CulturaLos jardines de un artista

El otro paisajismo de Juan Anselmo Samudio

Este mes se cumple un nuevo aniversario del nacimiento y del fallecimiento de Juan Anselmo Samudio, cuyo renombre como uno de los maestros del arte paraguayo eclipsó una faceta suya igualmente importante: la de diseñador de parques y jardines. Aquí recordamos sus propuestas para sitios emblemáticos del Centro Histórico de Asunción.

Carlos Zárate y Marli Delgado
por Carlos Zárate y Marli Delgado 27 Abril de 2025
27 Abril de 2025
Jardines de la antigua Costanera de Asunción. Diseño de Juan A. Samudio, ca. 1930. Colección Milda Rivarola.
Jardines de la antigua Costanera de Asunción. Diseño de Juan A. Samudio, ca. 1930. Colección Milda Rivarola. Cortesía

La figura de Juan Anselmo Samudio posee luz propia en la historia de las artes visuales paraguayas, contexto en el cual adquirió gran destaque y reconocimiento. Han sido ampliamente celebradas sus pinturas paisajistas, en las que retrató -además de numerosos escenarios rurales y naturales del país- varios de los más emblemáticos jardines públicos asuncenos como el Parque Caballero, el Jardín Botánico o la Plaza Uruguaya. Sin embargo, hasta la fecha poco se ha indagado en su labor como creador de jardines.

Caricatura de Juan A. Samudio, realizada por Juan Sorazábal, publicada en El Diario, octubre de 1930. Cortesía
Caricatura de Juan A. Samudio, realizada por Juan Sorazábal, publicada en El Diario, octubre de 1930. Cortesía

Samudio nació en Asunción el 21 de abril de 1878, donde falleció el 20 de abril de 1933, en vísperas de su cumpleaños número 55. Su primera formación en artes plásticas la obtuvo en el Instituto Paraguayo, bajo la orientación de Héctor Da Ponte. En 1903, a través de una beca de estudios, cursó en la Academia Real de Roma (Italia), donde permaneció hasta 1909. Sus primeras obras fueron presentadas en Asunción en 1907 y a partir de entonces inició un notable itinerario de exposiciones y premios en diversas ciudades americanas como Buenos Aires, Río de Janeiro y Baltimore.

Retrato y firma de Juan A. Samudio, 1921, publicado en Paraguayans of Today. Cortesía
Retrato y firma de Juan A. Samudio, 1921, publicado en Paraguayans of Today. Cortesía

Se destacó por su peculiar manejo y dominio del color y la luz en sus obras. Se lo relaciona con la corriente pictórica impresionista y es considerado un pintor paisajista por excelencia, dejando como uno de sus legados la repercusión de su obra para el desarrollo de la pintura paraguaya en la temática de paisajes naturales.

Juan A. Samudio, Parque Caballero,  ca. 1930, óleo. Colección Fundación Huellas de la Cultura Paraguaya. Cortesía
Juan A. Samudio, Parque Caballero, ca. 1930, óleo. Colección Fundación Huellas de la Cultura Paraguaya. Cortesía

Además de su labor como artista y docente, Samudio fue funcionario de la Municipalidad de Asunción donde, a inicios de 1928, fue designado por el intendente Baltasar Ballario como asesor de la Dirección de Parques y Jardines. Parte de la minuta dirigida por el propio Ballario a Samudio, comunicándole su designación, mencionaba: "Sus funciones serán, en general, la de asesorar a la Municipalidad en todas aquellas cuestiones en que para mayor eficiencia en su finalidad se requieren el concurso del arte decorativo y en particular el estudio del hermoseamiento de nuestros parques y jardines". En otro punto del documento, quedaba claro además que la designación era resultado de conversaciones previas muy específicas sobre el tema: "Se servirá presentar un croquis y perspectiva del ensanche de la Plaza Constitución de acuerdo a las ideas de Ud. expresadas y que en principio fueron ya aceptadas por la intendencia".

Jardines de la ex plaza Constitución. Diseño de Juan A. Samudio, ca. 1930. Colección Juan Migliore. Cortesía
Jardines de la ex plaza Constitución. Diseño de Juan A. Samudio, ca. 1930. Colección Juan Migliore. Cortesía

El mencionado ensanche de la plaza Constitución (actual Independencia) fue una intención madurada por varias administraciones municipales desde fines del siglo XIX y que tuvo un momento decisivo a mediados de la década de 1920, con la expropiación y posterior demolición de las edificaciones que ocupaban el sector. Con el terreno liberado, las obras de creación de los nuevos jardines se iniciaron aquel 1928, en paralelo a las obras de la antigua Costanera, contiguas al sitio mencionado.

