Debe irse

El Senado busca cerrar uno de sus capítulos más oscuros

Después de meses de blindajes, escándalos reiterados y un deterioro sostenido de su credibilidad, la salida de Chaqueñito se instala como una medida de supervivencia política: un intento tardío de cortar por lo sano un caso que expuso privilegios, impunidad y los límites de una mayoría que lo sostuvo hasta que el costo se volvió insostenible.
Cámara de Senadores.

Después de una larga cadena de escándalos, blindajes, sanciones parciales y salvatajes políticos, Javier "Chaqueñito" Vera quedó al borde de la salida. El cartismo, que durante meses lo sostuvo incluso en sus episodios más comprometedores, terminó por soltarle la mano cuando el costo político se volvió insoportable. Si este viernes presenta su renuncia, el Senado intentará mostrar un gesto de limpieza institucional. Si no lo hace, sus propios ex aliados anuncian que irán por la pérdida de investidura.

El origen de una banca polémica

La historia de Chaqueñito en la Cámara Alta nació ya marcada por la controversia. Javier Vera asumió en julio de 2023 en reemplazo de Rafael Esquivel, alias Mbururú, quien fue excluido del Senado estando procesado por abuso sexual infantil y luego resultó condenado. Desde ese arranque, la banca que terminó ocupando Vera quedó asociada a una secuencia de degradación política que hoy vuelve a golpear de lleno a la Cámara de Senadores. Poco después de asumir, Vera, electo por Cruzada Nacional, empezó a orbitar en torno al cartismo, hasta convertirse en un aliado funcional para las votaciones clave del bloque oficialista.

Del ingreso accidentado al desgaste permanente

Lejos de consolidarse como una figura parlamentaria, Vera fue acumulando episodios que alimentaron una imagen de improvisación, escándalo y fragilidad institucional. Su paso por el Senado no estuvo marcado por una agenda legislativa propia de peso, sino por conflictos sucesivos que fueron deteriorando aún más la credibilidad de la Cámara. El problema dejó de ser solo la conducta del senador y pasó a ser también la reiterada decisión del cuerpo político de sostenerlo, minimizarlo o directamente protegerlo.

La agresión a una funcionaria indígena y el primer gran blindaje

Uno de los primeros escándalos graves estalló en mayo de 2024, cuando se conocieron audios en los que Vera maltrataba y amenazaba a una funcionaria indígena del Congreso. El caso generó repudio político, reclamos de sanción y hasta una exigencia de disculpas públicas. Sin embargo, cuando llegó la hora de las consecuencias reales, el Senado volvió a protegerlo: la oposición planteó una suspensión sin goce de sueldo y el cartismo una amonestación, pero finalmente ninguna medida prosperó y todo fue al archivo.

El episodio no terminó allí. Días después, la Justicia ratificó una orden de alejamiento contra Vera respecto de la funcionaria, dejando asentado judicialmente que existieron amenazas y actos de intimidación. Aun así, el mensaje político del Senado fue el de la impunidad. La señal fue contundente: incluso después de un caso de maltrato, discriminación y abuso de poder, la mayoría prefirió proteger al legislador antes que fijar un límite institucional.

El escándalo sexual de 2024 y la expulsión de Honor Colorado

La siguiente gran sacudida llegó entre julio y agosto de 2024, cuando se filtró un video sexual atribuido al senador y, paralelamente, se conoció una denuncia por sextorsión. Un expolicía terminó procesado por supuesta extorsión a Vera para no difundir imágenes íntimas. En medio del escándalo, el cartismo decidió expulsarlo de la bancada de Honor Colorado, invocando la defensa de "la familia", "la moral" y "las buenas costumbres". Fue un castigo político, pero no institucional: perdió el cobijo formal del bloque, aunque conservó la banca y volvió a sobrevivir a otro momento que ya hacía insostenible su permanencia.

Ese episodio dejó una marca que todavía hoy pesa. No solo porque instaló la idea de que el senador estaba permanentemente expuesto a materiales comprometedores y denuncias de extorsión, sino porque mostró una doble vara: el cartismo se despegó de él cuando el costo de imagen se hizo alto, pero no impulsó entonces su salida del Congreso. Es decir, se rompió la convivencia política, pero no el pacto de protección legislativa.

Los audios con Yamy Nal y la suspensión de 60 días

En septiembre de 2025, Vera quedó nuevamente en el centro de otro terremoto político con la filtración de audios atribuidos a él y a la entonces senadora Norma Aquino, alias Yamy Nal. En esas conversaciones se hablaba de presuntos negociados, cargos, beneficios vinculados a Itaipú y repartijas relacionadas con una donación de Taiwán. La magnitud del escándalo fue tal que el Senado convocó una sesión extraordinaria para tratar la expulsión de Yamy Nal y la sanción a Vera.

