El estudio del impacto de las guerras en la educacio?n, desde la mirada de las ciencias histo?ricas, es una tarea altamente compleja, en la que es necesario enfrentarse a la tensio?n entre la emocionalidad, la sensibilidad, los juicios e?ticos y morales, con la comprensio?n histo?rica que se produce con los instrumentos y conceptos de la disciplina. Incluso, se trata de algo au?n ma?s importante: una comprensio?n adecuada de los agentes, hechos y procesos que forman parte de las relaciones entre guerra y educacio?n, es requisito previo fundamental para, luego, emitir juicios e?ticos, morales y poli?ticos.
La complejidad del ana?lisis aumenta, dado que, desde la modernidad, el sujeto de la educacio?n por excelencia, es el nin?o. De modo que, en te?rminos contempora?neos, es casi imposible separar guerra, educacio?n y nin?ez, adolescencia o juventud. Por otro lado, como la modernidad escolar es concomitante con la modernidad de los estados nacionales, aquella fue pensada como a?mbito fundamental de la formacio?n del ciudadano y soldado [1].

En una e?poca en que no existi?a una esfera positiva de derechos humanos, y como parte de e?sta, de derechos de la nin?ez, el reclutamiento de nin?os en los eje?rcitos, en tiempos de guerra, era un problema pra?ctico que se reduci?a a que quien podi?a portar armas y pertrechos, podi?a ser reclutado.
Es cierto que los nin?os, por lo general, estaban en la retaguardia, en las a?reas de aprovisionamiento o como abanderados o tamborileros. En ocasiones, combatieron, como Los Emulantes, en Me?xico, al lado del sacerdote Jose? Mari?a Morelos y Pavo?n, en 1811; los Nin?os ma?rtires de Chapultepec, tambie?n en Me?xico, en 1847; Los Cabitos de Lima, durante la Guerra del Paci?fico. En las guerras de independencia de Bolivia, tambie?n participaron nin?os, e, incluso, algunos fueron luego protagonistas centrales de la vida poli?tica boliviana, como Manuel Isidoro Belzu?, quien llego? a ser Presidente de la Repu?blica.
Sin embargo, en ninguna guerra hubo nin?os en nu?mero y proporcio?n tan grandes como en la Guerra de la Triple Alianza (1865 - 1870), que integraron el eje?rcito paraguayo que se bati?a en inferioridad nume?rica y de recursos contra las tropas argentinas, brasilen?as y uruguayas, en su propio suelo, especialmente desde 1868, aunque tambie?n existi?an nin?os combatientes en los eje?rcitos aliados [2].
Desde mediados del siglo XIX aparecieron en los estados independientes de Ame?rica Latina los liceos militares, que eran, generalmente, internados militarizados destinados a hijos de las e?lites dirigentes. E?stos se distingui?an de los estudiantes de las escuelas de talleres y escuelas de oficios de los eje?rcitos, generalmente nin?os y jo?venes humildes, hue?rfanos o abandonados, que eran “corregidos” en e?stas.
Las escuelas del sistema educativo, por su parte, como elemento curricular central de la formacio?n ciudadana, creaban los batallones escolares, en los que aprendi?an rudimentos de organizacio?n militar y uso de armas. Esta estrategia, que duro? unos 20 an?os, entre fines de siglo e inicios del siguiente, fue duramente cuestionada desde la pedagogi?a, y, eventualmente, con el tiempo, suprimida.

La Gran Guerra, la primera guerra mundial (1914 - 1919) con sus grados ine?ditos de destruccio?n indiscriminada de infraestructura y poblaciones, mostro? los li?mites de unas de?biles y ta?citas leyes de guerra, afectando las vidas de millones de nin?os y nin?as en una escala antes desconocida.
En este escenario, sin los instrumentos y medios para proteger a la infancia, Thomas Woody (1891 - 1960) expresaba, en, y acerca de, la atmo?sfera nacionalista que caracterizaba a los estados e imperios desde el siglo XIX, que “La guerra es un instrumento del estado nacional; la educacio?n, como instrumento de la voluntad nacional, se ha convertido en una preparacio?n psicolo?gica para la prueba final de la guerra” [3] (Woody, 1945: 587).
