Pese a que Paraguay se consolida año tras año como una potencia ganadera global, las góndolas de los supermercados y las pizarras de las carnicerías locales reflejan una realidad asfixiante para el bolsillo ciudadano: el precio de la carne vacuna no frena su escalada.
¿Por qué un país con más vacas que habitantes paga la carne tan cara? La respuesta combina el éxito exportador, los cambios en la industria y una fuerte concentración del mercado.
El "boom" de la exportación arrastra los precios locales
La principal razón del encarecimiento radica en que el consumidor paraguayo compite directamente con la demanda de los mercados más exigentes del mundo.
Con la histórica apertura de plazas premium como Estados Unidos, sumada a la consolidación de los envíos a Taiwán, Israel y Filipinas, la demanda de proteína roja paraguaya se encuentra en su punto más alto.
Según datos económicos recientes, los precios internacionales de exportación registraron un salto del 46,3%. Al cotizar mejor en el extranjero, los frigoríficos destinan cerca del 70% de la producción nacional a los mercados externos.
Esta dinámica genera un "efecto arrastre": el valor en las góndolas locales aumentó un 32,5% para equiparar la rentabilidad que los industriales obtienen fuera de las fronteras.
Del animal ya no sobra casi nada
Décadas atrás, el negocio de los frigoríficos consistía en exportar alrededor del 42% de los cortes más finos de la res (como el lomito o la carnaza negra) y dejar el resto —incluyendo la costilla y el vacío— para abastecer el mercado doméstico a precios accesibles. Hoy, esa realidad cambió drásticamente.
Mediante procesos industriales modernos como el trimming (recortes destinados a carne molida industrial) y la autorización para enviar cortes con hueso al exterior, la industria logra exportar hasta el 87% de un solo animal.
El remanente que queda para el consumo de los paraguayos es mínimo y, ante una menor oferta con la misma o mayor demanda, el precio inevitablemente se dispara.
El debate por la concentración
A la ecuación económica se suma un factor estructural que genera fricciones entre productores, industriales y consumidores: la concentración del mercado ganadero. Actualmente, apenas tres grandes grupos empresariales controlan cerca del 70% de la faena total en el país.
Diversos analistas económicos y gremios de la producción advierten que esta posición oligopólica otorga a los grandes frigoríficos un poder significativo para establecer los márgenes de ganancia.
Esto les permitiría pagar menos a los productores por el ganado en pie, pero mantener elevados los precios de venta al consumidor final en los supermercados.
Cambios de hábito a la fuerza
Ante la rigidez de los precios de la carne vacuna, las familias paraguayas han tenido que modificar su dieta a la fuerza. Cortes tradicionales para el asado han sido desplazados por alternativas más accesibles para la economía familiar, impulsando el consumo de carne de pollo y cerdo, que hoy funcionan como los principales aliados del presupuesto hogareño.
El desafío para el sector y el Gobierno sigue vigente: encontrar un equilibrio que permita al país continuar destacándose en los mercados internacionales, sin privar a las mesas paraguayas de su plato más tradicional.