El "Libro de Oro", de los imaginarios a las páginas

El 24 de febrero, instituido como “Día de la Mujer Paraguaya”, se conmemora la asamblea celebrada en 1867, en la Plaza 14 de Mayo, donde miles de mujeres, sin distinción de clases sociales, se mostraron solidarias con el gobierno de Francisco Solano López en su lucha contra la Triple Alianza. El “Libro de Oro”, sobre el cual se realizó un coloquio organizado por la SNC y cuyas actas fueron publicadas por Tiempo de Historia, registra ese gesto.

20 Febrero de 2022
20 Febrero de 2022
El "Libro de Oro", de los imaginarios a las páginas
El "Libro de Oro", de los imaginarios a las páginas

Origen del Libro de Oro: la primera asamblea de mujeres en América

Tras las continuas derrotas militares sufridas en el primer semestre de 1866, Solano López resolvió mantenerse a la defensiva, eligiendo para el efecto la fortaleza de Humaitá como baluarte de su sistema. Fortificó el río Paraguay en Curuzú y Curupayty y construyó una red de trincheras que circunvalaban el fuerte. Estableció su cuartel general en Paso Pucú, el cual se unía con los otros sectores por medio del telégrafo. Reorganizado sus batallones amalgamando los restos de muchos otros, en julio de ese año embistió con éxito en Yatayty-Corá, Sauce y Boquerón, y dos meses más tarde -el 22 de setiembre- la victoriosa batalla de Curupayty, acciones bélicas que levantaron la moral del ejército paraguayo.

El fervor entusiasta se difundió por todo el país. En ese contexto, un grupo de damas de la sociedad asuncena también se propuso demostrar su patriotismo y, en consecuencia, doña María Escolástica Barrios de Gill, ya viuda para ese entonces de Juan Andrés Gill [1], convocó el 10 de enero de 1867 a ciertas mujeres de la elite a una reunión en su residencia. Asistieron a la misma unas treinta señoras y señoritas, pero otras mujeres, interesadas por la convocatoria, “acudieron y se instalaron en los corredores, en los patios y en las veredas” [2]. La dueña de casa, después de agradecer tan relevante presencia, expuso el motivo de la reunión, manifestando que era hora en de que todas las mujeres del país también colaboraran a favor de la causa nacional. Para ese cometido, se instó a la donación de joyas, reliquias y otros efectos que pudieran ser útiles para subsidiar la contienda.

Los encuentros prosiguieron durante el mes de enero y para el 24 de febrero se invitó a una magna asamblea a celebrarse en la Plaza 14 de Mayo. La convocatoria congregó a miles de mujeres y algunos hombres de distintos estamentos sociales, en cuya oportunidad hicieron uso de la palabra varias señoras. La confluencia masiva del sector femenino, sin distingos de clases, alentó a las organizadoras de la reunión y estas se prolongaron por espacio de cuatro días. Los emotivos discursos produjeron en la concurrencia un entusiasmo singular para donar sus alhajas “por una causa justa y legítima”.

Después del enérgico discurso de doña Escolástica Barrios de Gill en la asamblea de mujeres celebrada el 24 de febrero de 1867 -la primera en América-, las reuniones se efectuaron en 73 comunidades de todo el país y en los 5 distritos de Asunción [3]. En todos los encuentros, las alocuciones eran similares, en cuanto a la manifestación de alhajas y otros enseres que se recibirían en donación para ayudar en los gastos de la defensa.

La asamblea de febrero resolvió, además, formar una comisión de doce señoras para representar a todas las mujeres de la capital y del interior del país. Dicho comité se encargaría de habilitar un libro “con la elegancia posible de las circunstancias actuales” [4], en el cual se registrarían todas las manifestaciones de las ofrendas de las mujeres y se incluirían las reseñas de las reuniones celebradas en la capital y en los distritos del interior. El acta de la reunión concluía con la siguiente declaración: “El Libro en donde se consignarán los donativos se conservará para perpetua memoria” [5].

Acervo Milda Rivarola y Ana Barreto Valinotti. Cortesía
Acervo Milda Rivarola y Ana Barreto Valinotti. Cortesía
El Semanario, periódico de gran difusión en esos años publicaba la siguiente nota:

La mujer paraguaya, es nuestro orgullo, que hubo entusiasmo en las reuniones parciales, no solo ofrecen sus joyas y alhajas, sino también sus brazos y sus vidas para demostrar con hechos que son hermanas de los héroes que forman el ejército nacional [...] Todas las mujeres grandes y pequeñas, ricas y pobres confundidas como verdaderas republicanas, preparan la realización de su pensamiento que hará temblar a nuestros invasores e inmortalizará a la mujer paraguaya. Sabemos también que en la campaña bulle el mismo entusiasmo, y que los ofrecimientos de joyas y alhajas y de su vida misma se hace con una animación que raya el frenesí...” [6].

