Bernardo Aranda fue matado de manera cruel el 1 de septiembre de 1959 en una habitación que alquilaba en una casa en Asunción. Con su muerte también se reprimió una emergente vitalidad de la música rock 'n' roll, que él había iniciado. Siguieron las acusaciones y difamaciones mediáticas en contra de hombres homosexuales, muchos de ellos llevados por las calles; según la publicación de un periódico oficial fueron arrestadas e interrogadas 108 personas de dudosa moral, o "amorales", como se las llamaba despectivamente.
A Aranda, quien había regresado de Buenos Aires un poco más de un año antes, rápido se lo conoció en toda Asunción por su talento para el baile y el canto. Así, el muchacho campesino cuya apostura de Narciso seducía a hombres y mujeres, logró imponer la nueva música norteamericana en el Paraguay y, con su habilidad para moverse entre personas de diferente clase social, edad y sexo, velozmente comenzó a relacionarse con varias de ellas. Cuando lo encontraron muerto, su cuerpo maltratado y carbonizado, su habitación cerrada con llave por adentro, fueron sospechados tanto los esposos o padres de sus amantes como sus amados, algunos señores de clase superior. Nunca se encontró al asesino.
¿Quién mató a Narciso? Cuando la realidad supera la imaginación, se presta aún más para la ficción. Tal es así que Guido Rodríguez Alcalá investigó sobre el tema y en su novela Narciso (Asunción: Criterio Ediciones, 2016) hace revivir las circunstancias de la vida y la muerte de Bernardo Aranda alias Narciso Arévalo. Dicha novela inspiró al director de cine Marcelo Martinessi su película del mismo nombre, Narciso, que acaba de estrenarse en el festival de cine "Berlinale" en Berlín, Alemania, el pasado 17 de febrero.
A continuación, se presentará tanto la novela escrita por Guido Rodríguez Alcalá como la película dirigida por Marcelo Martinessi, a fin de comparar la figura principal en las dos ficciones.

Narciso, la película de Marcelo Martinessi (2026)
En los genéricos de la película Narciso se menciona la novela del mismo título; aún así, queda claro que se tomaron tan sólo algunas ideas de ella y que se añadieron otras más aptas para una realización fílmica. En primer lugar, cabe mencionar el marco temporal: mientras que en la novela los acontecimientos se narran desde una distancia de 20 años, la película empieza con la búsqueda de Narciso y el hallazgo de su cadáver. Dada esta información previa, se retrocede un año y se muestra de manera muy contundente como este joven del campo logró seducir tanto a su público como a su patrón.
El actor paraguayo Diro Romero es muy convincente en el rol de "Narciso", personaje de la mitología griega famoso por su belleza y su vanidad. Con su alta estatura siempre sobrepasa a los otros hombres, tanto al operador de la radio Isidro (Aníbal Ortiz) como al estadounidense Mr. Wesson (Nahuel Pérez Biscayart), hasta aventajar a su jefe Juan Lulú Bermúdez (Manuel Cuenca). La persuasiva figura de Narciso se gana la simpatía tanto de la dueña de la casa, Goya (Mona Martínez), a quien alquila una habitación, como del espectador de la película, hasta tal grado que se le perdona todo, suscitando de esta manera mayor compasión por parte del público.
Narciso nos hace revivir los años 50 y 60 con la música de Elvis Presley y Bill Haley. La banda sonora de la película es conmovedora, tanto en sus momentos más alegres como en los de tensión, y con mucha razón Zeltia Montes fue galardonada con el Premio Giuseppe Becce. Volviendo a la trama, el protagonista rápidamente logra convencer a Chinita Montiel, "la emperatriz de la canción paraguaya" (en el rol brilla Mimí Monte), que salga al escenario y cante "Lucille", de Little Richard. El microcosmos de la Radio Capital refleja el cambio incipiente en toda la ciudad anhelando mayor libertad. Con el asesinato de Narciso se frenará todo este despertar y Chinita Montiel volverá a cantar el folclor paraguayo en la escena final de la película.

