SALARIO MÍNIMO

Ingresos de la clase media paraguaya permanecen estancados

El malestar social en torno al empleo no es solo una percepción. Medidos en guaraníes constantes desde 2015, todos los trabajadores —con excepción de los funcionarios públicos— ganan hoy menos que hace diez años. Así lo señala un estudio del Centro de Análisis y Difusión de la Economía Paraguaya (Cadep).
Dinero en efectivo en la moneda local.

"La desconexión entre crecimiento económico, productividad y salarios persiste como uno de los principales desafíos para la política pública".

A modo de ejemplo, la inflación acumulada entre 2015 y marzo de 2025 fue del 55%, mientras que el salario promedio aumentó menos del 40%. En este contexto, el Gobierno se encamina a fijar un nuevo salario mínimo cercano a los G. 3 millones, una cifra que muchos consideran insuficiente para cubrir los gastos básicos de una familia.

"Más grave aún es la evolución de los precios de bienes esenciales. Los alimentos aumentaron un 83% y el transporte un 44% en el mismo período. Estos rubros tienen un peso significativo en la canasta de consumo de los hogares de ingresos medios y bajos", destaca el estudio.

De acuerdo con la última revisión del Banco Mundial (BM), el 41% de la población integra la clase media baja, es decir, se encuentra apenas por encima de la línea de pobreza. En este contexto, crecen las críticas sobre el escaso efecto derrame de la estabilidad macroeconómica hacia los ingresos de la población.

La pérdida de poder adquisitivo se refleja con especial intensidad en la vida cotidiana de la mayoría de los trabajadores. Este escenario de bajos salarios reales y elevada informalidad no solo afecta a las familias, sino también a la economía en su conjunto. Los salarios constituyen una de las principales fuentes de demanda interna.

Su estancamiento restringe el consumo privado y limita la expansión del mercado interno, lo que deriva en una demanda agregada débil, un componente esencial para sostener el crecimiento económico.

Ingresos débiles

Un elemento clave para comprender la limitada mejora salarial es el régimen de salario mínimo vigente en Paraguay. Aunque se encuentra institucionalizado, presenta importantes limitaciones en términos de diseño, actualización y capacidad de fiscalización.

El salario mínimo se fija por decreto del Poder Ejecutivo sobre la base de las recomendaciones del Consejo Nacional de Salario Mínimo (Conasam), integrado por representantes del Estado, los empleadores y los trabajadores.

Desde el Decreto N.º 3894/15 se establece que el salario mínimo debe ajustarse anualmente en función del Índice de Precios al Consumidor (IPC), con el objetivo de preservar su poder adquisitivo en términos reales.

"Sin embargo, esta regla automática no incorpora variables como el crecimiento de la productividad ni el costo real de vida según los distintos estratos socioeconómicos", observan los analistas de Cadep.

Antes del incremento de G. 100.000 que entró en vigor en julio de 2025, el salario mínimo mensual ya era superior tanto al salario promedio como al salario mediano de asalariados y trabajadores por cuenta propia. Actualmente, el salario mínimo asciende a aproximadamente G. 2.900.000, una cifra que, en los hechos, representa el techo salarial para una parte importante de la población trabajadora.

Esto significa que su capacidad para influir en la distribución del ingreso está limitada por diversos factores, aunque uno sobresale por encima de los demás: su baja cobertura efectiva.

En la práctica

¿Qué significa que el salario promedio y el salario mediano se ubiquen por debajo del salario mínimo?

Cuando el salario mínimo legal supera a ambos indicadores, implica que más de la mitad de los trabajadores percibe ingresos inferiores al piso establecido por la ley. Esto refleja una aplicación ineficaz de la normativa, un mercado laboral altamente informal o precarizado y una limitada capacidad de fiscalización por parte del Estado.

En otras palabras, cuando el salario mínimo supera al salario promedio o mediano, no necesariamente significa que el mínimo sea elevado, sino que los ingresos laborales se encuentran deprimidos o distribuidos de manera desigual, generalmente como consecuencia de la informalidad, el empleo precario y la baja productividad.

Sin reformas de fondo

Los datos actuales del mercado laboral paraguayo no permiten afirmar que exista una mejora estructural. Si bien se observa una recuperación parcial de los niveles de ocupación y un crecimiento sostenido en la cantidad de cotizantes, estos avances no se traducen en mayores ingresos reales ni en una formalización significativa del empleo.

Además, el marco regulatorio del salario mínimo, aunque estable desde el punto de vista institucional, muestra serias limitaciones para convertirse en una herramienta efectiva de mejora del bienestar laboral.

En este contexto, los especialistas consideran necesario avanzar hacia una ampliación y fortalecimiento de la negociación colectiva, implementar políticas fiscales y laborales más integradas que promuevan la formalización y desarrollar mecanismos permanentes de monitoreo del poder adquisitivo de los trabajadores, incorporando la evolución de los precios de los bienes esenciales.

El crecimiento económico debe traducirse en bienestar compartido. De lo contrario, existe el riesgo de consolidar un modelo de desarrollo desigual, donde las ganancias se concentran en determinados sectores mientras amplios segmentos de la población permanecen rezagados.