No todas las mujeres que acudieron a las asambleas ofrecieron sus joyas

Tras la asamblea realizada en Asunción, y a instancias de esta, como ya se aludió, se sucedieron reuniones similares en el interior del país. Al examinar las actas asamblearias de los 73 pueblos y de los distritos de Asunción y cotejar los nombres que aparecen en los Libros Mayores de Caja, obrantes en el Archivo Nacional, se constata que algunas mujeres que figuran como asistentes a las reuniones de las citadas jurisdicciones no aparecen sin embargo declarando las joyas de su posesión a ser donadas. Hecho llamativo con el cual se desmitifica -en cierta medida- la concepción de que todas las mujeres fueron obligadas a desprenderse de sus joyas y reliquias por medidas coercitivas provenientes del gobierno o de los referentes importantes de la sociedad capitalina. Ese es uno de los mitos en torno al libro.

De la muestra
De la muestra "Paraguaya imaginada", 2017. Acervo Milda Rivarola y Ana Barreto Valinotti. Cortesía

emKygua vera/em, grabado, 1850. Cortesía
Kygua vera, grabado, 1850. Cortesía
Para comprender mejor el tema es necesario analizar el proceso iniciado a partir de las reuniones de febrero, las que fueron proseguidas en asambleas similares en las 73 comunidades antedichas. En cada una de estas localidades, las mujeres asistentes a las asambleas “manifestaban” las joyas de su posesión por medio de unas boletas que eran enviadas a la capital. Un modelo de tales documentos es el siguiente:

Viva la República del Paraguay

Asunción... Marzo 14 de 1867

Joyas y alhajas pertenecientes a la que suscribe y que manifiesta a la comisión encargada de la toma de razón de dichas alhajas en esta capital para la ofrenda de las hijas de la Patria al Gefe Supremo de la República para aumentar los elementos de la heroica defensa de la causa nacional [7].

Una vez recepcionadas las boletas en Asunción, estas eran asentadas en tres volúmenes, denominados Libros Mayores, con tapas de cuero y en papel inglés, cuyas páginas están foliadas consecutivamente: Libro A, folios 1 al 487; Libro E, folios 488 al 970, y Libro E2, folios 971 al 1151. En los tres Libros citados se escribieron los nombres de los distritos y de las mujeres por orden alfabético. Si eran casadas, aparecían mencionadas por el apellido del esposo. A continuación, se expone un modelo de registro del inventario de una mujer de Villa de San Pedro:

Natalia Falcón de Palacios y su hija Eugenia

Dos rosarios de oro con cruces de peso de cinco onzas y dos adarmes.

Una cadena de oro y peso de 15 adarmes.

Un par de zarcillos de oro y peso de 15/5 adarmes.

Otro zarcillo de oro y ligas de cristal de peso de 5 adarmes.

Otros zarcillos de cuentas de oro con peso de 3 6/5 adarmes.

Un anillo de oro con aguamarina y peso de 11 adarmes.

Tres anillos de oro. Uno con topacio de peso de 11 adarmes.

Cinco canutillos de oro de peso de 2/2 adarmes [8].

emLibro de Oro/em. Cortesía Tiempo de Historia
Libro de Oro. Cortesía Tiempo de Historia
En los cinco distritos de Asunción se inscribió un porcentaje considerable de señoras. De Catedral: 1.281, de Encarnación: 537, de San Roque: 487, de Trinidad: 407 y de Recoleta: 165, sumando un total de 2.887 mujeres. Mientras que en los 73 pueblos de todo el país, se inscribieron 19.424 mujeres, quienes manifestaron la posesión de sus joyas.

La cifra total de inscriptas en los tres Libros de Registro es de 22.311 mujeres incluyendo a las 5 mujeres de los campamentos. Es importante precisar que, unas 902 mujeres signadas en los citados libros declararon en sus inventarios, además, a sus hijas o nietas, pero sin mencionar la cantidad de las mismas. Por lo tanto, la cifra hipotética podría llegar a unas 25.000 mujeres.

