Si en otras áreas el oficialismo pudo administrar el relato y el timing, en salud el 2025 se encargó de imponer agenda a la fuerza. No por anuncios, sino por crisis concretas: pacientes obligados a comprar insumos, servicios saturados, terapias intensivas convertidas en cuello de botella y episodios trágicos que desnudaron fallas de coordinación y de capacidad real. En el debate público, la sensación fue lineal: el sistema no se recompuso y la conducción política eligió resistir, no corregir.
Terapias intensivas: números que no cierran y una "crisis" que se cobró vidas
Uno de los ejes del 2025 fue la disponibilidad de camas de UTI. La ministra María Teresa Barán defendió su gestión con cifras: habló de 464 camas operativas y admitió, a la vez, un dato demoledor: 40% de las camas existentes no estaban operativas por problemas de mantenimiento de equipos adquiridos en pandemia.
En paralelo, desde el propio sistema aparecieron denuncias sobre limitaciones específicas. En el Hospital Nacional de Itauguá, por ejemplo, se reportó la falta de monitores y respiradores y la caída de la capacidad instalada: el director llegó a señalar que había 30 camas menos de terapia por esa carencia.
El contraste entre "camas en el papel" y "camas realmente utilizables" fue el corazón de la crítica en 2025: el paciente no necesita estadísticas, necesita el equipo funcionando cuando llega a urgencias.
La muerte de un niño y la sospecha de una "mafia de la terapia"
El caso que simbolizó el año ocurrió en febrero: un niño de 8 años falleció durante un traslado en busca de terapia intensiva. La denuncia pública de un médico, con señalamientos sobre decisiones y derivaciones, empujó al Ministerio a abrir auditorías e investigación.
El episodio escaló al punto de instalarse el concepto de "mafia de la terapia" en la conversación pública, alimentado por la idea de un sistema donde la cama crítica termina siendo un recurso disputado y, muchas veces, inaccesible cuando el reloj corre.
En términos políticos, fue un golpe doble: expuso fragilidad operativa y mostró que la respuesta llegó después del desenlace, no antes.
Ambulancias y SEME: operar "con menos de la mitad"
La crisis de traslados también fue noticia por sí misma. A inicios de año se reportó que el SEME operaba con solo 12 ambulancias, menos de la mitad de su flota, con unidades paradas por meses; incluso se señaló que ninguna tenía aire acondicionado.
A esto se sumaron denuncias en el interior por demoras y por presunta politización en la entrega o administración de ambulancias, un síntoma que, más allá del caso puntual, golpea donde más duele: emergencias que no esperan.
Faltantes de medicamentos e insumos: del "gasto de bolsillo" al colapso cotidiano
La falta de medicamentos e insumos fue una constante del 2025 y volvió a instalar el "gasto de bolsillo" como normalidad: pacientes comprando desde antibióticos hasta hilos de sutura. Un informe periodístico registró denuncias por faltantes y el propio dato de referencia sobre el peso de medicamentos en el gasto de los hogares.
En el último tramo del año, médicos y jefaturas hospitalarias denunciaron que los medicamentos "llegan en cuotitas" y que faltan insumos básicos, incluso para pediatría, en centros de referencia.
Incán bajo la lupa: drogas vencidas, provisiones irregulares y cifras de alto impacto
Uno de los mayores escándalos con sustento documental fue el del Instituto Nacional del Cáncer. La Contraloría reportó irregularidades graves y consignó cifras durísimas: medicinas vencidas por G. 5.497 millones al cierre del ejercicio fiscal 2024, además de compras por urgencia vía "Gastos Judiciales" por G. 177 mil millones entre 2022 y 2024, según el informe divulgado en 2025.
Más allá de los tecnicismos, el golpe fue político y moral: oncología es el área donde el tiempo y la continuidad del tratamiento deciden supervivencias.
La "marea blanca": enfermería salió por los pacientes, no por salarios
El termómetro social se vio en las calles. En noviembre, la Asociación Paraguaya de Enfermería anunció y movilizó a miles para denunciar la falta de insumos y medicamentos, y puso el foco en tercerizaciones y uso de recursos. La dirigente Mirna Gallardo fue explícita: priorizaron "la voz de los pacientes" por encima de reclamos sectoriales tradicionales.
Cuando enfermería protesta "por los pacientes" y no por reivindicaciones propias, el mensaje político es claro: el sistema está fallando en lo básico.
El Congreso criticó a la ministra, pero Peña cerró filas
En junio, Barán fue al Congreso y recibió cuestionamientos directos a su gestión.
Esa presión no desapareció: hacia fin de año, legisladores volvieron a ubicar a la ministra entre las figuras señaladas para eventuales cambios en el Gabinete.
Sin embargo, el dato central de tu enfoque se sostiene en la realidad política: pese al desgaste, no se concretó el relevo. El presidente eligió sostener a su ministra, incluso cuando la salud ya estaba instalada como el área más crítica y sensible de su administración.
Por qué fue el área más crítica del Gobierno en 2025
Porque en salud el costo no es abstracto: se mide en demoras, en derivaciones, en tratamientos cortados y en muertes que, cuando explotan mediáticamente, suelen tener un denominador común: faltó una cama, faltó un insumo, falló un traslado, no funcionó un equipo. Y cuando esos episodios se repiten durante el año, el problema deja de ser "caso" y se vuelve sistema.
El 2026 asoma con una expectativa: giro de timón o profundización de la crisis
El cierre de 2025 deja una expectativa instalada: que Peña haga cambios o impulse un giro operativo serio, con trazabilidad de compras, mantenimiento real de equipos críticos, red de UTI con coordinación efectiva y un plan de abastecimiento que corte el círculo del "comprá afuera". Sin ese golpe de timón, el pronóstico político es sencillo, che: la salud va a seguir siendo el talón de Aquiles del Gobierno, porque es el lugar donde la gente siente el Estado —o su ausencia— sin intermediarios.