El autor enfatizaba que la educacio?n creaba “Una satisfaccio?n provinciana con la nacio?n propia; subestimacio?n, desprecio u odio a los otros; aceptacio?n de la guerra como medio de resolucio?n de conflictos entre estados; un arrogante “aplastar al enemigo” [4], “conquistar el mundo”, patriotismo, una prontitud do?cil para obedecer o?rdenes, (...) -tales han sido las actitudes mentales, desarrolladas en varios grados por los grandes competidores modernos por la victoria en la carrera por el poder nacional”-.
Con la segunda guerra mundial en desarrollo, un estudio coordinado por William Carr y Mary Louise Mallam analizaba el impacto de la guerra que se inicio? en Europa sobre la educacio?n en los EE. UU. Adema?s del impacto de la guerra en los estudiantes, los autores proponi?an otros campos de ana?lisis, como: el grado en que la guerra habi?a estimulado al liderazgo federal en educacio?n; los efectos de la guerra en la opinio?n pu?blica en lo concerniente a la eficiencia de la escuela y el valor de la educacio?n; los efectos de la guerra en el financiamiento de la educacio?n; las nuevas funciones asumidas por la escuela durante la guerra; la naturaleza y el alcance de los cambios curriculares motivados por la guerra en historia, en las artes, idioma, economi?a dome?stica, y otros campos; consecuencias de la guerra sobre el prestigio relativo de la profesio?n docente [5].
Los estudios histo?ricos en el Paraguay, que se refieren a la guerra y la educacio?n, enfatizan, sobre todo, la forma en co?mo era presentada la guerra de la Triple Alianza en los programas de estudio, textos, curri?culum, de fines del siglo XIX e inicios del XX, en el marco de las batallas por la memoria que teni?an lugar en aquellos an?os, entre los regeneracionistas y reparacionistas. La historia oficial, dominada por la narrativa liberal regeneracionista, vinculaba la guerra de la Triple Alianza a los regi?menes de Francia y los Lo?pez, caracterizados como “tiranos”, al mismo tiempo que, en una solucio?n de compromiso forzado, exaltaba el heroi?smo del pueblo. Mientras tanto, surgi?a y se consolidaba una corriente revisionista, heroicista, que, finalmente, prevaleceri?a desde 1936 [6].

En lo que se refiere a la Guerra del Chaco, la historiografi?a pone de relieve, por lo general, el esfuerzo colectivo realizado por el pai?s para enfrentar el conflicto be?lico que, entre 1932 y 1935, lo enfrento? con Bolivia. Sin dudas, fueron las Juntas de Aprovisionamiento la bisagra entre las acciones de la sociedad civil organizada y el eje?rcito: las Juntas, tanto la nacional como las locales, coordinaron el apoyo que comisiones organizadas con diversos niveles de formalidad, asociaciones de caridad, instituciones educativas, ofrecieron a las fuerzas armadas durante el conflicto. Con razo?n, fueron llamadas “Protagonistas de la Retaguardia” [7].
En el caso de las escuelas, las referencias aluden al papel que las instituciones educativas cumplieron como lugares de alojamiento de tropas, hospitales de sangre, o espacios de realizacio?n de actividades de recoleccio?n de apoyos materiales, tales como festivales o tertulias. Ma?s recientemente, y desde una perspectiva social del conflicto, nuevos trabajos abordan con mayor profundidad el papel de la educacio?n y su impacto en el cambio de roles de las mujeres en el Paraguay durante la guerra, aunque sin casi referirse a una profesio?n ya por entonces ampliamente feminizada: el magisterio [8].
Instituciones educativas -algunos de cuyos maestros y alumnos fueron movilizados y/o reclutados y combatieron, muriendo en la Guerra o sobreviviendo a ella- desarrollaron una memoria heroica, materializada en efeme?rides, poemas, canciones patrio?ticas, himnos institucionales, placas recordatorias o monolitos de homenaje [9].
Entre el 2019 y el corriente an?o, fueron hallados antiguos archivos escolares que contienen informacio?n valiosa sobre las escuelas durante la Guerra del Chaco, asi? como un archivo con las actas de creacio?n del Hospital de Sangre de la Escuela Normal [10]. E?stos nos permiten visualizar el impacto de la Guerra sobre la poli?tica educativa, matri?cula escolar, la gestio?n, administracio?n y organizacio?n escolar, y sobre el curri?culum. Estos archivos permiten ampliar e invertir la mirada del ana?lisis, desde co?mo las decisiones estatales y la presio?n social intentaron que la escuela desempen?ara un rol, o varios, determinados y reglados por instrucciones oficiales, a co?mo las escuelas efectivamente se organizaron para hacerlo.