Para contextualizar esta cifra es necesario referirse a otro mito relacionado con la guerra, que es el relacionado con la magnitud de la población paraguaya antes del conflicto. Hay quienes afirman que más de 600.000 mujeres manifestaron sus joyas, en base a la cifra que había divulgado Alfred Du Graty [9] en 1862. Este citaba un empadronamiento supuestamente realizado en 1857 de 25 ciudades y villas, y aseveraba que el Paraguay en ese entonces contaba con una población total de 1.337.439 habitantes [10].

emLibro de Oro/em. Cortesía Tiempo de Historia
Libro de Oro. Cortesía Tiempo de Historia
Sin embargo, al confrontar este número con otros censos levantados antes de la citada fecha, resulta imposible que esa cantidad de personas fuera correcta. Un ejemplo es el registro efectuado bajo el gobierno de Lázaro de Ribera, en 1799, es decir medio siglo antes, cuyos resultados se recibieron entre 1801 y 1803, donde se verificó la cantidad de 108.070 habitantes, con inclusión de los 13 pueblos misioneros de los departamentos de Santiago y de Candelaria y de las 4 comunidades del Chaco. Este informe se constituyó en un instrumento importante para establecer la población paraguaya a fines del coloniaje y efectuar un análisis valorativo del mismo. El padrón fue realizado siguiendo una distribución por pueblos y la población fue descrita en grupos étnicos, sexos y edades [11]. Después de este censo no volvió a realizarse otro hasta 1846, durante el gobierno de don Carlos A. López y que alcanzó la cifra de 233.294 personas; por consiguiente, es inverosímil que se haya producido desde entonces hasta 1867 un crecimiento demográfico tal como para contar con esa magnitud de mujeres que ofrecieran sus alhajas. Si en cuarenta años la población paraguaya tuvo un crecimiento demográfico vegetativo a causa de la nula inmigración y de la prohibición de los matrimonios entre los diversos grupos humanos, se deduce que es absurda la cantidad señalada por Du Graty. En una proyección alcista, se calcula que antes de iniciar la guerra vivían en el país unas 450.000 a 500.000 personas y se infiere que el porcentaje de mujeres oscilaría entre un 48 y un 52%, es decir unas 230.000 a 250.000 como máximo. Las 22.311 mujeres que aparecen mencionadas por su nombre en los tres “Libros Mayores” del Archivo Nacional representarían, entonces, el 8 o 10% de toda la población femenina del país de ese período. Y aquellas cuyo nombre quedó efectivamente registrado en el Libro de Oro, como se verá, son muchas menos.

 

Notas

[1] Juan Andrés Gill fue el primer ministro de Relaciones Exteriores que tuvo el Paraguay y, por ende, el primer diplomático.

[2] Idalia Flores de Zarza. La mujer paraguaya protagonista de la historia, Asunción: El Lector, 1987, p. 138.

[3] Los 5 distritos de Asunción en 1867 eran: Catedral, San Roque, Encarnación, Recoleta y Trinidad.

[4] Flores de Zarza, La mujer paraguaya, pp. 158-160.

[5] Ibid, p. 162.

[6] “Asambleas del Bello Sexo Nacional”. El Semanario (Asunción), 28 de febrero de 1867, p. 1.

[7] Archivo Nacional de Asunción, Paraguay (en adelante PY-ANA). Boletas de manifestaciones de joyas. Sección Nueva Encuadernación (en adelante SNE). Vols. 2850-2865.

[8] PY-ANA, Libro Mayor ii, Villa de San Pedro, p. 11.

[9] No se llegó a encontrar en ningún repositorio nacional o extranjero el supuesto censo efectuado por Du Graty. Es probable que en connivencia con el propio presidente Carlos A. López se haya acrecentado en demasía la cifra para presentar una imagen de país desarrollado con una pujante y próspera población.

[10] Alfred Marbais Du Graty, La República del Paraguay, Bezancon, Imprenta José Joaquín, 1862, p. 364.

[11] Ernesto Maeder, “La población del Paraguay en 1799. El censo del gobernador Lázaro de Ribera”, Estudios Paraguayos, Vol. iii, N° 1, Asunción, 1975, pp. 63-65.

 

Nota de edición: El presente texto es un fragmento de la disertación titulada “El Libro de Oro, de los imaginarios a las páginas: reexaminando la documentación en torno a la ofrenda del bello sexo”, presentada por la autora en el coloquio internacional dedicado al Libro de Oro, organizado por la Secretaría Nacional de Cultura y celebrado en Asunción en 2018. Las actas fueron publicadas en 2021 por Tiempo de Historia, editorial que gentilmente autorizó su reproducción en nuestras páginas. Delphine Demelas y Guillaume Candela (editores). El Libro de Oro y su época. Historia, sociedad y patrimonio del Paraguay (1850-1890), Asunción: Tiempo de Historia, 2021. pp. 79-89. La imagen de apertura corresponde a la muestra "Paraguaya imaginada", realizada en 2017 en el Museo Casa de la Independencia.

 

* Mary Monte de López Moreira es historiadora, centra sus investigaciones en la historia social y de género. Fue docente de Historia Antigua: Grecia y Roma, América Colonial e Historia del siglo XX, en la Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional de Asunción. Asimismo, en la Universidad Católica enseñó Historia del Paraguay e Historia de la Cultura. Ha realizado más de 70 publicaciones en revistas locales y extranjeras. Es presidenta de la Academia Paraguaya de la Historia.

 

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