Confirman que Peña pudo viajar al Vaticano y luego atender agenda en EE. UU.
El presidente de la República, Santiago Peña, dio a conocer oficialmente la delegación que lo acompaña en su viaje de once días por Estados Unidos, una gira que incluye visitas a Nueva York y Los Ángeles. En medio de esta agenda, la polémica no tardó en instalarse: quedó en evidencia que el mandatario pudo haber viajado primero a Roma para asistir al funeral del papa Francisco, como lo hicieron cerca de 50 jefes de Estado y líderes mundiales, y luego continuar con sus actividades en territorio estadounidense.
Entre los miembros de la comitiva presidencial figura Raúl Latorre, titular de la Cámara de Diputados y dirigente del cartismo, quien fue designado personalmente por Peña para representar a Paraguay en las exequias del Pontífice. Según el Decreto N.º 3816, también integran la delegación la primera dama Leticia Ocampos, el canciller Rubén Ramírez Lezcano, el ministro de Industria y Comercio Francisco Javier Giménez y el jefe de seguridad presidencial, teniente coronel Óscar Armando Sostoa Martínez.
La decisión de enviar a un representante en su lugar, en vez de acudir personalmente al último adiós de Francisco —figura histórica con profundos vínculos con Paraguay—, generó un inmediato rechazo en diversos sectores. El hecho de que el presidente haya priorizado mantener compromisos en Estados Unidos, cuya agenda es considerada de menor trascendencia en comparación con la magnitud del evento en el Vaticano, provocó duras críticas de referentes políticos, sociales y religiosos.
El arzobispo emérito de Asunción, monseñor Edmundo Valenzuela, expresó públicamente su deseo de que Peña recapacite y acuda al funeral, llamando a la comunidad católica a rezar por esa intención. Sin embargo, Peña ratificó su plan de viaje y prefirió no modificar su cronograma.
El funeral del papa Francisco, quien durante su papado despertó afecto y admiración incluso entre no creyentes, se convirtió en un evento de alcance global, donde se congregaron no solo mandatarios y reyes, sino también millones de fieles. En contraste, la ausencia del presidente paraguayo en un acto de tal envergadura deja un vacío diplomático difícil de justificar y refuerza la percepción de un desacierto político que podría tener un alto costo para su imagen.
