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La fecha abierta de Osvaldo Salerno

El gabinete de Osvaldo Salerno en el Centro de Artes Visuales/Museo del Barro se actualiza constantemente con obras curadas muchas veces por el propio artista. En esta ocasión, la introducción de una lápida desconcierta: allí, una fecha de inicio con una fecha de cierre, abierta.

Damián Cabrera
por Damián Cabrera 26 Octubre de 2025
26 Octubre de 2025
Obras de Osvaldo Salerno.
Obras de Osvaldo Salerno. Cortesía

La pulsión colectora de Osvaldo Salerno produce aproximaciones dirigidas por una sensibilidad matérica y memorias de tradiciones visuales plurales, que por repetición y acumulación sedimentaria definen su estética. La exhaustiva descripción de los materiales involucrados en sus obras objetuales, así como en sus instalaciones, sustituye la tradicional enunciación de la técnica: Papel, madera, vidrio, metal, materia orgánica —humana o no—; piezas anticuarias de uso decorativo doméstico, armas industriales y artesanales, mobiliario o instrumentos musicales; citas de textos. 

Insistencias gestuales y compositivas, así como intervenciones e inscripciones traman en la obra de Salerno una red que fuerza la captura de los objetos y sus excedentes de sentido en un campo semántico que en ocasiones desplaza funciones o libera los sentidos de su momento de identificación con el referente. En sus libros cavados, por ejemplo —repertorio habitual del artista—, la propia memoria del objeto receptáculo de los objetos intervinientes se activa y se deforma. Los objetos son así obligados a participar de una construcción de familiaridad rarefacta. Acariciados por la visión colectora del artista, las materias y los objetos —su iconografía, sus bordes estéticos— entablan una conversación que los transversaliza, muchas veces, a partir de la noción de lo siniestro.

Obras de Osvaldo Salerno.
El gabinete de Osvaldo Salerno. CAV/Museo del Barro. Cortesía

Sus piezas Pudridero I y Pudridero II presentan vitrinas, concebidas acaso a la manera de cristaleros domésticos que reúnen souvenirs de índole diversa. Los objetos son aquí expuestos a una de las apariencias del paso del tiempo: la ruina invocada en la acumulación del polvo, cuya consistencia invoca una cualidad un tanto espectral y pesimista, que con frecuencia aparece en las producciones culturales, relacionada con los horrores del fin de los tiempos. Incluso en las formas gráciles del patrimonio doméstico estético este carácter ominoso se activa a partir de la asociación con sus colectores: propietarios originales o aun la datación de su factura tensionan la temporalidad de escala humana: en muchos casos, quien creó estas piezas y quien las acarició originalmente ya no están. Pero los objetos no son lúgubres por naturaleza, y es en su acumulación y en la yuxtaposición y la ruina que este sentido se intensifica.

Obras de Osvaldo Salerno.
El gabinete de Osvaldo Salerno. CAV/Museo del Barro

El horror desempeña notables funciones culturales y rituales que, con frecuencia, están relacionadas con la aproximación a aquello que promete un daño —aunque desde el resguardo seguro de lo simbólico—, y la excitación es uno de los síntomas de dicha proximidad. La ritualística salerniana se impregna de cualidades lúgubres que parecen entreabrirse como una forma oscura de optimismo: la salida del abismo no ofrece la transparencia iluminada de los corazones apaciguados; supone, antes bien, una singularización de la oscuridad, que implica transformaciones subjetivas; tendencia apenas desestabilizada por el aforismo "salí del encierro oliendo a intemperie", del escritor paraguayo Augusto Roa Bastos, que aparece como inscripción en diversas obras del artista.

Obras de Osvaldo Salerno.
El gabinete de Osvaldo Salerno. CAV/Museo del Barro

La locución latina In ictu oculi[1] [En un abrir y cerrar de ojos] acompaña algunas piezas subrayando los instantes definitorios tanto del accidente como de la aparición fulminante; mientras que, en otras piezas, ojos desorbitados están paralizados en el instante de sorpresa que supone el encuentro con lo aciago.

Operaciones de inversión y revelado son presentadas en obras gráficas del artista: cuerpos y objetos impresos devienen visiones: huellas de potencias —como las terribles sombras radiactivas—, o imágenes subvertidas[2].

El gabinete de Osvaldo Salerno en el Centro de Artes Visuales/Museo del Barro se actualiza constantemente con obras curadas muchas veces por el propio artista. En esta ocasión, la introducción de una lápida desconcierta: allí, una fecha de inicio con una fecha de cierre, abierta. Este gesto lúdico ya fue empleado en otras ocasiones por Salerno, tanto en obras propias como en operaciones expográficas en la documentación de obras de otros artistas, y constituye una de sus maneras de aproximación a la muerte. La fecha final es, por ahora, una promesa incumplida.


Notas

[1] Cita a su vez a un óleo del género vanitas del artista español Juan de Valdés Leal de 1670-1672.

[2] Incluso los espejos, material empleado recurrentemente por Salerno, devuelven una imagen invertida.

 

* Damián Cabrera es escritor, investigador, docente, gestor cultural y curador. Su trabajo se desarrolla en las áreas de lengua, literatura, fronteras, arte, política y cultura. Es miembro de la Asociación Internacional de Críticos de Arte Capítulo Paraguay, y de los colectivos Ediciones de la Ura y Red de Conceptualismos del Sur.

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