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"¡Tierra!", de Irina Ráfols

Irina Ráfols nos ofrece con "¡Tierra!" una mirada profundamente humana sobre Hernando Arias de Saavedra —Hernandarias—, aquel criollo que gobernó un territorio inmenso, que en su tiempo abarcaba lo que hoy serían partes de Paraguay, Argentina, Uruguay, Bolivia y Brasil. Era, literalmente, el corazón del Cono Sur colonial: un espacio todavía en formación, donde empezaba a escribirse la historia de estas tierras.

Hugo Vigray
por Hugo Vigray 7 Diciembre de 2025
7 Diciembre de 2025
"Tierra", novela de Irina Ráfols recientemente publicada por Editorial Rosalba.
"Tierra", novela de Irina Ráfols recientemente publicada por Editorial Rosalba. Cortesía

La historia que nos propone Irina también es vasta, casi hiperbólica por momentos. Con el pulso de quien conoce los límites entre la historia y la ficción, nos conduce —a través de esta novela histórica— por el territorio del ensayo y la historia crítica, combinando con admirable equilibrio el contexto político y social con las emociones y fragilidades de los hombres que lo habitaron.

No busca describir psicológicamente a los personajes: deja que sean los hechos los que hablen por ellos. En cada capítulo, breve y preciso, los acontecimientos se imponen con fuerza narrativa, pero sin renunciar al vuelo poético que solo la buena literatura puede alcanzar.

Hernando Arias de Saavedra, o simplemente Hernandarias, fue el primer criollo que gobernó estas tierras. Nacido en Asunción, nieto de conquistadores, supo combinar la disciplina del poder con una mirada nueva, americana. Fue gobernante, organizador, promotor de la educación y la ganadería, pero también un hombre de profundas contradicciones.

Esa doble raíz —la del conquistador y la del mestizaje— lo convierte en símbolo de una América que comenzaba a reconocerse a sí misma. En ¡Tierra!, Irina nos invita a mirar más allá del héroe y descubrir al hombre: el que amó, dudó y soñó con construir un orden nuevo sobre una tierra que apenas despertaba.

Hay teorías que creen que Hernandarias fue responsable de dejar al Paraguay sin salida al mar, pero en realidad la división que separó al Paraguay del Río de la Plata fue una decisión de la Corona española, tomada en su tiempo, aunque no por él. Como gobernador, le tocó simplemente aplicar una medida que venía de arriba. Lo cierto es que Hernandarias defendía los intereses de Asunción y del interior, pero el poder político y comercial ya empezaba a desplazarse hacia Buenos Aires.

Sobre esto, la autora se permite su opinión y podemos compartirla: "Que el resultado fue desafortunado para el Paraguay de nuestra época, sin duda. Por esta división perderá la salida al mar. Hernán fue el gobernador en el momento en que la división se concretó, y pareció verse desde nuestra óptica como el culpable, y esa equivocada atribución pervive".

Aunque el libro transita por un amplio contexto histórico y menciona muchas otras figuras clave, como Roque González de Santa Cruz y las autoridades coloniales de aquel tiempo, ¡Tierra! se concentra en tres historias profundamente humanas: la de Hernandarias; la de Beatriz, la mujer criolla que amó con intensidad y con quien tuvo su único hijo varón; y la de Eraxái, un personaje entrañable dentro de la rudeza de su origen indígena.

Eraxái, educado por los jesuitas, encarna la tensión entre dos mundos. Aun habiendo recibido la enseñanza europea, se resiste a la domesticación total a la que los conquistadores —y las propias estructuras del poder colonial, de las que Hernandarias también formó parte— sometieron a los pueblos originarios.

Porque hay que decirlo: aunque la historia suele presentar a Hernandarias como protector de los indígenas, también fue actor dentro de un sistema que implicaba dominación y sometimiento. En ese marco, Eraxái representa la voz de la resistencia, la conciencia crítica que no se rinde ante la injusticia, pese a los lazos afectivos y de lealtad que lo unían al propio Hernandarias.