Nuestro trabajo se basa, entonces, en evidencia proveniente de archivos pu?blicos y privados, testimonios orales, archivos escolares, registros oficiales, memorias institucionales e informacio?n de prensa. Lejos, creemos, esta? de agotarse la informacio?n de la que pudiera llegar a disponerse, pero entendemos que contamos con una masa suficientemente importante de datos para presentar un trabajo con conclusiones relativamente so?lidas, y que, a la vez, invitan a ampliar y profundizar los estudios sobre este campo tan, insistimos en ello, complejo.
Paraguay y Bolivia atraviesan, desde 1938, un periodo de prolongada paz y fructi?feros intercambios de todo orden. Ambos estados honran a quienes combatieron unos contra otros, en 1932 y 1935. Sin embargo, y au?n con un marco conceptual distinto respecto de la nin?ez y sus derechos, en varios lugares del mundo, la educacio?n sigue siendo rehe?n de la guerra, como sen?alaba la Unesco: “solamente la mitad de los nin?os y un cuarto de los adolescentes refugiados esta?n escolarizados y en las regiones en conflicto hay ma?s de 28 millones de nin?os no escolarizados” (Unesco, 2017). Puede la Historia alertar sobre esta parado?jica relacio?n entre la guerra y la educacio?n: una educacio?n que sigue preparando para dar la vida por la patria -u?ltima ratio del nacionalismo-, aun cuando el intere?s superior del nin?o -su proteccio?n, su promocio?n- es la u?ltima ratio de nuestro futuro como especie.
Notas
[1] La relacio?n de la nin?ez con la guerra es anterior a la existencia de las escuelas, como queda en evidencia en la propia palabra infante, que, segu?n Joan Corominas, designa al “nin?o de mantillas, nin?o pequen?o”, “incapaz de hablar”. En Espan?a, el concepto muto?, hacia el siglo XII, para designar “al joven noble” y un siglo despue?s, “al hijo del rey”. El mismo autor agrega que, a mediados del siglo XVI, la desinencia del italiano -fante, “mozo, muchacho”, y tambie?n “sirviente”, designo? a los criados de los caballeros, y, luego, a los “soldados de a pie”. Corominas, Joan. Breve diccionario etimolo?gico de la lengua castellana. 3a edicio?n. Gredos: Madrid, voz “Infante”, pp. 335 - 336.
[2] Entre la literatura con fines de divulgacio?n, ve?ase Colma?n Gutie?rrez, Andre?s (2013) Acosta N?u. El Lector: Asuncio?n; Cosp Sandoval, Enrique (2020) Inocencia perdida: los nin?os en la Guerra de la Triple Alianza. Goya: Asuncio?n. Con diferentes e?nfasis -no solo en la batalla de Acosta N?u-, ve?ase Barreto, Ana (2020). Silvia Cordal: La nin?a que vivio? para contarlo. Atlas: Asuncio?n; y, muy especialmente, Fuentes Armadans, Claudio (2021) Acosta N?u, relato de una tragedia. Atlas: Asuncio?n. Este u?ltimo libro se basa en una si?ntesis lograda, a partir de una muy amplia diversidad de fuentes (documentales, bibliogra?ficas, hemerogra?ficas) tanto del Paraguay como de Argentina, Brasil y Uruguay). En cuanto a los estudios histo?ricos, ve?ase Potthast, Barbara (2005). Nin?os soldados y nin?as fame?licas en la Guerra del Paraguay, en Potthast, Barbara/ Sandra Carreras (eds.): Entre familia, sociedad y estado. Nin?os y jo?venes en Ame?rica Latina (siglos XIX y XX). Biblioteca Iberoamericana. Frankfurt a.M./ Madrid: Vervuert/ Iberoamericana 2005, 89-114; y Segovia G., Vi?ctor. J. Participacio?n de nin?os y mujeres en la Guerra contra la Triple Alianza (1864 - 1870). FONDEC: Asuncio?n. 2019.
[3] Original en ingle?s, traduccio?n del autor.
[4] En el original: “lick the enemy”, expresio?n en ingle?s para expresar la derrota completa y total del enemigo. No tiene traduccio?n exacta al espan?ol.
