Artes visuales

ARCOmadrid 2026 | Madrid. Datos, claves y detalles de la feria

ARCO hace honor a su nombre —Feria Internacional de ARte COntemporáneo— y celebra su 45ª edición con 211 galerías de 30 países. Dos tercios son internacionales; más del 31% llegan desde América Latina (11 países), con presencia destacada de Brasil y Argentina. El tercio restante corresponde a galerías españolas, con un peso notable de las catalanas. En conjunto, la feria reúne a unos 1.300 artistas. Al frente continúa Maribel López, a quien estos días se ve recorrer los stands mientras algunos galeristas reclaman una rebaja del IVA cultural para hacer más atractivos sus precios.
Proyecto de Sandra Gamarra en ARCOmadrid 26. Cortesía

Lo cierto es que, en los últimos años, cada edición ha convivido con algún sobresalto internacional: guerras, crisis energéticas, tensiones diplomáticas. Y, aun así, aquí se compra. El primer día sigue siendo el mejor para recorrer la feria: acuden profesionales, coleccionistas, marchantes, artistas, directores de museos, críticos y, por supuesto, los galeristas —los que exponen y los que se han quedado fuera—. También reaparece el pulso reivindicativo. El foco más llamativo para la prensa lo pone Kubra Khademi, artista afgana exiliada en París. Hace diez años tuvo que huir tras realizar una performance en las calles de Kabul, denunciando con su cuerpo la persecución que sufren las mujeres en su país. Su obra insiste en los derechos de las afganas, cada vez más sometidas bajo el yugo talibán. Entre las piezas expuestas por la galería parisina Eric Mouchet, destaca una escena de sexo lésbico protagonizada por líderes como Margaret Thatcher, Angela Merkel, Ursula von der Leyen, Kamala Harris o Hillary Clinton, perteneciente a la serie "Pan, trabajo y libertad".

Nuria Mora, Había en el fondo del mar, 2025. Instalación. Cortesía
Nuno Nunes-Ferreira, Festa#8, 2026. Cortesía

Otro gesto lo marca el pintor Roberto González, acompañado de mujeres con chalecos amarillos reflectantes que reivindican derechos e igualdad: con el 8 de marzo a la vuelta de la esquina, no pocas galerías parecen apostar por ese reconocimiento. Y, además, se percibe una mayor presencia de mujeres artistas en la programación. Por citar algunas: los proyectos de Sandra Gamarra (Livia Benavides), con cuadros inspirados en series de castas y espejos; Lucía C. Pino (Prats Nogueras Blanchard); los fotomontajes de Ouka Leele (RocioSantaCruz); Belén Rodríguez (Alarcón Criado); Gabriela Bettini (Sabrina Amrani); María Magdalena Campos-Pons (Barbara Thumm); o Selma Salman (Chertlüdde), que utiliza chatarra para crear híbridos que desdibujan la frontera entre pintura y escultura. Conserva abolladuras, manchas y arañazos, y hace que la vida del material —entrelazada con la suya, marcada por generaciones de quincallería familiar— se vuelva argumento. Al pintar sobre metal, altera esos objetos; y, mediante el autorretrato, tensiona estatus e identidad, yuxtaponiendo lujo y marginación. La lista continúa: June Crespo, Selva de Carvalho, Diana Policarpo, Valeria Maculan... Y Joana Vasconcelos, ahora también diseñadora de sofás y muebles para Roche Bobois, aparece en la feria como otro síntoma del cruce entre arte, diseño e industria.

Selma Salman, Autorretrato. Cortesía
Miguel Ángel Rojas, del proyecto El nuevo Dorado (Desembocadura del Amazonas), 2012-2026. Cortesía
Jaume Plensa, Le rêve de Lucie, 2025. Alabastro. Cortesía

En lo personal, la obra que más me ha impresionado ha sido una pintura de Sarah Grilo de los años 70, en la Galería Lelong, a la venta por 120.000 euros. En ese mismo espacio se mostraban, como es habitual, obras de Plensa: magníficas cabezas de mármol que parecen asomar del propio bloque, como si la materia estuviera a punto de ceder.

Sarah Grilo, Green Gray Graffiti, 1977. Óleo sobre tela. Cortesía

ARCO se despliega en dos pabellones del recinto ferial de IFEMA (7 y 9), asumibles para recorrerlos; quizá por eso —o quizá por otra razón— he tenido la sensación de que había menos obras. La pieza más económica es, casi, una metáfora: un pequeño barrilito de juguete, pintado de negro, de un artista venezolano, por 75 euros. La más cara de la feria, Racimo de uvas (1917), de Juan Gris, por 4,2 millones de euros, en la galería Leandro Navarro (Madrid).

Alessandro Balteo-Yazbeck, Último barril de petróleo, 2026. Cortesía
La obra más cara de la feria, un lienzo de Juan Gris. Cortesía

La feria, además, ya ha recibido confirmaciones de adquisiciones por parte de instituciones como el Museo Reina Sofía, la Comunidad de Madrid, el Ayuntamiento de Madrid, la Junta de Andalucía, el IVAM, Es Baluard, el Centro de Arte Fundación María José Jove, la Fundación Sorigué y la Fundación María Cristina Masaveu Peterson, entre otras. Así consolida su papel como motor del mercado y de la colección pública de arte contemporáneo. Se podía ver al director del Reina Sofía, Manuel Segade, detenerse ante algunas obras con la mirada —esa mirada— de quien selecciona lo que podría pasar a formar parte del relato de un museo nacional.

Jannis Kounellis, Sin título, 2015. Cortesía
Vistas de la feria. Cortesía