Literatura

Carl Rakosi: Un llamado a incorporar más poesía en nuestras vidas

No existe ninguna referencia específica en la literatura que explique el interés que Carl Rakosi demostró por Paraguay como tema de su obra. El poema que compuso con ese título presenta un escenario geográfico y atmosférico inequívoco, ofreciendo a los lectores temas entrelazados de exploración y colonización.
Carl Rakosi y la portada de "Poems 1923-1941" (Sun and Moon Press, 1995). Archivo

Hace poco recordé una historia del novelista estadounidense William Dean Howells sobre el presidente James A. Garfield, cuyo mandato fue truncado por un asesino en 1881. Una década antes, Howells y su padre habían visitado a Garfield en su casa de campo cerca de Cleveland, Ohio. Sentados en la veranda, disfrutando de unos vasos de limonada, el joven Howells empezó a hablar de poesía y de los poetas que había conocido en Nueva York y Boston. De repente, Garfield le ordenó que se callara y gritó a sus vecinos: "¡Vengan! Este joven está hablando de Longfellow, Lowell y Whittier". Los vecinos llamaron a los que vivían más lejos y todos se reunieron mientras Garfield animaba a Howells a continuar.

Hoy en día, damos por sentado que ningún presidente en activo ni muchas figuras influyentes de Estados Unidos disfrutan activamente de la obra de un poeta. Y lo que afirmo para el sector más culto de la sociedad también se aplica a la mayoría de los norteamericanos promedio. ¿Acaso alguno de ellos ha leído poesía alguna vez, salvo de pasada? No muchos, me atrevo a decir. 

Ahora bien, ¿se aplicaría esta generalización sobre los norteamericanos a los habitantes de otros países, y en particular, a los de Paraguay? Permítanme decir, en primer lugar, que, según mi experiencia, los paraguayos son poéticos por naturaleza, como lo demuestra claramente su devoción por la música folclórica, las polkas y las guaranias. Su sensibilidad para la poesía también sugiere una gran aptitud. Lo único que les falta es conocimiento de las tendencias poéticas, así como la simple constatación de que ellos también pueden componer hermosos versos.

Pero ¿cómo alentarlos? Esa es la verdadera pregunta para quienes desean nutrir su espíritu poético. Quizás una buena manera, pensé, sería buscar en internet los diversos lugares donde se superponen la "poesía" y "Paraguay", y luego ofrecer algunos ejemplos a los lectores. Así fue como, por pura casualidad, me topé con un poema de 1931 escrito por el germano-estadounidense Carl Rakosi titulado "Paraguay", publicado en Poetry Magazine, volumen XXXIX, número II, noviembre de 1931. Aquí lo presento en su idioma original, inglés, seguido de mi propia traducción al español:

PARAGUAY 
In the early hours the lovebirds
colonized the palm.

We were looking for a totem.
Finding nothing
but the Indian smells,
we booked the next boat to Janeiro.

On the east coast,
when the sun deflects the falcons
we found a blessed frère
with no cathedral
but the daisies in May,
living on milk and wafers,
with the cross in one hand
and the anatomy of sorrow in the other.

PARAGUAY
A primera hora las tórtolas
colonizaron el mbokayá. 

Estábamos buscando un tótem.
Encontrando nada más
que aromas indígenas,
contratamos el siguiente buque hacía Río de Janeiro. 

En la costa oriental,
donde el sol desvía los halcones,
encontramos un fraile bendito
sin catedral
pero con las margaritas de mayo,
viviendo de leche y galletas,
con la cruz en una mano
y la anatomía de la tristeza en la otra. 

Hablemos de Carl Rakosi. Hijo de padres judíos alemanes, nació en Berlín en 1903 y se mudó a Budapest tras la separación de sus padres un año después. Su padre era joyero y relojero que buscaba una vida mejor para su hijo. La familia emigró a Estados Unidos en 1910, estableciéndose primero en Chicago y luego en Kenosha, Wisconsin. Allí vivieron con modestia, pero aun así lograron enviar a Carl a la Universidad de Chicago. Más tarde éste se trasladó a la Universidad de Wisconsin, donde descubrió el poder de la poesía. Fue, para el joven, una revelación.

Tras graduarse, Rakosi viajó a Australia como ayudante de cocina y trabajó con niños con problemas mentales en Nueva York. Luego, durante los siguientes quince años, vagó sin rumbo fijo. Estudió derecho y medicina, enseñó inglés y trabajó en diversos empleos. Estas experiencias lo llevaron a regresar a la Universidad de Wisconsin para obtener una maestría en psicología. En ese momento cambió su nombre a Callman Rawley porque creía que tendría más posibilidades de encontrar trabajo si tenía un nombre que sonara más norteamericano. Sin embargo, generalmente conservó el apellido Rakosi para sus diversas obras poéticas, que siguió componiendo durante la década siguiente.

