La exposición Maria Bonomi: el arte de amar, el arte de resistir, en cartel en el Paço Imperial, en Río de Janeiro, invita al visitante a una experiencia de inmersión. Son más de 250 obras distribuidas en 11 salas de la histórica casona, cubriendo siete décadas de producción. La curaduría de Paulo Herkenhoff y Lena Peres, quien también tuvo a su cargo el montaje, propone un recorrido no cronológico, casi en espiral, en el cual las obras se cruzan, reverberan y se reactualizan. La artista surge íntegra: múltiple, coherente y contradictoria, como la propia historia del arte moderno y contemporáneo brasileño.
Ya en la entrada, la exposición establece un diálogo entre el tiempo y la materia. Grabados conviven con pinturas geométricas de inicios de carrera, trabajos de juventud se mezclan con esculturas. Cada retoma sugiere el despertar de nuevas capas de sentido. Bonomi nunca se repite, ella amplía. En sus palabras: "Grabar es herir y, al mismo tiempo, revelar". Ese gesto físico, tenso y poético es el eje que atraviesa toda la muestra.


El título de la exposición anuncia los dos vectores de su vida y de su arte: amar y resistir. Amar, en el sentido de crear, cuidar y compartir. Resistir, en el sentido de permanecer, desafiar el tiempo y reinventarse. A sus 90 años, Maria Bonomi continúa haciendo del arte un laboratorio de experiencias.
Formada en Europa, y más tarde alumna de Lívio Abramo en São Paulo, Bonomi siempre consideró el grabado como territorio. La madera, el metal, el cemento y la fibra son sus aliados. El gesto de grabar es también una forma de pensar el espacio, de crear un relieve entre lo visible y lo invisible. Como observa Herkenhoff, "en Maria, el acto de imprimir no es repetición, sino multiplicación". Cada impresión es un nuevo nacimiento, un intento de reescribir el tiempo.

El retrospecto, y no la retrospectiva, como quiere Herkenhoff, reúne trabajos históricos, como Barcos y lunas, xilografía de 1956, con influencia constructiva, y Pedra Robat (1974), presentada en la última Bienal de Venecia (2024), cuando Bonomi fue invitada a participar de la edición, cuyo tema fue Stranieri Ovunque (Extranjeros por todas partes). Están presentes también las xilografías coloridas de gran formato producidas a partir de los años 1970, entre ellas Tropicália, que estampa la tapa del catálogo. En el conjunto se destaca Tetraz (2005), la danza de los cuchillos, hecha en papel artesanal nepalés, y los Epigramas, objetos en cobre, aluminio y latón creados a partir de los años 1980. En ellos, la artista transforma el metal en escritura, en pensamiento visual. Las texturas ganan voz y el relieve se convierte en lenguaje.
El video experimental Paris Rilton (sic), de 2011, creado por Bonomi y dirigido por Walter Silveira, con banda sonora de Cid Campos, ironiza la frivolidad del consumo y de la celebridad. La artista muestra una escultura hueca, de aluminio fundido, con surcos que evocan sensualidad y crítica social. El humor y la acidez se combinan para desmontar el mito de la belleza instantánea, exponiendo el vacío de una sociedad fascinada por las apariencias.

En 1996, el MASP presentó Xilogravura: do cordel à galeria (Xilografía: del cordel a la galería), bajo mi curaduría, reuniendo 600 obras de artistas, coleccionistas e instituciones. Fue un hito en la valorización del grabado brasileño. En esa ocasión, Haroldo de Campos escribió Elogio da Xilo (Elogio de la Xilografía), poema-manifiesto sobre el enfrentamiento entre cuerpo y materia. El texto cobró vida en el video dirigido por Walter Silveira, con las voces de Haroldo, Beth Coelho y Arnaldo Antunes, transformando el poema en experiencia sensorial. Era la propia Bonomi en escena, grabando xilografías en su taller, haciendo visible el gesto. El resultado fue el libro Elogio da Xilo, una colección de xilografías para coleccionistas.
Las relaciones de la artista con la literatura, la poesía y el teatro también se destacan en obras como Cuadrantes y Amor inscrito. Estos trabajos revelan una subjetividad poética, un territorio donde el arte se confunde con la vida. El erotismo sutil y el ideario amoroso de estas obras reflejan el encuentro entre Maria y Lena Peres, en 2004, relación que inspiró series como Love layers y Lena. En ellas, la artista transforma el afecto en arquitectura visual. Es el amor como estructura y resistencia, como dijo Herkenhoff: "Para Maria, el arte es un fenómeno entregado a la percepción del otro, para la proyección de significados".

