Filosofía política

Democracia ampliada y vida común: leer a Paolo Virno desde Paraguay

Esta evocación no pretende únicamente rendir homenaje, sino también explorar qué significa leer a Virno desde un lugar como Paraguay, donde la democracia aún busca expandirse más allá del marco institucional.
Paolo Virno. (foto: www.autonomies.org)

Paolo Virno falleció este 7 de noviembre. Su figura permanece en mi memoria no solo por los estudios que desarrollé en el marco de mi tesis de licenciatura, sino también por su influencia en mis investigaciones sobre el spinozismo contemporáneo [1], desde donde es posible pensar la articulación entre ética, política y formas de vida colectiva, esa ambivalencia de la multitud que tanto lo ocupó. Sin embargo, la relevancia de Virno trasciende el ámbito académico y se enlaza con experiencias intelectuales más inmediatas: recuerdo particularmente una de las últimas conversaciones que sostuve con Charles Quevedo, centrada en Sobre la impotencia. La vida en la era de su parálisis frenética (2022), obra que despliega un análisis agudo de las condiciones de subjetivación en contextos de suspensión y bloqueo de la potencia de actuar, siguiendo las elucubraciones aristotélicas sobre la dýnamis y la enérgeia.

Esta evocación no pretende únicamente rendir homenaje, sino también explorar qué significa leer a Virno desde un lugar como Paraguay, donde la democracia aún busca expandirse más allá del marco institucional. Leer desde aquí no es repetir, sino traducir: hacer que un pensamiento nacido en el corazón del posfordismo dialogue con nuestras formas locales de dependencia, precariedad y cooperación social. La recepción de la filosofía política contemporánea -y, en particular, de la corriente autonomista italiana- sigue siendo marginal en nuestros espacios académicos. Los nombres de Negri y Virno -a veces el de Bifo- aparecen citados de manera fragmentaria y, con frecuencia, desde enfoques que privilegian la ortodoxia laclausiana o gramsciana. Esta recepción parcial limita la comprensión de problemáticas fundamentales vinculadas a la producción de subjetividad, la multiplicidad de formas de acción colectiva y la reconfiguración de la esfera pública en contextos de precariedad laboral y social.

Toni Negri, Paolo Virno y Franco Bifo Berardi. Archivo

En el caso de Charles, la actitud fue distinta. Reconocía la relevancia conceptual de estas propuestas y buscaba reelaborarlas en clave local, articulando rigor crítico con una sensibilidad teórica que, aunque gravitaba hacia el gramscianismo, no clausuraba el diálogo con otras tradiciones. Ejemplo de ello era su lectura de Negri en torno a la memoria histórica [2]. De ese modo emergía una perspectiva capaz de pensar las formas de sociabilidad, cooperación y potencia colectiva desde un enfoque que problematiza la centralidad del Estado y del trabajo, tal como Virno lo planteaba al abordar la "vida común" en sus dimensiones ontológicas, lingüísticas, performativas y existenciales[3].

Siguiendo esa invitación a una lectura activa, me interesa destacar lo que Benjamin Arditi y Ticio Escobar -cada uno a su modo- han insistido en diversos momentos: que nuestra recepción teórica no debe ser pasiva, sino creativa y crítica [4]. Valerse de las categorías que nos puedan ayudar en nuestro contexto es una forma de pensamiento situado, una práctica de traducción a lo Paraguay. Esa traducción no es solo lingüística, sino política: un modo de producir pensamiento desde las condiciones materiales y afectivas de nuestro presente. Es cierto que algunos tópicos de la reflexión virniana resultan difíciles de trasladar directamente a nuestra realidad, pero eso no impide que sus conceptos iluminen zonas fértiles de la experiencia latinoamericana, ampliando -al decir de Nietzsche- nuestro campo de batalla conceptual.

Benjamín Arditi y Ticio Escobar. Archivo

Pensar el Paraguay contemporáneo desde las categorías de Paolo Virno supone interrogar el modo en que la vida común se articula hoy con las formas de la democracia. Se trata de ampliar el horizonte democrático hacia las esferas de la experiencia, del lenguaje y de la cooperación social, más que de postular una alternativa al voto o a las instituciones representativas. La democracia, en este sentido, no se confunde con el régimen político, sino que se manifiesta como una disposición del vivir-juntos, una práctica del común [5].