Otro aspecto de la resistencia contra el régimen es el uso de la lengua guaraní en algunos diálogos. Para el director Martinessi, en una entrevista concedida al Instituto Goethe, recurrir a la lengua guaraní no le sirve tanto como expresión política y mucho menos nostálgica, sino más bien como símbolo de la identidad nacional; el actor Manuel Cuenca me contó que se les pasó por ser "tan natural hablar en guaraní". De todos modos, suscita el interés de un público internacional para darse cuenta del bilingüismo existente en el Paraguay.
Con la reproducción de radio de Drácula, leída por Ricardo Turia (Arturo Fleitas), Marcelo Martinessi retoma un tema de la novela de Guido Rodríguez Alcalá y lo expande como leitmotiv, motivo conductor, de su película. El miedo creciente que genera esta radionovela, muy popular en aquel tiempo, refleja el miedo creciente de la sociedad paraguaya, comentó el director Marcelo Martinessi en el estreno en Berlín. El ambiente de la película es denso y sombrío, con el trabajo de cámara al estilo del film noir.
Last, but not least, la película de Marcelo Montinessi fascina por sus imágenes, realizadas por el excelente camarógrafo Luis Armando Arteaga. Basta con mirar el póster oficial con un Narciso entre cortinas, todo en colores cálidos. Mientras que en el momento de la foto él está detrás en la sombra, listo para salir y mirando hacia el auditorio, en un instante va a estar en la luz, en el centro del escenario. Añadimos el ejemplo de cuando Lulú va en su coche por las calles nocturnas de Asunción en búsqueda de un amante, vemos una imagen santa en el espejo retrovisor y la estrella Mercedes delante de él - las dos características de su aparición pública. Cada detalle está en su lugar, cada detalle es importante para la trama o tiene un significado metafórico. Chapeau!
La película Narciso recibió el Premio FIPRESCI, otorgado por la Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica, porque la película "no explica el autoritarismo, pero lo vuelve audible y tangible a través de la radio y los espacios interiores de una ciudad". En síntesis, es una película que no define la dictadura del Paraguay, sino que hace respirar en cada uno de sus momentos oscuros la angustia y el terror que reinaban. Y, para terminar con las palabras de Marcelo Martinessi: "Narciso no es sólo una película histórica, sino una memoria proyectada hacia adelante, una memoria que mira al futuro."
Narciso, la novela de Guido Rodríguez Alcalá
"Veinte años no es nada solamente en el tango", es el lema inicial de la novela [1]. Lolita está en el aeropuerto de Barajas, Madrid, veinte años después de salir de Asunción y piensa reconocer al Elvis paraguayo. Esta breve retrospectiva hace crecer mucho la curiosidad del lector por saber qué pasó con los dos en el Paraguay de finales de los años 50. Así, varios capítulos retoman la situación en el aeropuerto para seguir el pensamiento de Lolita hacia aquel tiempo.
Lolita, quien está "dispuesta a poner en su lugar las piezas del rompecabezas" [2], guía al lector por la novela a través de los ojos de una joven quinceañera de clase media alta en una situación bastante cómoda puesto que su padre, David González, es gerente del periódico Patria, leal al régimen. Narra los acontecimientos políticos desde la perspectiva de una joven que en este momento "no sabía todavía lo horrible que la política podía ser" [3]; pero, con la opresión creciente en el país y la brutal represión de la huelga estudiantil en la calle por los militares en el 59, la joven comienza a ver la situación de su país de manera más crítica. Ella y sus amigas son representantes de una sociedad paraguaya y explican cómo pudo pasar que tantos jóvenes intelectuales de clase media alta no dijeran ni mucho menos hicieran nada durante los primeros años del gobierno de Alfredo Stroessner.

