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El IPS se hunde y Brítez responde con medidas que no cambian nada

El titular del IPS, Jorge Brítez, dispuso separaciones administrativas sin destituciones reales, mantuvo en pie la estructura de mando y evitó decisiones de fondo, mientras hospitales colapsados, equipos sin mantenimiento, falta de medicamentos y la muerte evitable de un asegurado exponen una de las crisis más graves de la historia de la previsional.

7 Febrero de 2026
7 Febrero de 2026
Jorge Brítez, titular del IPS.
Jorge Brítez, titular del IPS. Web.

El Instituto de Previsión Social atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia. La muerte de Braulio Vázquez, asegurado que no recibió a tiempo un cateterismo por la falta de operatividad de un equipo clave, terminó de desnudar una crisis que ya venía acumulándose desde hace meses: equipos médicos sin mantenimiento, hospitales colapsados, demoras extremas en la atención, falta de medicamentos y una conducción que responde con medidas administrativas sin impacto real. Pese a la gravedad del escenario, el presidente del IPS, Jorge Brítez, continúa en el cargo sin anunciar decisiones estructurales.

Una crisis instalada antes del fallecimiento

Antes del caso Vázquez, el malestar de los asegurados ya era generalizado. Las denuncias se repetían a diario y apuntaban a problemas estructurales que afectan directamente el acceso a la salud.

Uno de los principales reclamos es la dificultad para conseguir turnos. Asegurados denuncian esperas de varias horas para agendar consultas, demoras prolongadas incluso en servicios básicos y la saturación permanente del Hospital Central, que recibe pacientes derivados de distintas zonas del país ante la falta de respuesta en centros regionales.

A esto se suma la crítica situación de la infraestructura. Salas en mal estado, sanitarios inutilizables, ascensores fuera de servicio, sistemas de climatización deficientes y espacios desbordados forman parte del panorama habitual. Las condiciones edilicias se deterioraron sin que existan respuestas visibles ni planes de intervención de fondo.

Otro eje central de las denuncias es la falta de medicamentos e insumos. En numerosos casos, los asegurados deben comprar por su cuenta fármacos esenciales, pese a cumplir regularmente con sus aportes. Esta situación profundiza la percepción de abandono y quiebra la confianza en el sistema.

Agendamiento y call center, otra barrera

El sistema de agendamiento, lejos de ordenar la atención, se convirtió en un obstáculo adicional. Asegurados reportan largas esperas en el call center, llamadas que no se concretan, cupos que se agotan rápidamente y dificultades para completar trámites básicos, especialmente en el caso de adultos mayores.

En este contexto, la palabra colapso dejó de ser una advertencia y pasó a describir el funcionamiento cotidiano de la previsional.

El caso Braulio Vázquez y el equipo que no funcionó

La muerte de Braulio Vázquez marcó un punto de quiebre. El asegurado aguardaba un procedimiento cardiovascular urgente que no se realizó a tiempo debido a que el angiógrafo, equipo indispensable para el cateterismo, no estaba operativo por problemas de mantenimiento.

El caso concentró en un solo hecho todas las falencias denunciadas: falta de previsión, ausencia de mantenimiento adecuado, inexistencia de planes de contingencia y una estructura incapaz de responder ante una emergencia crítica.

A partir de ese momento, la crisis del IPS dejó de ser una suma de reclamos dispersos y pasó a tener un rostro concreto, con consecuencias irreversibles.

Auditoría y presión institucional

Tras el escándalo, la Superintendencia de Salud dispuso una auditoría integral y urgente en el Hospital Central. El proceso incluye la revisión de la situación de los equipos médicos, los contratos de mantenimiento, los procedimientos internos y la gestión administrativa, con un plazo inicial de 30 días.

La auditoría busca determinar responsabilidades y establecer si existieron omisiones o fallas graves que derivaron en la muerte del asegurado.

Separaciones administrativas sin impacto real

En respuesta al caso, el presidente del IPS, Jorge Brítez, anunció la separación del cargo de dos altos funcionarios del Hospital Central: el director médico, Hugo Martínez, y el director de Recursos Tecnológicos, José Giménez. Ambos fueron apartados de manera administrativa mientras avanzan las investigaciones.

También se designaron autoridades interinas para cubrir esos cargos. Sin embargo, la medida fue ampliamente cuestionada por los asegurados, ya que no se trató de destituciones formales ni de sanciones concretas. El apartamiento fue interpretado como una acción temporal, sin señales claras de responsabilidad política ni administrativa, y sin un cambio visible en el funcionamiento del sistema.

Renuncias y cargos a disposición en el Consejo

La crisis también impactó en el Consejo de Administración del IPS. El consejero Carlos Pereira puso su cargo a disposición en medio de la presión social y del aumento de los cuestionamientos a la conducción institucional.

Posteriormente, José Emilio Argaña Contreras también presentó su renuncia al cargo de consejero. Ambas decisiones se dieron en un contexto de fuerte desgaste institucional y creciente desconfianza pública.

Estas salidas dejaron al descubierto una conducción debilitada, con miembros del Consejo que se apartan mientras el presidente del IPS permanece en el cargo, concentrando las críticas y el reclamo de responsabilidades.

Asegurados exigen renuncias y cambios de fondo

En paralelo, los asegurados intensificaron las protestas y asambleas frente al Hospital Central. El reclamo es claro: renuncias, sanciones y una reestructuración profunda del sistema. Denuncian que la falta de medicamentos, los equipos fuera de servicio y la saturación hospitalaria convierten al IPS en un riesgo para la vida de los propios aportantes.

El reclamo no se limita a una reacción emocional. Surge de experiencias reiteradas de desatención, demoras y fallas que afectan directamente la salud de miles de personas.

Una conducción cuestionada y decisiones insuficientes

Lo ocurrido en las últimas semanas deja una imagen clara: medidas reactivas, decisiones parciales y ausencia de un plan integral para revertir la crisis. La auditoría está en marcha y se produjeron separaciones y renuncias, pero no se anunciaron reformas estructurales ni cambios profundos en la gestión.

Los asegurados no reclaman comunicados ni gestos simbólicos. Reclaman garantías, mantenimiento adecuado de equipos críticos, abastecimiento regular de medicamentos, acceso real a turnos y condiciones dignas de atención.

Mientras el presidente del IPS continúa en el cargo y el malestar crece, la pregunta sigue abierta y sin respuesta: quién asume la responsabilidad política y administrativa de una crisis que ya dejó una víctima y que mantiene en riesgo a miles de asegurados.

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