Virno nos invita a pensar la política no desde la soberanía ni desde la representación, sino desde la potencia del general intellect, esa inteligencia compartida que organiza la vida social y productiva [6]. En el Paraguay, donde la participación política ha sido históricamente canalizada -y, a menudo, neutralizada- por estructuras partidarias y clientelares, la noción de intelecto general permite imaginar una esfera pública que no se define por el mandato ni por la delegación, sino por la capacidad colectiva de decir, hacer y pensar. La multitud, en cuanto conjunto de singularidades cooperantes, constituye así el sujeto político de una democracia ampliada: no un pueblo homogéneo, sino una pluralidad activa que habita el lenguaje como espacio común.

Desde esta perspectiva, las luchas sociales, las experiencias comunitarias, las formas de autoorganización y las prácticas culturales emergentes en el Paraguay contemporáneo pueden ser leídas como manifestaciones de esa democracia expandida. Allí donde la palabra circula libremente -en los movimientos campesinos, en las redes feministas, en las resistencias juveniles, en los colectivos culturales-, se ejerce una política del decir que desborda la representación. La "potencia del lenguaje" de la que habla Virno no es un atributo del individuo ilustrado, sino una dimensión ontológica del ser-en-común: hablar es ya actuar, instituir, transformar.

Frente al agotamiento de la democracia representativa y a la persistencia de una cultura política autoritaria, las virtudes virnianas -la cooperación, la ambivalencia, el humor- adquieren aquí una significación particular. Son formas de experiencia que desactivan el miedo, la apatía y el cinismo -en tanto desencanto- que aún caracterizan a nuestras sociedades postdictatoriales. En el Paraguay, donde la memoria del control y la obediencia todavía pesa sobre los cuerpos, estas virtudes permiten reapropiar la esfera pública como espacio de invención colectiva.

Paolo Virno. (foto: www.antinomie.it)

Pensar una democracia ampliada desde Virno implica, por tanto, reconocer que lo político ya no reside exclusivamente en las instituciones, sino en la multiplicidad de prácticas que constituyen el vivir contemporáneo. La democracia deviene así una forma de vida, una praxis lingüística y afectiva donde lo común se hace visible en la cooperación, en la invención y en el pensamiento compartido. No se trata de sustituir el voto, sino de reconectarlo con la potencia instituyente de la multitud: una democracia no representada, sino ejercida.

Quizás allí resida la herencia más viva de Paolo Virno: recordarnos que, incluso en los tiempos de parálisis, la potencia del común sigue siendo el lugar donde lo político se reinventa, aun cuando pueda manifestarse en su reverso. Leer, hablar y pensar juntos son también guiños de acción.


Notas

[1]  Véase: Acevedo, R. (2019). "Baruch Spinoza: del realismo de la potencia a la multitud democrática", Revista Humanidades, Año 10,  N° 9. 

[2] Véase: Pérez Cáceres, C. (2018). Dictadura y memoria. Tomo II. Ediciones del autor. 

[3] Basta decir que, en las innumerables ocasiones en que discutimos la teoría gramsciana, la laclausiana y la autonomista, partíamos siempre de sus componentes ontológicos, es decir, de los presupuestos más profundos que sustentan su elaboración teórica. En este punto, Charles y yo coincidíamos plenamente en reconocer la centralidad de la ontología política.

[4] Véase: Arditi, B. (1991). Conceptos. RP Ediciones; Escobar, T. (2011). El mito del arte y el mito del pueblo. Centro de Artes Visuales/Museo del Barro.

[5] Véase: Virno, P. (2003). Gramática de la multitud. Traficantes de Sueños. 

[6] Véase: Virno, P. (2021). Ejercicios de éxodo. Tercero excluido.

 

* Raúl Acevedo es docente e investigador de la Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional de Asunción (UNA). Es director del Centro de Investigaciones en Filosofía y Ciencias Humanas (CIF-Paraguay), miembro del comité editorial de la revista Apóstasis, de la Red Iberoamérica Foucault y del Consejo editorial del Celapec (México). Es gestor cultural en Filosofía en movimiento. Su interés gira alrededor de la filosofía contemporánea, los estudios culturales y el pensamiento crítico paraguayo.