El narrador principal, sin embargo, es un historiador tipo cronista, que hace comentarios sarcásticos, apuntes meticulosos, correcciones según informaciones recibidas más tarde y quien, a veces, incluso se autocorrige; en síntesis, quien teje el hilo narrativo. El relator guía al lector tanto por la historia como por la trama, haciendo frecuentes alusiones a la situación histórico-política en el Paraguay y en otros países latinoamericanos, como por ejemplo Cuba antes de la revolución y la toma del poder por Fidel Castro; explica la situación política y económica del Paraguay dentro del contexto interamericano y, asimismo, orienta al lector acerca de la época de finales de la década de los 50. A veces también habla un historiador sarcástico, por ejemplo, al comparar la corte de Louis XIV con los militares de Stroessner [4].
El enfoque narrativo múltiple permite al texto presentar la historia desde diferentes ángulos, de manera que el lector nunca puede confiar demasiado en la información dada, y está confrontado con la necesidad de armar él mismo las piezas del rompecabezas, sobre todo en lo que se refiere a la figura central, Narciso. Este joven vino de Buenos Aires a Asunción con la ilusión de ganarse la vida con su talento de músico y seductor. Lo conocemos como mujeriego, a quien le gustan las hijas de padres con dinero e influencia política, y como hombre que tiene relaciones sexuales con otros hombres, sea porque lo forzaron o sea para su propio provecho. Narciso se nos presenta como víctima de la situación de opresión política y social en aquella época. A la vez, es muy soberbio y cuando su novia Noemí le advierte tener más cuidado con personas como el diplomado Wesson, Narciso la apacigua con las palabras: "¡Los tengo a todos en el bolsillo!" [5].
La novela Narciso, de Guido Rodríguez Alcalá, es una crónica de una muerte anunciada; mediante la muerte se explica el crimen al lector. Tal como en la famosa novela de Gabriel García Márquez, se trata de una muerte anunciada que hubiera podido impedirse, pero los espectadores preferían estar de miranda y el destino estaba contra el asesinado - puesto que varios intentos de previo aviso no le llegaron. Bien al contrario de esa novela, en Narciso nunca se conoce al responsable del crimen. Es un asesinato a puertas cerradas, tal como en "Los crímenes de la calle Morgue" de Edgar Allan Poe. Sólo que en el caso de Narciso Arévalo -Bernardo Aranda- con seguridad no fue un orangután el culpable.
Narciso: del mito a la realidad, de la escritura a la imagen
Cuando Bernardo Aranda llegó a Asunción en 1958, pronto se le conoció en toda la ciudad por su apariencia bella, su vanidad, de manera que, por su encanto se pareció a la figura Narciso de la mitología griega. Narciso mitológico fue castigado por la diosa de la venganza Némesis a enamorarse en su propia imagen en un estanque hasta que se cayó en el agua, puesto que había rechazado el amor de la ninfa Eco. Nunca se supo quien había matado al Narciso paraguayo y por qué motivo; aun así queda claro que fue castigado por su vanidad y soberbia, tanto por el régimen como por la sociedad asuncena.

El Narciso de la película es hermoso y vanidoso, se mueve en un ambiente oscuro y se puede presagiar su final fatal. Este joven seductor representa todo lo que el régimen autoritario detesta y teme; es la personificación del deseo y de la libertad. El Narciso de la novela es más bien víctima de su belleza tanto como de su ambición; lo haría todo para lograr su fin, ascender a músico internacional y moverse en la sociedad alta. Son los otros, tanto su jefe como el agregado cultural estadounidense, tanto su novia como varios mujeres y hombres mayores, quienes se enamoran de él. De esta manera y hasta cierto grado, por ser un muchacho inofensivo en este mundo ajeno, se gana la simpatía de los lectores.
La multiperspectiva le ofrece a la novela la posibilidad de mostrarlo al protagonista desde diferentes ángulos, y así permite una identificación -positiva o negativa- con él. En una larga analepsis, Lolita piensa reconocer en el aeropuerto de Barajas, Madrid, a su pretendiente Narciso, el Adonis guaraní, el Elvis paraguayo. Recuerda los acontecimientos relacionados con su asesinato que la forzaron a salir del país. A la vez, un historiador casi omnisciente narra muchos detalles históricos que permiten ubicar el lector perfectamente en el tiempo y teje el hilo narrativo. Mientras tanto en la película, con pocas excepciones, tales como el repetido eslogan "Viva el Rubio", no hay alusiones a Asunción o al Paraguay y de esta manera queda abierto al espectador reconocer que la trama se desenrolla en la capital de un país bajo la dictadura de Alfredo Stroessner. Aun así, la radionovela Drácula sirve como hilo rojo a través de la película mostrando con su texto y los tonos acompañantes el miedo creciente entre la población.
De manera que, mientras que la novela comprueba una crítica minuciosamente investigada al creciente autoritarismo bajo Stroessner a finales de los años 50, la película presenta una historia de autoritarismo universal, donde reina el miedo, la vigilancia y el silencio. En los dos, el final claramente muestra que, en un régimen de opresión y terror, pierde el individuo y la libertad es una quimera.

Notas
[1] Guido Rodríguez Alcalá, Narciso, Asunción: Criterio Ediciones, 2016, p. 11.
[2] Íbid., p. 98.
[3] Íbid., p. 161.
[4] Íbid., p. 103.
[5] Íbid., p. 108.
* Sonja María Steckbauer es académica austriaca especializada en literaturas y culturas latinoamericanas. Es doctora por la Universidad de Salzburgo y realizó sus estudios posdoctorales en la Universidad Católica de Eichstätt-Ingolstadt.