El trazado de aquellos jardines era sencillo, pero no exento de monumentalidad por dimensión y proporción de elementos. Otorgaban al lugar un aspecto ordenado y solemne, vinculándose magníficamente con la Costanera, al punto de lucir fusionados. Cumplían con premisas de diseño propias del neoclasicismo, replicando incluso algunas características de su predecesor del sector (jardín del Cabildo, 1910) al presentarse como bidimensionales. No tenían espacios acondicionados para estancia, por lo que se asume que fueron diseñados estrictamente para el goce visual a partir del recorrido. Estaban compuestos a partir de una matriz ortogonal, donde posiblemente existían justificaciones simbólicas para el número de veces que se reiteraba el módulo, así como para las formas escogidas, algo propio de la manera de diseñar en esos años.

Resulta llamativo que Samudio no llevase la idea de las vanguardias pictóricas -particularmente el impresionismo- al diseño de sus jardines en torno al ex Cabildo. Más aún teniendo en cuenta que con esa óptica reprodujo repetidas veces en sus cuadros diversos jardines públicos de Asunción. Una explicación a esto podría hallarse en las características de los sitios que frecuentó durante sus viajes al exterior. Roma, Venecia, París, Madrid y Buenos Aires casi no contaban con casos de espacios públicos diseñados con criterios de vanguardias figurativas (al menos no en escalas menores al parque urbano), como sí ocurría en la Europa anglosajona, que no llegó a visitar.

En sentido inverso, también es notable que no se conozcan bocetos ni pinturas de su autoría -al menos no plenamente verificadas- sobre sus propios jardines neoclasicistas. Una explicación tentativa podría ser la ortodoxia de Samudio respecto a las características de cada estilo. El impresionismo, como técnica de representación visual, prescinde de las líneas rigurosamente marcadas, mientras que estas son relevantes en el neoclasicismo, que exalta las formas geométricas de una composición.

Los jardines de Juan Anselmo Samudio son originales, de altísima calidad estética y buena lectura estilística. Representan, además, una época en que la mirada de los entes gubernamentales (y de la población en general) sobre el espacio público y su vegetación constituían preocupación e interés genuino, analizados criteriosamente, reflexionados con la mirada puesta en el futuro y resueltos con mucha creatividad en medio de notables carencias. Su promoción no solo fue objetivo prioritario del gobierno municipal asunceno de las primeras décadas del siglo XX, recibió además notable apoyo de la prensa de la época y de los vecinos, que en muchos casos aportaron dinero, materiales y mano de obra para el efecto.

Sin embargo, a partir de 1943, en el marco del inicio del segundo período de gobierno de Higinio Morínigo, se emprendió un proceso de supresión de los diseños neoclasicistas en jardines públicos, afectando a casi todos los situados en el centro histórico de la capital. En cuanto al jardín de la actual plaza Independencia, se lo fragmentó además en varias partes con la apertura de calles asfaltadas. La ignorancia e intolerancia de sucesivos gobiernos han profundizado el desprecio por el legado paisajístico de Samudio y sus contemporáneos, suplantando aquellos diseños por otros sin atractivo ni arraigo.

Sector diseñado por Juan A. Samudio, ca. 1930 (arriba). Mismo sector ya alterado, ca. 1960 (abajo). Cortesía
Sector diseñado por Juan A. Samudio, ca. 1930 (arriba). Mismo sector ya alterado, ca. 1960 (abajo). Cortesía

Pese a que los jardines de Samudio no existan en la actualidad, afortunadamente aún es posible su recuperación completa, pues no se han levantado edificaciones en estos sitios y se cuenta, además, con suficiente documentación para una restauración científica que resulte fiel al proyecto original. De todos modos, no hay mucho margen de maniobra. La protección institucional de este tipo de patrimonio es muy débil y cíclicamente aparecen nuevos proyectos para el sector que no tienen en cuenta los antecedentes, constituyéndose en una amenaza real. Se precisan leyes y normativas más específicas respecto a la protección de los jardines históricos del país, a fin de contar con un marco legal que respalde el desarrollo de programas de restauración, además de planes de formación y divulgación.

 

Nota de edición: El presente texto es una extracto de la ponencia "Remembranzas de los jardines históricos del Cabildo", presentada por los autores el 18 de mayo de 2024 en el marco de "Los museos se muestran". 

 

* Carlos Zárate es arquitecto, docente, investigador, magíster en Restauración y conservación de bienes arquitectónicos y monumentales, coordinador de área de Teoría y Urbanismo (FADA-UNA) y miembro del Comité Paraguayo de Ciencias Históricas (CPCH).

* Marli Delgado es arquitecta, investigadora, docente de las cátedras Historia de la Arquitectura del Paisaje en Paraguay y Arquitectura 4 (FADA-UNA).

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