[5] Carr, William G., y Mallam, Mary L. Chapter II: Effects of the World War on American Education. Review of Educational Research, Vol 13, No. 1, pp. 13-20. 1943. En li?nea en: https://doi.org/10.3102/00346543013001013
[6] Mencionamos los trabajos recientes de Liliana Brezzo, “Reparar la nacio?n” Discursos histo?ricos y responsabilidades nacionalistas en Paraguay, en Historia Mexicana, LX, 1: 2010; Bridget Chesteron, The grandchildren of Solano Lo?pez. Frontier and Nation in Paraguay, 1904 - 1936, Albuquerque, NM; New Mexico University Press, 2013; Ignacio Telesca, La Guerra en la escuela. Textos de lectura y celebraciones escolares en el Paraguay de fines del siglo XIX e inicios del siglo XX. Instituto de Investigaciones Geohisto?ricas. Folia Histo?rica del Nordeste. 2015; Pedro Caballero Ca?ceres, La instauracio?n del nacionalismo como poli?tica de Estado durante el gobierno del Cnel. Rafael Franco (1936 y 1937), en Trans-pasando Fronteras, nu?m. 7. 2015; David Vela?zquez Seiferheld, Mbo'e. Introduccio?n a la historia de la educacio?n paraguaya. CAV/Museo del Barro - Diakoni?a. Asuncio?n, 2019; Ba?rbara Go?mez, ¿Quie?n manda en la educacio?n paraguaya? La prohibicio?n de Francisco Tapia, 1898, en Revista del Paraguay desde las Ciencias Sociales no 11, 2020; y Carolina Beni?tez Alegre, Ge?nero y nacionalismo en la educacio?n paraguaya: las mujeres en la historiografi?a escolar de la Guerra de la Triple Alianza, en revista Dia?logos, 24 (3). 2020.
[7] Barboza, Jose? Heriberto. Protagonistas de la Retaguardia. Capi?tulos “La Junta Nacional de Aprovisionamiento” durante la Guerra del Chaco. Asuncio?n, edicio?n de autor, 1998.
[8] Ve?ase, por ejemplo, Barreto, Ana. Mujeres que hicieron historia en el Paraguay. Asuncio?n, Servilibro - Secretari?a de la Mujer, 2011; Sosa, Estela Mary. Transformacio?n de las relaciones de ge?nero en contexto be?lico. Buenos Aires, 2010; Monte de Lo?pez Moreira, Mary. Mujeres en la Guerra del Chaco. Su protagonismo en la retaguardia y la vanguardia, en Res Gesta. Revista de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales - Instituto de Historia. Rosario, Pontificia Universidad Cato?lica Argentina, 2018. Vela?zquez Seiferheld, David. Mbo'e. Introduccio?n a la historia de la educacio?n paraguaya. Asuncio?n, CAV/Museo del Barro, 2019. Ve?ase tambie?n el arti?culo de divulgacio?n de Vela?zquez, Seiferheld, David. Ensen?ar, alimentar, cuidar. Las escuelas durante la Guerra del Chaco (1932 - 1935) en el diario La Nacio?n, 12 de junio de 2017. Asuncio?n.
[9] El recuerdo de la participacio?n estudiantil ante la Guerra del Chaco se remonta a las conmemoraciones de los sucesos del 23 de octubre de 1931, descritos en el transcurso del texto.
[10] En el archivo de Beatriz Mernes de Prieto (1899 - 1998), docente, feminista, de destacada actuacio?n civil y poli?tica en el Paraguay del siglo XX, activa militante del partido liberal. Actualmente, su documentacio?n se encuentra en la Biblioteca Justo P. Prieto, del acervo de Arnaldo Marti?nez Prieto.
El autor
David Velázquez Seiferheld (Asunción, 1971) es historiador, académico correspondiente de la Academia Paraguaya de la Historia, miembro fundador del Comité Paraguayo de Ciencias Históricas (CPCH), socio de la Sociedad Argentina de Historia de la Educación (SAHE) e investigador de las universidades nacionales de Villarrica del Espíritu Santo y de Pilar. Se desempeña actualmente como viceministro de Educación.

David Velázquez Seiferheld (2024). Enseñar, alimentar, cuidar. Las escuelas paraguayas durante la Guerra del Chaco (1932-1935). Arandubook Ediciones/UNVES (Universidad Nacional de Villarrica del Espíritu Santo).