Paraguay, un país estancado en el tiempo por la corrupción, según Transparency International
Con un puntaje que lo posiciona nuevamente entre los países más corruptos de América Latina, Paraguay demuestra que los discursos grandilocuentes sobre transparencia no son más que humo. Mientras que el índice se mide de 0 (altamente corrupto) a 100 (muy limpio), el promedio mundial es de apenas 43. Paraguay, como en años anteriores, ni siquiera se acerca a ese ya mediocre promedio global.
Desde 2012, 148 países del mundo se han estancado o incluso retrocedido en la lucha contra la corrupción. Paraguay es uno de ellos. No solo no ha progresado, sino que cada vez se ve más atrapado en un sistema donde las élites políticas y económicas manipulan las instituciones para su propio beneficio. La "justicia" selectiva, los contratos públicos direccionados, los nombramientos clientelares y la captura del Estado por intereses particulares son la norma.
Comparaciones que duelen
Mientras que países como Uruguay y Chile, que también forman parte de América Latina, se mantienen entre los mejores posicionados de la región, demostrando que es posible un camino distinto, Paraguay sigue pareciéndose más a regímenes marcados por la descomposición institucional.
Incluso en regiones de alta conflictividad como Medio Oriente y África del Norte, hay países que están comenzando a mejorar lentamente. En contraste, Paraguay permanece en un limbo de decadencia institucional sin señales claras de regeneración.
Corrupción y crisis climática: un cóctel letal
La corrupción no solo saquea recursos públicos, sino que pone en jaque la posibilidad de enfrentar emergencias globales como el cambio climático. Fondos internacionales destinados a mitigar los efectos del calentamiento global o a proteger comunidades vulnerables terminan desviados por redes corruptas. Paraguay, con un aparato estatal débil y permeado por intereses económicos, es terreno fértil para esta clase de delitos ambientales.
El fracaso colectivo del continente
Transparency International señala con fuerza que América es una de las regiones donde la impunidad, el crimen organizado y la influencia de las élites en la política han ganado terreno. Paraguay es un claro ejemplo de este fenómeno: fiscales que responden a intereses políticos, jueces que no juzgan y una sociedad civil cada vez más debilitada por el miedo y la desesperanza.
¿Y ahora qué?
El informe es claro: el mundo necesita una ofensiva seria y sostenida contra la corrupción. No basta con promesas o proyectos decorativos. Se requiere voluntad política real, independencia judicial, protección a denunciantes, periodismo libre y mecanismos efectivos de control y rendición de cuentas.
En Paraguay, esa transformación parece aún lejana. Mientras tanto, millones de paraguayos seguirán sufriendo las consecuencias de un sistema que se alimenta de sus recursos y los condena a vivir en un Estado donde la ley es solo una herramienta más para los poderosos.
Obstáculo
La corrupción no es solo un problema ético o legal. Es un obstáculo estructural que destruye vidas, perpetúa la pobreza, erosiona la democracia y mata la esperanza. En los últimos meses, Paraguay no está avanzando. Está retrocediendo. Y el tiempo para actuar se está agotando.