padecen las personas, sino también aquello que les otorga sentido, identidad y propósito, factores que, según las evidencias reunidas, pueden influir en la biología humana de manera tan relevante como algunos tratamientos farmacológicos.

Fuente: Infobae. 

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