Las postrimerías de 1931, el año de la paz armada

22 Diciembre de 2021
22 Diciembre de 2021
Las postrimerías de 1931, el año de la paz armada
Las postrimerías de 1931, el año de la paz armada

Paraguay, diciembre de 1931. El clima navideño, tradicional en este mes del año, está muy lejos de ser apacible. Cierta intranquilidad se respira en las ciudades y en el campo. Los coletazos políticos y los ajustes de cuentas por los eventos del 23 de octubre continúan procesándose. Se escuchan los ecos, cada vez más cercanos, de pífanos y tambores de tono marcial. Entre los devotos, las esperanzadas preces al Niño Dios se cargan de deseos pacifistas. En el ánimo de las matronas piadosas parece predominar el temeroso espectro de los inocentes del día 28 sobre la ternura del Salvador que llega el 25.

El cierre de aquel año era muy distinto al de los anteriores. Los inevitables balances del momento daban cuenta, en lo colectivo, de una serie de hechos que dejaban muchos signos de duda.

Firma de José Patricio Guggiari. Cortesía
Firma de José Patricio Guggiari. Cortesía

¿Qué había sucedido durante las semanas y meses previos? ¿Cuáles fueron los indicios que inquietaban a los orantes en santuarios públicos y en oratorios privados? ¿Cómo se percibía por parte de la población la aparente inacción del gobierno de José Patricio Guggiari?

Es obvio que la mayoría de estas preguntas no tienen respuesta. Resulta difícil bucear en el alma y en los sentimientos de aquellas personas que terminaban 1931. Pero es posible evocar algunos hechos que fungieron como señales de las tensiones que estaban en aumento con Bolivia. Se trata, en definitiva, de comprender el ánimo y las sensaciones de aquellos hermanos nuestros que, noventa años atrás, estaban viviendo los últimos estertores del año de la paz armada. [1]

Algunos ciudadanos, los más informados y experimentados, sentían que estaban ante la calma que precede a la tempestad. Los rumores de que la guerra parecía inevitable se hicieron cada vez más ostensibles. Era tema de conversación en el seno del hogar, los cafés, los centros de estudio, entre los militares... La tensión era amplificada por la prensa. Aumentaba la inquietud en la opinión pública.

A las tensiones políticas interpartidarias se sumaba una actitud crítica hacia el gobierno de Guggiari por parte de los sectores obreros y estudiantiles organizados. Paros, huelgas, conatos revolucionarios, ilegalización de asociaciones gremiales (Federación de Obreros del Calzado, Liga de Obreros Marítimos, Sindicato de Obreros Albañiles y Anexos, entre otras) y decreto de Estado de Sitio fueron las cuentas que jalonaron la guirnalda de inestabilidad y descontento social.

Manifestación, 23 de octubre 1931. Archivo
Manifestación, 23 de octubre 1931. Archivo

La polarización imperante tuvo su momento de eclosión en los trágicos acontecimientos del 23 de octubre frente al Palacio Nacional (a los que me referí de forma específica en un artículo anterior). [2]

Este clima estaba estimulado, en buena medida, por el hermetismo del gobierno en referencia a las medidas que estaba tomando ante el inminente conflicto. El militante de izquierda Aníbal Codas confiesa que buena parte de la opinión pública creía que las autoridades no hacían “nada para la defensa de la soberanía nacional sobre el Chaco, y resultó después que el presidente y los ministros de Guerra y Marina y Hacienda, firmaban los decretos sin conocimiento ni de los secretarios”. Se estaban encargando “armamentos y hasta aparatos de precisión costosos, para fotografiar fortificaciones desde aviones, en los Países Bajos”. [3]

Cañonera Humaitá, 1931. Archivo
Cañonera Humaitá, 1931. Archivo

Efectivamente, el gobierno se estaba preparando. Las características, eficacia, entidad y calidad de tales aprestos es un tema para discusión de los expertos en historia militar. Lo concreto es que, por ejemplo, el 5 de mayo arribaron al puerto de Asunción las cañoneras “Humaitá” y “Paraguay”, comandadas por José Bozzano y Rufino Martínez respectivamente. El clima marcial envolvió la ciudad. Una estruendosa salva de 21 cañonazos, disparados por las baterías del “Paraguay”, sacudió los cimientos de la “madre de ciudades” y estremeció los corazones alborozados de personas que presenciaron el hecho. Ambas unidades desempeñarían un rol estratégico y logístico fundamental durante el conflicto (especialmente en el traslado de tropas al frente de batalla). El ingeniero José Bozzano había sido encargado en 1927, por el presidente Eligio Ayala, de la adquisición y supervisión de la construcción de las naves en astilleros italianos.

