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Peña muestra a Paraguay como "potencia media" ante la ONU

El presidente Santiago Peña utilizó la Asamblea de las Naciones Unidas para proyectar a Paraguay como un actor intermedio con capacidad de influir en el escenario global. Combinó esa narrativa con un llamado a la integración económica efectiva, defendió la presencia de Taiwán, respaldó a Israel, denunció autoritarismos regionales y reclamó una reforma profunda del sistema multilateral.

25 Septiembre de 2025
25 Septiembre de 2025
Santiago Peña ante la ONU.
Santiago Peña ante la ONU. Web

Santiago Peña insistió en posicionar a Paraguay como una "potencia media", capaz de trascender su tamaño geográfico para convertirse en un interlocutor relevante en los foros internacionales. El mandatario habló de un país que ya no se concibe como voz periférica, sino como un actor con aspiraciones de protagonismo.

Esta narrativa de potencia media retoma imágenes utilizadas anteriormente, como la del "gigante que resurge", con la que Peña busca instalar que el país cuenta con el potencial para jugar un rol más influyente en la política y economía global. En su discurso, vinculó ese estatus con la necesidad de una integración regional que no se quede en declaraciones, sino que produzca resultados palpables para la gente.

Integración económica con resultados palpables

Peña pidió avanzar hacia una integración regional más profunda, pero advirtió que esa integración solo tendrá sentido si se traduce en beneficios concretos. Reivindicó los logros recientes de su gestión, como un crecimiento económico cercano al 6%, la inflación controlada y los programas sociales que, según dijo, permitieron sacar a más de 118.000 personas de la pobreza en un solo año.

Con este planteo, buscó dar credibilidad a la idea de que Paraguay no solo habla de integración, sino que ya está demostrando capacidad de gestión y resultados que lo legitiman como potencia intermedia. Su mensaje fue que los acuerdos deben convertirse en obras, en más comercio, en infraestructura compartida y en oportunidades para la población.

Reconocimiento internacional de Taiwán

Uno de los puntos más fuertes del discurso fue el respaldo explícito a Taiwán. Peña exigió que se le otorgue un espacio en la ONU, argumentando que una comunidad internacional que excluye a una democracia con la que Paraguay mantiene relaciones históricas carece de coherencia.

La posición refuerza la alianza bilateral en un momento en que China presiona a los países para aislar diplomáticamente a Taipéi. Con esta declaración, el presidente se mantuvo firme en una línea que lo diferencia de gran parte de la región y que también alimenta la idea de un Paraguay con voz propia en la arena internacional.

Defensa de Israel y condena al terrorismo

Otro eje fue su respaldo a Israel en el marco del conflicto en Medio Oriente. Peña subrayó que la lucha contra el terrorismo debe ser una causa común, reafirmando así la decisión de reabrir la embajada paraguaya en Jerusalén y alineando al país con las posiciones más firmes de Occidente.

Con este gesto, buscó mostrar coherencia en materia de seguridad internacional, defendiendo la necesidad de que los Estados se unan contra la amenaza del terrorismo y evitando la ambigüedad diplomática en torno a un conflicto que divide a la comunidad global.

Democracia bajo presión en la región

Peña también denunció la situación en países como Venezuela y Nicaragua, señalando que los autoritarismos y las represiones no pueden normalizarse. Habló de la violencia política como una amenaza creciente en el hemisferio y planteó que la comunidad internacional debe ser firme en la defensa de los derechos humanos y de la libertad.

Este enfoque lo colocó como un líder regional que, más allá de los intereses inmediatos, se siente con autoridad para cuestionar regímenes que afectan la estabilidad y la democracia en América Latina.

Reforma del sistema multilateral

El presidente dedicó parte de su intervención a cuestionar la estructura de la ONU. Propuso eliminar el derecho a veto en el Consejo de Seguridad, al que calificó como un mecanismo obsoleto que paraliza decisiones cruciales. Además, planteó que la elección del próximo secretario general debe considerar criterios de equilibrio geográfico, para evitar que unos pocos concentren siempre los cargos más relevantes.

Con esta posición, buscó inscribir a Paraguay en el debate sobre la reforma de la gobernanza global, reforzando la narrativa de que, aun siendo un país pequeño, puede levantar la voz con propuestas de fondo.

Entre la aspiración y la realidad

El discurso de Peña combinó ambición y pragmatismo. La aspiración de instalar a Paraguay como potencia media convive con los desafíos internos: la dependencia de materias primas, las debilidades institucionales y la necesidad de diversificar la economía. Al mismo tiempo, utilizó la vitrina de la ONU para mostrarse como un líder dispuesto a incomodar, alzando la voz contra la exclusión de Taiwán, defendiendo a Israel y denunciando autoritarismos regionales.

La apuesta es clara: proyectar una imagen internacional fuerte que sirva de paraguas a sus políticas internas y que refuerce su legitimidad ante la ciudadanía. El desafío será transformar esa narrativa de potencia media y de integración con resultados en políticas tangibles y sostenibles que sostengan el relato en el tiempo.

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