Carl Rakosi y portada de Poetry Magazine, volumen XXXIX, número II, noviembre de 1931. Cortesía

Mientras aún estudiaba en la universidad, el joven poeta editó la Wisconsin Literary Magazine. Su obra en esta etapa estuvo influenciada por figuras clave de la poesía norteamericana como Wallace Stevens, e. e. cummings y T. S. Eliot. Para 1925, al igual que los poetas que admiraba, Rakosi comenzaba a publicar en revistas importantes como The Little Review y Nation.

Conocido principalmente por su pertenencia al grupo de los llamados poetas "objetivistas", Rakosi experimentó con frases cortas, humorísticas y a menudo líricas. De esta manera, se comprometió a retratar el mundo con mayor claridad que la que los poetas habían intentado hasta entonces. También buscó capturar los ritmos del habla cotidiana norteamericana.

Rakosi mantuvo una correspondencia activa con otros poetas, especialmente con Ezra Pound, quien lo animó a publicar con mayor frecuencia. Sin embargo, su verdadera incursión en el mundo de la poesía comenzó con su inclusión en un número especial de 1931 de la revista Poetry, editado por Louis Zukofsky. Aunque los poetas incluidos en este número compartían la denominación general de objetivistas [1], el propio Rakosi insistió en que las grandes variaciones entre sus estilos dificultaban que alguien afirmara que provenían del mismo movimiento: "El término es un tanto engorroso, porque hay que definirlo y no se puede hacer cuando se intenta usar nuestra obra como prueba. Para empezar, hay demasiadas diferencias entre nosotros, y uno se pierde intentando definir el objetivismo como concepto teórico...".

A Rakosi también le resultaba difícil definir su propia obra. En una ocasión comentó: "Soy un poeta visual, pero también satírico a veces y a menudo meditativo, y esas tres facetas a veces chocan, pero así es el mero hecho de ser humano". [2]

"El mero hecho de ser humano" impulsó a Rakosi al movimiento comunista durante la Gran Depresión. [3] Aunque nunca se afilió al partido, llegó a creer que la poesía jamás podría ser un instrumento adecuado para inaugurar el cambio social. "Me enamoré del trabajo social, y eso fue mi perdición como poeta", declaró más tarde, y durante unas tres décadas trabajó como psicoterapeuta con niños con problemas emocionales en San Luis, Cleveland y con el Jewish Children's and Family Service de Minneapolis. [4]

En 1967, animado por el poeta inglés Andrew Crozier, Rakosi retomó la poesía tras un paréntesis de más de 30 años. Produjo obras de forma constante a partir de entonces, comenzando con su libro Amulet (New Directions, 1967). Tras su regreso a la poesía, publicó numerosos trabajos, incluyendo una recopilación de sus obras publicada en 1986 por la National Poetry Foundation. En 1996, ganó el premio PEN por su libro Poems 1923-1941 (Sun and Moon Press, 1995). Su última obra publicada, "Old Poets Tale", apareció en 1999. Rakosi falleció en San Francisco cinco años después, a la avanzada edad de 101 años.

Amulet, de Carl Rakosi. Cortesía

No existe ninguna referencia específica en la literatura que explique el interés que Rakosi demostró por Paraguay como tema de su obra. El poema que compuso con ese título presenta un escenario geográfico y atmosférico inequívoco, ofreciendo a los lectores temas entrelazados de exploración y colonización, todos ellos atractivos para cualquier paraguayo que desee explorar la historia y la literatura de su país. A pesar de esta especificidad, la voz narrativa del poema posee un carácter universal; respalda la búsqueda humana de reafirmación espiritual, con la cruz en una mano y una profunda tristeza en la otra. Por lo tanto, para Rakosi, buscar a Paraguay es buscar la totalidad del alma humana.

En este punto, cabe volver a la veranda del presidente Garfield y preguntarse cuántos poetas se sientan hoy en verandas similares, no en Cleveland, sino en Caapucú, Paraguarí, Horqueta, Hohenau, Mbocayaty, Pilar, Filadelfia y Pedro Juan Caballero. ¿Cuántos Rakosis, cuyos apellidos sean González, Benítez o Centurión, simplemente esperan ser descubiertos? Comencé este artículo diciendo que deseo animar a más paraguayos a leer y componer poesía. Carl Rakosi habría querido lo mismo.

Carl Rakosi (1971). Cortesía

Notas

[1] La escuela objetivista de estos poetas no tiene nada que ver con el objetivismo de la filósofa social Ayn Rand.

[2] Ver "Carl Rakosi" en este enlace.

[3] Rakosi compartía apellido con Matyas Rakosi, el dictador estalinista de la Hungría comunista a principios de la década de 1950. Los dos hombres no estaban emparentados.

[4] "Carl Rakosi", The Guardian (Londres), 28 junio de 2004.

 

* Thomas Whigham es profesor emérito de la Universidad de Georgia, Estados Unidos.