En este personaje, Irina Ráfols encuentra el canal para interpelar el contexto histórico del que se ocupa: la contradicción de una tierra que empezaba a definirse entre la obediencia y la libertad.

Beatriz, la relación extramatrimonial de Hernandarias, no interpela la historia como lo hace Eraxái, pero se convierte en un personaje esencial: pone frente al hombre de insobornables principios éticos y políticos la fuerza del amor y la vulnerabilidad humana. Beatriz revela al Hernandarias íntimo, aquel que amó con intensidad y cuya vida personal, lejos de opacar su legado, nos permite comprenderlo en toda su complejidad, entre la rigidez del deber y la fuerza de los afectos que moldearon su historia y su memoria.

Técnicamente, Irina Ráfols hace un uso magistral del diálogo para sumergirnos en la historia, aunque, como ya mencionamos, por momentos deja volar plenamente a la narradora que lleva dentro, desplegando sus alas con libertad y fruición.

La novela cobra fuerza de ensayo cuando la autora se permite reflexionar: "no podemos juzgar, sin riesgo de caer en el prejuicio o en el error de estimación, la labor de estos primeros hombres de la historia, obligados a sobrevivir en circunstancias extremas, observando su actuar únicamente desde nuestro tiempo y nuestro arraigo emocional a la tierra. ¿Podrían ellos prever el futuro?".

A lo largo de la obra, Irina maneja con destreza el ritmo narrativo mediante rupturas de la línea temporal, realizando saltos que enriquecen tanto la narrativa como el contexto histórico, aquello que los especialistas llaman flashback, y que aquí se vuelve un recurso literario al servicio de la comprensión del pasado.

Un libro como el de Irina, que forma parte de una trilogía que se completará en breve, es más que necesario. Nos recuerda que la ficción histórica tiene un valor insustituible: nos permite comprender la historia desde adentro, sentir los dilemas, las pasiones y las decisiones de quienes la protagonizaron, más allá de los hechos fríos y los documentos. La ficción nos ayuda a habitar el tiempo de los personajes, a entender sus motivaciones y su humanidad, y a mirar el pasado con complejidad.

¡Tierra! nos invita a descubrir aspectos poco difundidos de un hombre honorable como pocos: protector de los pueblos nativos, explorador, fundador de ciudades y pueblos, guerrero que buscó mejorar la vida de los más necesitados, y uno de los últimos conquistadores admirado incluso por los reyes. En estas páginas, Irina nos permite redescubrir a Hernandarias, no solo como gobernador o figura histórica de la región conocida en su época como la Gobernación del Río de la Plata y del Paraguay o, anteriormente, la Provincia Gigante de Indias, sino como ser humano lleno de contradicciones, principios y pasiones.

En la misma línea, la novela nos recuerda la importancia de revisar críticamente la historia, sobre todo en lo que respecta a la transculturación y a las consecuencias de la labor de hombres como Hernandarias. La autora pone en palabras de Eraxái una reflexión potente sobre el tema.

Dice Eraxái: "La tierra es de todos. El agua, la vida que hay en el río, la selva con la sabiduría de las plantas. La vida entera es un ofrecimiento de los dioses a los hombres, no a algunos en especial. La tierra no tiene favoritos. Así lo vemos nosotros. ¿Por qué toda esta riqueza de vida va a pertenecer a uno solo o a unos pocos? Con nuestras leyes todos éramos iguales. Con las vuestras, lo perdimos. Esto hizo vuestra idea de propiedad".

Y concluye con un pensamiento todavía más poderoso: "La tierra son los hijos".

 

* Hugo Vigray es escritor y comunicador. Cuenta con más de veinticinco años de trayectoria en medios y quince como estratega senior en comunicación corporativa, donde se ha especializado en la gestión de crisis y reputación.

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