ECONOMÍA Y PRODUCCIÓN

El guaraní más fuerte pone presión sobre rentabilidad de la ganadería y competitividad exportadora

La apreciación de la moneda local reduce la conversión a guaraníes de los ingresos que genera la carne en los mercados internacionales, mientras los costos de producción permanecen mayoritariamente en moneda nacional. El sector advierte que el efecto ya golpea los márgenes del productor y puede limitar la reinversión.
Presidente de la ARP, Daniel Prieto. Foto: Gentileza.

La fortaleza del guaraní, que desde la perspectiva macroeconómica refleja estabilidad y una menor presión cambiaria, comienza a convertirse en un factor de preocupación para uno de los principales sectores exportadores del país. La cadena ganadera advierte que la apreciación de la moneda local está erosionando la competitividad y reduciendo la rentabilidad del productor, pese a que los precios internacionales de la carne atraviesan un momento favorable.

El presidente de la Asociación Rural del Paraguay (ARP), Daniel Prieto, planteó la preocupación durante la inauguración oficial de la Expo Paraguay 2026. Señaló que la mayor parte de los ingresos de la cadena cárnica proviene de las exportaciones y se genera en dólares, mientras que buena parte de los costos del productor —salarios, combustibles, servicios, mantenimiento, impuestos e inversiones— se afronta en guaraníes.

El problema aparece cuando el dólar pierde valor frente al guaraní. Cada dólar obtenido por la exportación se transforma en una cantidad menor de moneda local, pero los costos internos no disminuyen en la misma proporción. El resultado es una compresión de los márgenes que termina afectando principalmente al eslabón primario, que tiene menor capacidad para trasladar el impacto a los precios.

La situación genera una paradoja para la economía paraguaya. El país necesita exportar para generar divisas y sostener su crecimiento, pero el ingreso de dólares y la fortaleza de la moneda local pueden terminar debilitando la posición competitiva de quienes producen para los mercados internacionales. La discusión, por tanto, excede al sector ganadero y alcanza a todo el modelo exportador paraguayo.

El reclamo adquiere mayor relevancia en un momento en que la carne paraguaya mantiene una fuerte inserción internacional. Paraguay produce alrededor de 640.000 toneladas de carne bovina al año y exporta unas 420.000 toneladas, lo que lo ubica entre los principales proveedores mundiales. En este escenario, cualquier variación significativa de los costos internos o del tipo de cambio tiene un impacto directo sobre la capacidad de competir con otros países productores.

A la presión cambiaria se suma una situación estructural que ya venía generando preocupación: la reducción del hato bovino. Entre 2020 y 2025, el stock nacional habría descendido de unos 14 millones a 12,8 millones de cabezas, una caída acumulada cercana al 9%. La menor disponibilidad de animales y la necesidad de recomponer el stock requieren condiciones de rentabilidad que permitan al productor retener vientres e invertir en la expansión de su capacidad productiva.

El sector sostiene que la pérdida de competitividad no debería recaer exclusivamente sobre el productor primario. La ARP considera que la competitividad de las actividades exportadoras debe formar parte de la política económica, especialmente en un país cuya generación de divisas depende en buena medida de la producción agropecuaria. La preocupación no se limita al ingreso actual, sino a la posibilidad de que una menor rentabilidad reduzca las inversiones necesarias para sostener el crecimiento futuro.

El debate sobre el tipo de cambio plantea así un desafío complejo para Paraguay. Una moneda fuerte puede beneficiar a consumidores y sectores que dependen de productos importados, pero al mismo tiempo puede restar competitividad a quienes producen y venden en el exterior. La cuestión central pasa por encontrar un equilibrio que preserve la estabilidad macroeconómica sin trasladar los costos de la apreciación cambiaria a los sectores que generan exportaciones, empleo e ingreso de divisas.

Para la ganadería, el escenario exige mirar más allá del precio internacional de la carne. La competitividad se define por la relación entre ingresos, costos, productividad y tipo de cambio. Si el productor recibe menos guaraníes por cada dólar exportado mientras sus costos continúan aumentando, un ciclo internacional favorable puede no traducirse en una mejora equivalente de su rentabilidad.