El asado del Día del Trabajador llega este año con un ingrediente inesperado: la escasez de costilla en el mercado local, un fenómeno que tensiona los precios y reconfigura el consumo en uno de los momentos de mayor demanda del calendario.
Desde la Cámara Paraguaya de Supermercados (Capasu) advierten que el corte estrella del asado prácticamente desapareció de las góndolas en su versión fresca. Las intensas lluvias en el interior del país dejaron caminos intransitables, lo que impide el traslado normal de ganado hacia los frigoríficos y afecta toda la cadena de abastecimiento.
El impacto es directo: la faena cayó por debajo del 50%, reduciendo drásticamente la disponibilidad de carne en el mercado. Con menos oferta y una demanda en alza por el feriado, el resultado es un fuerte aumento de precios.
Hoy, la costilla —símbolo del asado paraguayo— "vale oro". Los precios ya oscilan entre G. 42.000 y cerca de G. 50.000 por kilo, prácticamente duplicando los valores de semanas anteriores. Este encarecimiento deja fuera del alcance a muchos consumidores y obliga a replantear el menú tradicional.
El problema no es solo local. Según referentes del sector, el encarecimiento de la carne es una tendencia global, lo que también limita la posibilidad de importar cortes desde países vecinos como Brasil, donde los precios siguen en niveles elevados.
Ante este escenario, el mercado comienza a ajustarse. Supermercados y comercios impulsan alternativas como carne de cerdo, pollo y embutidos, con precios más accesibles y promociones para sostener el consumo durante el feriado.
Más allá de la coyuntura, la situación vuelve a exponer la vulnerabilidad de la cadena cárnica ante factores climáticos y logísticos. En un país donde el asado es parte central de la cultura y del consumo, la escasez de un corte específico no solo impacta en el bolsillo, sino también en un hábito profundamente arraigado.