El desenlace volvió a exhibir una vara desigual. Yamy Nal perdió la investidura, mientras Vera fue apenas suspendido por 60 días sin goce de sueldo. La suspensión fue aprobada por unanimidad, con 40 votos, bajo el argumento de que el Senado necesitaba recuperar algo de credibilidad. Sin embargo, aquella salida intermedia no resolvió el problema de fondo: Chaqueñito volvió después a su banca y el desgaste institucional siguió creciendo.

La vivienda del MUVH y el salvataje de la semana pasada

La crisis más reciente antes del escándalo sexual actual fue la adjudicación a Vera de un departamento en el edificio Las Residentas I, en Luque, dentro del programa Viviendas Económicas del MUVH. El caso detonó por una razón política y ética evidente: el programa estaba asociado públicamente a familias con ingresos de hasta G. 20 millones, mientras el legislador percibe más de G. 37 millones mensuales. El ministro Juan Carlos Baruja defendió la legalidad del trámite y argumentó que el tope salarial había sido eliminado en febrero de 2025, antes de la solicitud del senador. Pero la polémica ya estaba instalada: para buena parte de la oposición y hasta para sectores colorados críticos, el caso olía a privilegio y uso político.

Pese a la gravedad del caso, el Senado volvió a blindarlo. El 18 de marzo, la mayoría cartista y sus aliados rechazaron el pedido de pérdida de investidura: hubo 23 votos por el no, 6 a favor de expulsarlo y 6 abstenciones. Fue otro salvataje abierto, explícito y costoso para la imagen del cuerpo. Solo después, cuando la presión pública se multiplicó y el MUVH anunció verificaciones, Vera desistió de la adjudicación del inmueble. Ya no era un gesto de fortaleza, sino de retroceso forzado.

El quiebre final: audios sobre menores y pedido de salida

El punto de ruptura llegó esta semana con la difusión de audios atribuidos a Vera, en los que supuestamente solicita "menores" y "vírgenes" para encuentros sexuales. El senador denunció una supuesta extorsión y aseguró que el material fue generado con inteligencia artificial. Pero la reacción política fue distinta a las veces anteriores. La propia bancada cartista, que apenas días atrás lo había salvado por el caso de la vivienda, resolvió por unanimidad impulsar su salida y elaborar un libelo acusatorio para la pérdida de investidura si no renuncia.

El caso se volvió todavía más explosivo cuando trascendió un informe pericial privado que, según lo difundido, concluye que el material no sería producto de inteligencia artificial sino una voz humana, aunque con edición e interrupciones. La autenticidad plena y el contexto siguen bajo discusión, pero el dato político central es otro: incluso sin una definición judicial, el escándalo ya desbordó al Senado. El Ministerio de la Niñez pidió a la Fiscalía investigar y desde distintos sectores se reclamó una intervención inmediata del Ministerio Público.

Un Senado harto de cargar con su propio lastre

Lo que cambió no fue solamente la gravedad del nuevo episodio, sino la paciencia del bloque que lo sostuvo durante tanto tiempo. Basilio Núñez habló de acumulación de tarjetas. Otros referentes cartistas admitieron que "se llenó el vaso". La sensación que se impone dentro de la Cámara Alta es que seguir discutiendo a Chaqueñito ya no solo implica proteger a un legislador cuestionado, sino condenar al propio Senado a seguir hundiéndose en el descrédito. Después de tantos blindajes, el problema dejó de ser individual y pasó a ser corporativo.

Por eso la salida de Vera aparece hoy no como un acto de convicción ética, sino como una medida de supervivencia política. El Senado intenta desprenderse de un símbolo incómodo de su propia decadencia: un legislador que fue útil para armar mayorías, que fue sostenido cuando convenía, que fue relativizado cuando se pedían sanciones y que recién ahora, cuando el costo ya es insoportable, se convirtió en una carga imposible de seguir defendiendo.

Renuncia o destitución: el final de un ciclo

Hasta la tarde del jueves, lo confirmado públicamente es que Nano Galaverna dijo haber hablado con Vera y que este le prometió presentar su renuncia este viernes 27. También se informó que, de concretarse su salida, Gladys Lucía Mendoza volvería a ocupar la banca de forma permanente. Pero el antecedente inmediato obliga a la cautela: hace apenas un día Vera insinuó que renunciaría y al final solo pidió permiso.

Si esta vez finalmente se va, el Senado cerrará uno de los capítulos más vergonzosos de este periodo legislativo. No borrará el daño ya hecho, ni eliminará la responsabilidad de quienes lo sostuvieron una y otra vez. Pero al menos marcará el final de una secuencia que convirtió a Chaqueñito en el rostro más visible de una Cámara que durante demasiado tiempo prefirió blindar el escándalo antes que defender su propia institucionalidad.