También se estaban preparando los oficiales que tendrían la responsabilidad de comandar las fuerzas militares en el teatro de operaciones. Los futuros héroes de la contienda velaban armas y forjaban su espíritu en los cuarteles y en los centros de formación castrenses. Imposible evocarlos a todos. Basta mencionar para el recuerdo a Sergio Recalde Ammiri -egresado de la Escuela Militar como oficial de la Armada a fines de 1931, que durante la guerra sirvió en la cañonera “Humaitá”- y a Abdón Álvarez Albert -joven piloto aviador que realizaría operaciones de reconocimiento y bombardeo-.

Juan Belaieff. Archivo
Juan Belaieff. Archivo

Los aprestos bélicos no se limitaban a la adquisición de armamentos o a la preparación de tropas. También se tomaron previsiones relacionadas con el conocimiento de las peculiaridades del territorio en disputa. Fueron relevantes las expediciones de reconocimiento encomendadas, a partir de 1924, por el gobierno paraguayo al “ruso blanco” Juan Belaieff. Este militar y geógrafo elaboró sendos informes que resultarían fundamentales, desde el punto de vista cartográfico, para las operaciones bélicas y para definir enclaves estratégicos donde erigir fortines. Uno de sus aportes más trascendentes fue el descubrimiento de la laguna Pitiantuta, el 20 de marzo de 1931, a cuyas orillas se construyó el fortín Carlos Antonio López.

Ignacio Nuñez Soler, emCelda 11,/em 1918. Colección Fundación Huellas de la Cultura Paraguaya (FB de la Fundación)
Ignacio Nuñez Soler, Celda 11, 1918. Colección Fundación Huellas de la Cultura Paraguaya (FB de la Fundación)

Los acontecimientos evocados jalonaron los doce meses de 1931, el año de la paz armada. La vida continuaba. La gran mayoría de la población se preparaba para lo inevitable. Incluso los artistas forjaban su espíritu para lo que vendría. Muchos continuaron creando y presentando su trabajo al público. Diosnel Chase evoca, por ejemplo, que el español Manuel Vilasdeu envió a Buenos Aires a Herminio Giménez y Justo Pucheta, entre otros, a grabar discos de música paraguaya en el “sello Odeón” y en la “casa Víctor” [4]. El pintor Roberto Holden Jara presentó una exposición en Asunción, en “la Casa Argentina”, en la que “predominaron las cabezas, los tipos del país y las figuras aisladas” [5]. El poeta Vicente Ángel Lamas Carísimo obtenía el segundo premio con su composición “Canto a la Asunción” en los “primeros juegos florales” organizados por Municipalidad de la capital. [6]

Diciembre culminaba con la población velando armas. Militares avezados, oficiales jóvenes o en formación, estudiantes que trocarían los libros por el fusil, jóvenes mujeres que sentían arder el patriotismo en sus corazones y que se alistarían como enfermeras para aliviar el dolor de los heridos. Una pléyade de paraguayos dispuestos a defender la soberanía nacional amenazada por Bolivia en el “infierno verde” del Chaco.

 

Notas

[1] Pretendo hacerlo apelando, entre otras fuentes, a algunos testimonios rescatados oportunamente por el destacado historiador Alfredo Seiferheld en Testimonios para la historia del Paraguay en el siglo XX (edición e introducción de Liliana Brezzo y Ricardo Scavone Yegros) (Asunción, Servilibro, 2017, dos tomos) y Recuerdos de la Guerra del Chaco (edición y estudio introductorio de Liliana Brezzo y Ricardo Scavone Yegros), Asunción, Servilibro, 2019.

[2] Tomás Sansón Corbo, “Sangre fraterna empurpurando la tierra paraguaya. Una reflexión sobre los sucesos del 23 de octubre de 1931 a partir de un estudio de Efraím Cardozo”. En El Nacional, Asunción, 23 de octubre de 2021 (https://www.elnacional.com.py/cultura/2021/10/23/23-de-octubre-sangre-fraterna-empurpurando-la-tierra-paraguaya/)

[3] Alfredo Seiferheld, Testimonios para la historia del Paraguay en el siglo XX, t. II, pp. 157-158.

[4] Ibid., t. I, p. 60.

[5] Ibid., p. 94

[6] Ibid., p. 108.

 

* Tomás Sansón Corbo es doctor en Historia por la Universidad de La Plata (Argentina). Es profesor e investigador en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de la República (Uruguay). Dirige el Grupo de Estudios sobre Historia y Cultura de Paraguay.

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