El debate sobre el salario mínimo en Paraguay suma un nuevo actor con una postura crítica: la Federación de Micro, Pequeñas y Medianas Empresas (Fedemipymes) advirtió que un eventual aumento, si no es analizado con cautela, "podría afectar la economía". La preocupación surge en medio de las discusiones técnicas para definir el reajuste que regirá desde mitad de año.
El vicepresidente del gremio, Cristian Lozano, expresó que existe inquietud en el sector por el rumbo de algunas decisiones del Ejecutivo, que —según señaló— priorizan medidas de alto impacto político pero con escaso análisis sobre sus consecuencias económicas. En ese sentido, sostuvo que no se están considerando plenamente los planteamientos que vienen realizando las mipymes.
El foco de la crítica está en el proceso de estudio del salario mínimo. Desde Fedemipymes insisten en que cualquier ajuste debe ser evaluado con prudencia, atendiendo la realidad de las pequeñas unidades productivas, que operan con márgenes más estrechos y menor capacidad de absorción de costos. Un incremento sin gradualidad, advierten, podría traducirse en presión sobre el empleo o incluso en mayor informalidad.
La postura del sector refleja una tensión recurrente en la economía paraguaya: el equilibrio entre mejorar los ingresos laborales y sostener la competitividad empresarial. Las mipymes, que representan una parte significativa del tejido productivo y del empleo en el país, suelen ser las más sensibles a cambios en el costo laboral, especialmente en contextos de bajo crecimiento o demanda moderada.
No obstante, el gremio no rechaza de plano las políticas de formalización. Lozano señaló que están de acuerdo con iniciativas como la incorporación de las mipymes al Instituto de Previsión Social (IPS), aunque remarcó que ciertos aspectos de la reglamentación deberían ser revisados para evitar efectos adversos.
El trasfondo es claro: más que una oposición al aumento salarial en sí, el sector plantea la necesidad de una mirada integral. Esto implica considerar productividad, estructura de costos y capacidad real de pago de las empresas, especialmente en segmentos donde el salario mínimo tiene mayor incidencia.
Así, la advertencia de Fedemipymes introduce un matiz clave en la discusión: el salario mínimo no solo es una herramienta social, sino también una variable económica con efectos directos sobre el empleo y la dinámica empresarial. El desafío para el Gobierno será, una vez más, encontrar un punto de equilibrio entre ambas dimensiones sin generar distorsiones en el sistema productivo.