PolíticaSegundo año

Salud en terapia intensiva: la gran deuda del gobierno de Peña

A dos años de gestión de Peña, el sistema sanitario sigue marcado por el desabastecimiento, la falta de planificación y la desatención a pacientes, mientras el oficialismo sostiene a la ministra María Teresa Barán en medio de crecientes cuestionamientos.

16 Agosto de 2025
16 Agosto de 2025
Ministra de Salud, María Teresa Barán.
Ministra de Salud, María Teresa Barán. Foto: MSP.

El senador Ignacio Iramain Chilavert fue categórico al evaluar el área más golpeada del gobierno de Santiago Peña: la salud pública.

"Es el tema en donde peor se ha desarrollado la política gubernamental, porque no es una política de Estado. Usamos apenas 1.300 millones de dólares del presupuesto de 17.000 millones. Eso significa 300 dólares per cápita al año, cuando en la región se invierte 1.500 dólares", denunció.

En contacto con esta redacción, el legislador recordó que más del 70% de la población debería recurrir al sistema público, pero apenas el 40% logra hacerlo. "El resto se muere, llega tarde o directamente no consulta", afirmó.

Para Iramain, la falta de planificación agrava el colapso: "No es comprando más ambulancias o mamógrafos como se va a resolver el problema. Hay que diseñar un sistema unificado de salud. Mientras tanto, las inversiones espasmódicas solo terminan en negociados y hospitales que se caen a pedazos".

Hospitales colapsados y vidas perdidas

El diagnóstico del senador se refleja en la realidad de los hospitales públicos. Las unidades de terapia intensiva funcionan a medias y muchas veces sin insumos básicos. En hospitales de referencia como el Clínicas, el Acosta Ñu o el Nacional, la carencia de medicamentos obliga a los familiares a costear tratamientos que pueden superar el 40% de los gastos.

Las consecuencias son fatales: niños y adultos fallecen a la espera de una cama en terapia o por la imposibilidad de acceder a fármacos vitales. Los reportes médicos coinciden en que cada semana se registran muertes de pacientes oncológicos debido a la falta de medicamentos en stock.

A esto se suma el deterioro edilicio: techos que se desploman en salas de internación, filtraciones constantes y equipamientos fuera de servicio. "Una unidad de terapia puede estar prácticamente desmantelada, con infraestructura pésima y sin capacidad de reposición de medicamentos", describió Iramain.

¿Dónde va el dinero?

El presupuesto del Ministerio de Salud supera los 1.300 millones de dólares anuales. Sin embargo, la ciudadanía no percibe mejoras estructurales. Los cuestionamientos apuntan a gastos en burocracia, licitaciones opacas y compras con sobreprecios que no se traducen en servicios de calidad.

"El Fondo Nacional de Recursos, que tendría que cubrir enfermedades catastróficas, no funciona. Es un modelo copiado del Uruguay, pero copiado mal, sin planificación ni rendición de cuentas. Una familia de clase media con un problema grave de salud termina vendiendo su casa o su auto", cuestionó el legislador.

La ministra Barán, intocable en el cargo

Pese a la crisis sanitaria, Santiago Peña mantiene en el cargo a la ministra María Teresa Barán. Su permanencia genera malestar tanto en pacientes como en legisladores, que exigen cambios de fondo en la conducción del sistema.

Iramain sostiene que el problema es más profundo: "Este gobierno no tiene capacidad de gestión en ninguna área. Lo que se necesita es fortalecer los hospitales de alta complejidad que ya existen, donde está la gente capacitada, y luego construir infraestructuras con transparencia".

Una deuda que cuesta vidas

En dos años de gestión, el gobierno de Peña ha gastado millones en el sector, pero la radiografía sigue siendo la misma: hospitales colapsados, pacientes obligados a costear sus tratamientos y muertes evitables por la ausencia de medicamentos o camas en terapia.

La salud pública sigue en terapia intensiva, mientras la principal pregunta continúa sin respuesta: ¿dónde están los medicamentos y el dinero que debía garantizar el derecho a la vida de los paraguayos?

Radiografía en cifras

Los datos duros exponen la magnitud del problema. Paraguay cuenta con unas 650 camas de terapia intensiva en el sistema público, para una población que supera los siete millones de habitantes. Eso equivale a menos de 10 camas por cada 100.000 personas, muy por debajo del promedio regional que ronda las 20.

Según registros del propio Ministerio de Salud, más de 1.200 pacientes fallecieron entre 2023 y 2024 esperando una cama de terapia intensiva. En el área oncológica, la Asociación de Pacientes reporta que al menos cinco personas mueren cada semana por falta de medicamentos de alto costo que deberían estar garantizados en los hospitales de referencia.

En materia de presupuesto, Salud recibió en 2024 más de 9 billones de guaraníes, unos 1.300 millones de dólares. Sin embargo, informes de ejecución revelan que cerca del 25% se destinó a gastos administrativos, salarios y licitaciones cuestionadas, mientras los hospitales denunciaban la falta de analgésicos básicos, antibióticos y drogas oncológicas.

La brecha en la inversión también es evidente: mientras Paraguay destina alrededor de 300 dólares anuales por habitante a salud, países vecinos como Argentina y Brasil superan los 1.500 dólares, y en países desarrollados la cifra alcanza los 5.000.

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