Las conexiones de Bonomi con el teatro también siempre fueron fuertes. En la sala más amplia y múltiple de la exposición, trozos de elementos escénicos, hechos para la obra Peer Gynt, (1971), escrita por Henrik Ibsen, flotan en el aire. La textualidad de la vanguardia se siente con la mirada y el atrevimiento por las formas interrogantes. La xilografía Escenario (1962), que puede remitir al teatro de Samuel Beckett, comprueba el involucramiento continuo de Bonomi con el teatro, desde la década de 1960. Su obra se expande, contamina y se deja contaminar también por textos de escritores como Clarice Lispector, su amiga y confidente, con quien compartió transgresiones, gestos y utopías.
En las salas siguientes, el visitante encuentra a la artista en diferentes roles: creadora, activista, arquitecta de espacios públicos. Su trayectoria se mezcla con la historia del país. De las décadas de represión a la redemocratización, del arte experimental de los años 1960 al presente, Bonomi acompañó las transformaciones sociales con lucidez y coraje.

Revisitar a Maria Bonomi es revisitar también esa historia. Su obra pública, diseminada por plazas, metros y edificios, es extensión de un pensamiento colectivo. La artista construye para el otro, para la mirada de quien pasa. Son obras que respiran la ciudad y dialogan con la vida cotidiana, transformando el espacio urbano en experiencia lúdica. En obras como las que están en la Estación Sé del metro, en el Memorial de América Latina o en la Iglesia de la Cruz Torcida, en São Paulo, Bonomi incorporó en ellas el mundo obrero, transformó el espacio público en extensión de su poética, social y colectiva.
La curaduría de Herkenhoff y Peres opta por no cerrar el discurso. En lugar de cronología, una red de asociaciones. Las obras no se explican; se responden. Hay en ellas ecos, intervalos y correspondencias. Cada sala es un campo de fuerzas, un territorio de aciertos, contradicciones y retornos. El visitante es invitado a circular, perderse y reencontrarse entre gestos, materiales e indagaciones.

La exposición no solo revisita una carrera, celebra una actitud frente a la vida. La coherencia de Bonomi está justamente en la contradicción, en la capacidad de cambiar sin perder el control y eso queda claro en este retrospecto. Su arte y vida están hechas de persistencias, pero también de rupturas, cuando la situación lo pide. En tiempos de aceleración y banalidades, Maria Bonomi reafirma el arte como permanencia y seriedad. El arte de amar, el arte de resistir no es apenas el título de la muestra, es su modo de vivir desde siempre. Como queda demostrado al final de la visita, Bonomi representa un puente entre la técnica clásica del grabado y los trazos de la contemporaneidad.
"Me siento privilegiada por ocupar el Paço Imperial entre dos curadurías tan distintas: una delirante y distante, otra racional e intimista. La variedad de soportes y etapas presentadas reafirma mi propósito de compartir procesos nacidos de una misma llama creadora. Todo vibra en movimiento. Son ochenta años de búsqueda incesante, un acto de entrega, aún no de misión cumplida."

Nota de edición: El presente artículo fue publicado originalmente en el último número de la revista Arte! Brasileiros, editada por Leonor Amarante, a quien agradecemos su colaboración.
* Leonor Amarante es periodista, curadora y editora. Trabajó para el diario O Estado de S. Paulo, revista Veja, TV Cultura y Memorial da América Latina, y colaboró con World Paper Boston.