CulturaIn memoriam

José Zanardini: Vida en abundancia

El pasado lunes 19 de enero nos dejó José (Giuseppe) Zanardini, sacerdote salesiano. Sin lugar a duda, es una gran pérdida para el país, para la Iglesia, para la congregación salesiana, para las ciencias sociales y en particular para las comunidades ayoreo en quien tenían un investigador, un divulgador, un defensor, alguien con quien compartir la vida.

Ignacio Telesca
por Ignacio Telesca 25 Enero de 2026
25 Enero de 2026
José Zanardini.
José Zanardini. Cortesía

El pa'i José llegó al Paraguay en 1978 con 36 años. Había nacido en Brescia, al norte de Italia, cerca de Milán. Formaba parte de una familia numerosa, eran diez hermanos de los cuales él era el octavo. Estudió ingeniería en el Politécnico di Milano entre 1965 y 1970, donde vivió toda la efervescencia del mayo francés y del resto de Europa.

Tenía una vida religiosa parroquial y mismo en la Universidad formaba parte de la Federazione Universitaria Cattolica Italiana (FUCI). No es extraño, entonces, que en este momento de ebullición se decantara por la vida religiosa, aunque quizá sí por la vertiente salesiana con la cual no tenía mayor relación que la de ser lector del Boletín Salesiano que llegaba a su casa familiar.

En varias entrevistas Zanardini menciona la vida del padre Renato Ziggiotti como inspiradora. Este sacerdote salesiano había sido, desde 1952 hasta 1965, el rector mayor de los salesianos y se caracterizó por haber sido el primero en recorrer cada una de las provincias salesianas en el mundo. Seguramente, los relatos de sus visitas y de las actividades que tenía la congregación en América con las comunidades indígenas le fueron despertando su interés y su vocación.

La cuestión es que, al terminar sus estudios en Milán, Zanardini se unió a la congregación creada por Don Bosco y, tras estudiar filosofía y teología, se ordenó sacerdote en 1975 (el año pasado celebró sus 50 años de ejercicio). Su primer destino fue Boloña, donde enseñó en el Instituto Técnico Industrial, de allí vino al Paraguay, donde arribó en 1978.

Su primera actividad pastoral también fue la enseñanza, con los jóvenes en la escuela nocturna, al tiempo que colaboraba en la construcción de viviendas populares. Al fin, era ingeniero.

Ya en la década de 1980 lo vemos viviendo con el pueblo ayoreo en la misión que los salesianos tienen en María Auxiliadora. La presencia salesiana en el Chaco data de fines del siglo XIX y, con los ayoreos, desde la década del 60 del siglo pasado. Zanardini se suma así a la actividad que ya venían desarrollando religiosos y religiosas salesianos.

Sin embargo, no quisiera centrarme en su vida, para lo cual hay personas con mayor capacidad y conocimiento cercano de Zanardini. Yo quisiera compartir mis vivencias con él, intentando mostrarlo a partir de mi interacción.

José Zanardini.
José Zanardini. Cortesía

Conocí al pa'i José en 1990; yo vivía en esos momentos en la misión de Arroyo Guasu, con la comunidad avá chiripá, junto con la hermana Mariblanca Barón, sierva del Espíritu Santo, y la maestra Juana (no recuerdo su apellido, aunque de ella me recuerdo muy bien). Ese año surge la posibilidad de estudiar Antropología Aplicada, una carrera a distancia de la Universidad de Cuenca, en Ecuador. Quien coordinaba todo en Paraguay era José Zanardini y recuerdo el primer encuentro que tuvimos en Asunción donde nos juntamos todos los interesados.

Tengo muy vívidos esos momentos porque Zanardini nos llevó a conocer las referencias antropológicas del Paraguay. Tuvimos un encuentro con Miguel Chase Sardi, luego visitamos el Museo Etnográfico "Andrés Barbero" y conversamos con Branislava Susnik y finalmente conocimos el Museo Arqueológico y Etnográfico Guido Boggiani en San Lorenzo, dirigido por José Antonio Perasso.

Esa experiencia fue para mí un sueño. La hermana Mariblanca me había dado como tarea leer toda la bibliografía referente a las comunidades chiripá para buscar información fehaciente que garantice su presencia en el territorio, que en esos momentos estaba en disputa. Susnik, Perasso-Vera, Chase Sardi, fueron lecturas obligatorias y poder encontrarlos no era algo frecuente para alguien entrando en sus veinte y con muchas cosas nuevas que aprender. 

Ciertamente, Zanardini fue una figura clave en la concreción de dicha carrera antropológica y su cercanía, amabilidad y don de gentes hicieron que estos encuentros se convirtieran en algo más que académicos.

Para 1992 yo ya había tomado otros rumbos religiosos, junto con los jesuitas, y perdí el contacto asiduo con el pa'i José, aunque no faltaban los encuentros circunstanciales.

Volvimos a interactuar casi dos décadas más tarde. Zanardini estaba al frente del Centro de Estudios Antropológicos de la Universidad Católica (CEADUC) y era el responsable de la editorial y de las revistas que publicaba, Suplemento Antropológico y Estudios Paraguayos.

Yo ya era docente en la Universidad y nuestra relación era frecuente y, como era él, siempre me invitaba a incorporarme a las actividades del CEADUC. Es así que, en ocasión del Bicentenario de la Independencia, le propuse crear una colección especial - "Colección Bicentenario"- que tuviera como fin dar a conocer investigaciones serias y profundas sobra la historia del Paraguay, en especial del siglo XIX. La intención era publicar fundamentalmente tesis doctorales. Como era de esperar, no solo me dio vía libre, sino que me fue acompañando en todo el proceso de edición y publicación (con la ayuda inestimable de Myrian Gaona). Así parecieron las obras de Nidia Areces, Thomas Whigham y Ricardo Paveti, entre otras, y así por más de un lustro.

Finalmente, el último compartir con Zanardini fue en la Academia Paraguaya de la Historia, donde él también era miembro de número (además de formar parte de la Academia de la Lengua, de la Asociación de Indigenistas del Paraguay, de varias comisiones del CONACYT, y la lista puede continuar). Mes a mes compartimos con él su jovialidad. Seguramente era el mayor de los todos, pero su presencia distendía el ambiente. Ya era una sana costumbre escuchar sus saludos de "Alegría, alegría" al ingresar a la sala. Imposible no relajarse y responder con igual candor.

Giuseppe Zanardini será recordado seguramente de distintas maneras, en las diferentes esferas en las que supo actuar -como sacerdote, misionero, antropólogo, lingüista, historiador-, pero nadie podrá dejar de referirse a él como un ser humano lleno de vida. 

Un lema evangélico del Equipo Nacional de Misiones es la cita del Evangelio de Juan "yo vine para que tengan vida, y vida en abundancia" (Jn 10,10b). El pa'i José lo cumplió a rajatabla.

 

* Ignacio Telesca es historiador, miembro de la Academia Paraguaya de la Historia y del Comité Paraguayo de Ciencias Históricas (CPCH).

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